jueves, 21 de julio de 2016

Chagal, El Paseo

Marc Chagall, La promenade (El paseo) 1917/18, 
Óleo sobre lienzo, 169,6 cm/163,4 cm
Museo del Hermitage, San Petesburgo, Rusia.



Aparte de que el cuadro captura y al mismo tiempo libera para el espectador un bello poema plástico de celebración gozosa del amor, la propuesta pictórica, su composición y representación fueron muy vanguardistas e innovadoras en la época en que se pintó: la mujer –quien en realidad era su esposa Vera- volando como cometa asida de la mano izquierda de su sonriente pareja, vestido de negro, mientras que con la mano derecha agarra a un ave que apenas se descubre; de pie al centro del cuadro (el propio Chagal como personaje también), hombre y mujer unidos en simétrico y geométrico equilibrio que parece celebrar el amor que se profesan, a grado tal que ella se ha vuelto etérea; a su alrededor discurre un paisaje abstracto, grupos de casas en descomposición cubista han sido pintadas en distintos tonos de verde que hacen las veces de claroscuros, luces y sombras; abajo a la derecha del enamorado se extiende un mantel para el aperitivo campestre, pintado a la usanza antigua realista-figurativa casi retrato del original, con tal verismo que se puede sentir la textura de la lana, al tiempo que confiere un rojo vivo y florido en contraste con los demás colores excepto el vestido de la mujer, reposan encima la botella de vino y la copa. Me hace gracia el terreno irregular en el que está parado el hombre. A la izquierda sobresalen ramas de delgados tallos con hojas azules y verdes que recortan el cielo. La encantadora arquitectura cubista del caserío a uno y otro costado de lo que semeja un río sin agua, así como la iglesia que se difumina en tonos de rosa, son claros indicativos de su innovadora propuesta. La resolución del cielo es estupenda también. Una pequeña silueta negra de un caballo se percibe apenas encima de la colina, al fondo en tercer plano. Realismo transfigurado. Sin duda estamos frente a una obra maestra.

miércoles, 22 de junio de 2016

Prendimiento y muerte de Santiago Vidaurri

Prendimiento y muerte de Santiago Vidaurri.

Luego de la rendición y toma de la ciudad de México por las fuerzas republicanas al mando del
Santiago Vidaurri
general Porfirio Díaz el 21 de junio de 1867, relata Carlos Tello Díaz que la ciudad quedó para cualquier fin gobernada por el propio Díaz hasta que llegara el gobierno legítimo presidido por don Bentio Juárez. Una de las primeras disposiciones fue ordenar la presentación de todos los militares y funcionarios que ocuparon cargos de importan
cia con Maximiliano. Tenían para ello un plazo de veinticuatro horas; pasado ese plazo, quienes ignoraran la presentación serían castigados con la pena de muerte. 


Transcurridos varios días sin novedad, fue conocida la aprehensión de Santiago Vidaurri, el caudillo de Coahuila y Nuevo León, quien permanecía escondido en una casa de un norteamericano quien luego de extorsionarlo decidió delatarlo. Vidaurri tuvo siempre una relación conflictiva y rebelde con Juárez, con quien rompió al principio de la Intervención. Ello contribuyó a su adhesión al Imperio. En los meses del ocaso fue jefe de gabinete de Maximiliano, en su calidad de ministro de Hacienda. Vidaurri temía por su vida, dada su relación con Juárez, por lo que no acató la orden de presentación hecha por Díaz. 


El día de su aprehensión, luego de ser identificado en el ayuntamiento, fue conducido en un coche de sitio a la plazuela de Santo Domingo. Y ahí, frente a los muros que ven al oriente, a las cuatro de la tarde en punto, fue fusilado por la espalda, con lujo de crueldad. Había una banda de música que ejecutaba valses, danzas, polkas y "Los Cangrejos". mientras llegaba el ajusticiado, como relataba el boletín del Ejército de Oriente. 


Luego Díaz afirmó en sus memorias: "Lo mandé pasar por las armas inmediatamente, sin más diligencia judicial que la identificación de su persona". "Tanto porque había incurrido en las penas establecidas por las leyes vigentes y por mis circulares que acababa de expedir, cuanto por la parte principal que había tomado en la prolongación de la guerra, sosteniendo la causa imperialista, y para que su ejecución sirviera de ejemplo a los que no habían cumplido con mis órdenes."

martes, 26 de abril de 2016

Pensamiento reaccionario y revolucionario


Pensamiento Reaccionario y Revolucionario
-Revisión crítica y una alternativa-
Por: Federico Zertuche


En su breve y lúcida obra Ensayo sobre el pensamiento reaccionario —A propósito de
Joseph de Maistre—,1 el rumano EM Cioran, célebre por sus aforismos y paradojas así como por su punzante y revelador cinismo filosófico, hace una disección minuciosa de la obra y vida del pensador reaccionario del siglo XVIII —famoso por su ardiente censura y condena de la Revolución francesa y de sus apologistas— con el fin de desentrañar y mostrar la estructura, origen y resortes íntimos que articulan y mueven al pensamiento reaccionario en general.

El análisis de Cioran del pensamiento reaccionario, al que desnuda y pone en evidencia con argumentos graves y  sólidos, le sirve también para desarmar al pensamiento revolucionario que, en el fondo, peca de semejantes flaquezas que aquél, como veremos más adelante.

En  efecto,  la  falacia  que  sostiene  el  pensamiento reaccionario y, desde luego, el conservador, pues el   reaccionario —nos dice Cioran— no es más que un conservador que se ha quitado la máscara, consiste en suponer como verdad originaria y fundadora la existencia primigenia —anterior a la historia— de un orden y un equilibrio sociales similar al paraíso bíblico, reglado y tutelado por Dios, por la Divina Providencia,  que  está  siempre  atenta  a  todo  y  a  todos, que premia a quien "libremente" se somete a sus designios y castiga a quien transgrede el orden establecido.

La Caída es la gran respuesta del desorden y decadencia posteriores de la sociedad humana luego de la transgresión    que destruyó esa utopía al revés llamada paraíso original que nunca debimos haber perdido.

El pensamiento reaccionario busca reconstruir el paraíso perdido; tiene la vista puesta en un
pasado idílico ordenado y equilibrado por la Providencia Divina, al que hay que regresar retrotrayendo las cosas (instituciones y derecho) y las personas al estado original. Para que ello sea posible, primero hay que atacar cualquier cambio que acelere y profundice    la Caída pues nos aleja más del estado ideal buscado. Por ello, es enemigo acérrimo de todo devenir histórico que implique cambios o revoluciones.

Después habrá que constituir un orden lo más parecido posible al ideal. Para ello se han elaborado distintos modelos o bien se ha intentado su realización desde la Civitas Dei, el Sacro Imperio Romanogermánico o la simple dominación política de la Iglesia católica que en distintas épocas y lugares ha buscado establecerse.

La concepción providencialista de carácter cristiano no es más que la traslación (mutatis mutandi) de la vieja teoría platónica según la cual "todo desarrollo tiene su punto de partida en un original, la Forma o Idea perfecta, de modo tal que el objeto en desarrollo debe perder su perfección en la medida en que cambia y en que decrece su similitud con el original[...] Uno de los puntos principales de la teoría platónica es el de que debe considerarse que las Formas, Esencias u Originales (o Padres) existen con anterioridad a los objetos sensibles y con independencia de los mismos, puesto que   éstos cada vez se alejan más de aquéllos".2

Por su parte el pensamiento revolucionario propone como remedio de los males que padece la humanidad la realización de un estado ideal proyectado al futuro: la utopía en la que el hombre se verá liberado de ataduras, prejuicios e injusticias  a los que el orden actual lo tiene sometido.

Contrariamente al reaccionario, el revolucionario es amante del cambio radical. El devenir histórico, como proceso constante de liberación, debe ser precipitado. La revolución es la ocasión más propicia para acelerar los cambios radicalmente y lograr el anhelado fin: la realización de la utopía.

Sin embargo, las diferencias entre ambos pensamientos sólo radican en la forma, son aparentes, pues en el fondo las   dos concepciones participan de características idílicas: ambas son atraídas por una suerte de paraíso, ya sea en el pasado o en el futuro, pero lo que prevalece es esa ansiedad por la realización de un estado ideal, vieja añoranza platónica, mito fundador o redentor capaz de mover montañas, idilio salvador de nuestras miserias y padecimientos, escape imaginativo, salvación efímera que sólo tiene lugar en nuestras mentes. De tal manera que la idea revolucionaria participa de igual inspiración platónica que la reaccionaria al percibir un Estado ideal que deberá ser una copia fiel de la divina Forma o   Idea del Estado.

La añeja idea platónica es transmitida al pensamiento occidental a través de Aristóteles vía
el tomismo de la Edad Media (cristianizada), primeramente, y después por Hegel con su concepción del Estado ideal, legada posteriormente a Marx quien la amplió con su teoría del materialismo y dialéctica históricos. Todas ellas conllevan el prejuicio historicista según el cual la historia tiene un "sentido ocultoque hay que descifrar y descubrir, llámese Providencia, dialéctica o determinismo.

Y tales concepciones ideales son falsas, puesto que por un lado el paraíso perdido es imposible recuperarlo, primero porque nunca ha existido sino como mito, leyenda o idealmente, y en el supuesto hipotético de haber sido real tampoco podría recuperarse pues tanto el contexto como los sujetos (continente y contenido) originales no podrían repetirse. Por tanto, la propuesta, medios y fines del pensamiento reaccionario son vanos e ilusorios, de imposible realización.

En cuanto al pensamiento revolucionario, por definición cae en contradicción y crisis de fundamentos en el momento mismo de triunfar la revolución. Una vez convertido en poder, cesa todo movimiento revolucionario para transformarse   en poder constituido, establecido, excluyente de cualquier otro por la naturaleza misma de su origen. Al hacerlo, se torna en poder reaccionario cuyo principal objetivo será el de conservarse como tal, es decir, preservar el poder conquistado.

Luego de la toma del poder por parte de los revolucionarios y una vez que han eliminado por las armas y la represión todo signo de oposición, cuando ya han consolidado el nuevo régimen cesa la revolución, ya no tiene sentido. Las tareas por emprender estarán encaminadas, en todo caso, a laconstrucción y puesta en marcha de una nueva institucionalidad legal, política, económica, judicial, administrativa y de las fuerzas armadas que constituirán al nuevo régimen, la  estructura de un nuevo Estado, que por más que le llamen revolucionario ya no lo es, sino otro orden establecido, tenga el perfil ideológico que sea.

Nada más que por lo general, y así lo ha consignado la experiencia histórica, los regímenes surgidos de revoluciones armadas tienden a establecer dictaduras o sistemas autoritarios con el pretexto de garantizar el cumplimiento de las promesas revolucionarias y fincan su legitimidad en el triunfo logrado con el apoyo de "las masas".

Al convertirse en dictaduras o autoritarismos, pervierten los propios fines e ideales propuestos por el movimiento revolucionario, traicionan a buena parte de sus seguidores que veían en la lucha contra el opresor depuesto una  oportunidad de liberación y no la entrada a otra forma de opresión quizá con mayor rigor y dificultad de librarse, ya que  se han suprimido partidos de oposición y otras formas de disidencia consideradas como contrarrevolucionarias.

Por su parte, al triunfar políticamente el pensamiento reaccionario también entrará en crisis de fundamentos al no poder cumplir sus objetivos ideales, tornándose precisamente en un poder reaccionario ante cualquier signo de oposición, de cambio o de disidencia que tachará de enemigos y sin duda reprimirá con todo rigor. Su objetivo primordial será también el de conservar el poder a toda costa.

Pero, entonces, ¿es que como sociedad política no tendremos acaso salvación?, ¿estaremos condenados entre dos flancos aparentemente contradictorios, pero ambos amenazantes? ¿Será que sólo tenemos dos sopas para comer?, pues tenemos entendido que sólo hay derechas e izquierdas y ahí se agota el esquema ideológico, puesto que eso del "centro"es más bien una invención que solamente tiene sentido si se refiere a izquierda y derecha sin cuya existencia no habría centro, son su referente. El centro, en todo caso, es una ilusión, un punto imaginario al que se acercan o del que se alejan izquierdas y derechas.

Aún más, ¿es posible todavía seguir definiendo al universo político e ideológico desde la dicotomía categórica "izquierda-derecha"? ¿Acaso no se ha colapsado el comunismo real, no han sido contestados todos y cada uno de los dogmas marxistas, no se cayó el Muro de Berlín, dónde ha quedado la bipolaridad de la guerra fría, no fueron derrotados fascismo y nazismo?

Todavía más; la díada izquierda-derecha es unidimensional, una línea imaginaria en la que podemos transitar solamente a dos puntos de la misma, hacia la izquierda o a la derecha; ni siquiera es bidimensional con un hacia abajo   o arriba, y menos aún tridimensional con un hacia el fondo o adelante. Dicha unidimensionalidad es estrecha, pobre y extremadamente limitada para el complejo y plural universo político actual.

Al morir por extenuación filosófica primero y por colapso ideológico, económico, político y moral después, el comunismo dejó sola a su contraparte: al desaparecer la tensión dialéctica por falta de una de sus partes, ya sea la tesis  o la antítesis, lo mismo da, desaparece la dialéctica misma y de pasada su síntesis, si es que queremos ponernos muy dialécticos con materialismo y todo.

Bromas aparte, tiene razón Francis Fukuyama al poner de relieve el fin de la historia tal y como la veníamos viviendo o padeciendo durante casi la mitad del siglo que corre; esto es, la pugna ideológica, política y militar tal como se planteó  y libró durante la guerra fría entre izquierdas y derechas representadas, respectivamente, por la Unión Soviética y los Estados Unidos de América.

Ésa ha sido la historia que llegó a su fin para consuelo de la gran mayoría de los mortales que, repito, sólo la padecíamos, pues la actuaban sólo unos cuantos.

Ahora, surgen "problemas nuevos sin que existan ideas o voluntades proyectadas a encauzarlos hacia posibles soluciones: el deterioro ecológico, el reto de la convivencia pluriétnica, los grandes flujos  migratorios  a  escala mundial, la explosión demográfica, la extensión de las áreas de pobreza mundial, los micronacionalismos agresivos, etcétera".3 Que evidentemente no pueden ser explicados a través de la dicotomía izquierda-derecha.

Y es entrados en este punto cuando aparece la alternativa que supera esa dicotomía maniquea reacción-revolución, izquierda-derecha, que ha atrapado a la humanidad y sus sociedades durante largo tiempo y a tan altos costos.

Conciencia histórica e irrupción democrática

En una pequeña pero deslumbrante joya titulada Persona y democracia —La historia
sacrificial—,4 María Zambrano nos regala las claves para desfacer tamaño entuerto en que se ha metido la humanidad y del que por fortuna ya hemos iniciado el aprendizaje para salir bien librados sin necesidad de recurrir a aquellas viejas trampas maniqueas.

"El tener lo que se ha nombrado 'conciencia históricaes la característica del hombre de
nuestros días. El hombre  ha sido siempre un ser histórico. Mas hasta ahora, la historia la hacían solamente unos cuantos, y los demás sólo la padecían. Ahora, por diversas causas, la historia la hacemos entre todos; la sufrimos todos también y todos hemos venido a ser sus protagonistas", nos dice Zambrano, de quien en adelante tomaré todas las citas.

El hombre, afirma María Zambrano, puede estar en la historia de dos maneras: activa o pasivamente. La primera forma sólo se realiza plenamente "cuando se acepta la responsabilidad o cuando se la vive moralmente". De manera pasiva casi todos los hombres a lo largo de la historia "han sido traídos y llevados y aun arrastrados por fuerzas extrañas a las cuales se ha llamado, a veces, 'Destino', a veces 'dioses' —lo cual no roza siquiera la cuestión de la existencia de Dios—, ser movido sin saber por qué, sin saber por quién, el ser movido fuera de sí mismo".

A las grandes multitudes les ha "sido inasequible el único consuelo: decidir, actuar responsablemente o, al menos, asistir con cierto grado de conciencia al proceso que los devoraba. De esta pesadilla que dura desde la noche de los tiempos, se ha querido sacudir rebelándose. Mas rebelarse, tanto en la vida personal como en la histórica, puede ser aniquilarse, hundirse en forma irremediable, para que la historia vuelva a recomenzar en un punto  más  bajo  aún  de aquel en que se produjo la rebelión".

Esto me recuerda a la Rusia transformada en Unión Soviética por una revolución, para retornar otra vez a la Rusia de ahora que, una vez desmembrado su imperio, se debate ferozmente entre atraso y modernidad; dictadura y autoritarismo o democracia; barbarie o civilización; entre las añoranzas de un pasado totalitario y un presente  incierto, confuso y caótico que no acierta a construir un orden democrático estable, legal, justo y próspero.

"El único modo de que tal hundimiento no se produzca es hacer extensiva la conciencia histórica, a la par que se   abre cauce a una sociedad digna de esta conciencia y de la persona humana de donde brota. Es decir, traspasar un dintel jamás traspasado en la vida colectiva, en disponerse de verdad a crear una sociedad humana y que la historia no se comporte como una antigua Deidad que exige inagotable sacrificio." "Por medio de la conciencia histórica se podrá ir logrando más lentamente lo que la esperanza pide y lo que la  necesidad reclama."

En estos últimos párrafos encontraremos los mexicanos, además de una grave advertencia sobre el peligro de nuestro propio hundimiento como nación y sociedad, los perfiles fundamentales para superar, sin más traumas, rebeliones o revoluciones suicidas, los serios y profundos problemas que nos aquejan.

Nos muestra María Zambrano una dirección, una guía alentadora, realista, serena y esperanzadora. Qué de cierto que  la nuestra es una sociedad de larga y penosa tradición sacrificial; qué de cierto que nuestra historia más que vivirla activamente la hemos padecido continuamente; qué de cierto que la gran mayoría de los mexicanos hemos vivido en la inconciencia histórica, pues la historia ha sido botín de unos cuantos que la manejan y presentan a su antojo, confundiendo y ocultando su verdadero sentido.

El atraso político que aún vivimos no es más que reflejo de ese desapego (condicionado o no) de lo que hemos  llamado conciencia histórica.

Como ha quedado dicho, tener conciencia histórica implica asumir responsabilidades y la moral que conlleva. Ello, a  su vez, supone el ejercicio de derechos y obligaciones, así como el juicio valorativo que trae consigo todo acto social. De esta manera asumimos el acontecer histórico como un acaecer consciente, activo, participativo y civilizado, no como una fuerza ciega ni como destino inexorable.

Tratar de hacer extensiva a toda la sociedad lo que hemos llamado "conciencia histórica",  no  es  más  que  ayudar  y estimular un proceso civilizatorio que ya está en marcha en casi todas las sociedades, pueblos y naciones en mayor o en menor medida.

Se trata, más bien, de reconocer ese fenómeno de nuestro tiempo, ubicar sus coordenadas, desentrañar su trasfondo eminentemente humano y propiciar su realización plena mediante el ejemplo, la enseñanza, la solidaridad, en acciones   de gobierno y políticas de Estado que implementen gobernantes que estén a la altura del estadista, con la ayuda de medios de comunicación responsables y con miras altas, con iglesias, maestros y escuelas, intelectuales y artistas, empresarios, sindicatos y trabajadores, en fin, con el estímulo concertado de toda la sociedad en favor de la sociedad misma.

Pero ¿no es mucho pedir?, inquirirá el escéptico razonable. Seguramente, pues se trata de una suerte de cruzada civilizatoria que convoca a toda la sociedad. Winston Churchill, a la sazón primer ministro, convocó a los ingleses, en la hora más crucial y aciaga que han enfrentado en el siglo que corre, a asumir un gran reto para defender a su patria de la inminente derrota, ofreciendo a cambio sangre, sudor y lágrimas. Ahora ya sabemos cómo respondió ese gran pueblo.

Las personas y pueblos tienen esa capacidad para reaccionar en forma creativa y enérgica, precisamente en los momentos y condiciones más difíciles, movidos por una especie de instinto de sobrevivencia que empuja a salir adelante aun en las circunstancias más adversas. "Es el instante de la perplejidad que antecede a la conciencia y la obliga a nacer. Y el de la confusión. Ya que nada azora tanto como encontrarse consigo mismo."  Advierte María Zambrano.

En lugar, pues, de buscar el inalcanzable estado ideal en un pasado idílico o en la utopía de un futuro también idílico, con el fin de romper con esa repetición cada vez más intolerable que constituye la ya larga y cansada etapa de la "historia sacrificial" en que nos encontramos entrampados, los mexicanos debemos asumir nuestra responsabilidad y madurez históricas, atrevernos a dar ese salto civilizatorio.

Y aquí viene a cuento nuestro impostergable compromiso con la democracia que, aunque tarde, ya despunta en nues- tro horizonte como nación civilizada a que aspiramos. No la democracia percibida y proyectada como panacea, como solución mágica, aunque a decir verdad las panaceas se logran cuando hay voluntad, coraje, determinación, trabajo y res- ponsabilidad de mujeres y hombres unidos para lograr objetivos realistas, viables y nobles.

La democracia como instrumento, como valiosa herramienta política y social. Ya que democracia sin participación extensiva a toda la sociedad, sin Estado de derecho, sin voluntad política de gobernantes, líderes, dirigentes y ciudadanos en toda la escala social y política, quedaría en meras intenciones, en fórmulas vacuas desprovistas de la energía humana que, esa sí, mueve montañas.

La democracia permite al hombre en sociedad apropiarse de la historia, ser sujeto activo, darle dirección y sentido, asumirla responsable y creativamente.

1 EM Cioran, Ensayo sobre el pensamiento reaccionario —A propósito de Joseph de Maistre—, Editorial Tercer Mundo, Bogotá, 1991. 2 Karl R. Popper, La sociedad abierta y sus enemigos, Ediciones Paidós Ibérica, Barcelona, 1994.
Ugo Pipitone, "Izquierda y derecha", Claves de la razón práctica, núm. 71, abril de 1997, Madrid.

María Zambrano, Persona y democracia —La historia sacrificial—, Editorial Anthropos, Barcelona, 1988.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Los Caprichos de Goya

Los Caprichos de Goya
Por: Federico Zertuche 


                                        
Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828) es considerado uno de los más grandes pintores de todos los tiempos, su obra abarca la pintura de caballete y mural, tapices, grabados y dibujo. En estas facetas desarrolló un estilo que inaugura el Romanticismo. Debido al peculiar e innovador empleo de sus técnicas y temática, se le considera iniciador de la pintura contemporánea y precursor de las vanguardias plásticas del siglo XX.

Sus lienzos más famosos y espectaculares son los realizados
Los fusilamientos del 3 de mayo de 1808.
Óleo sobre tela, Museo del Prado, Madrid. 
al óleo: retratos reales (La familia de Carlos IV) o señoriales (los duques de Alba), cuadros decorativos para palacios, con temas religiosos, épicos y míticos, paisajes y escenas costumbristas (La gallina ciega, Los zancos), sus famosas Maja desnuda y Maja vestida, las obras comprendidas en las llamadas Pinturas negras (fantasías, brujería, locura y crueldad), las dedicadas a la guerra de independencia contra la invasión e imposición francesa, en particular sus célebres lienzos El dos de mayo de 1808 y El tres de mayo de 1808, por citar algunos de los más conocidos y célebres.

Genio, como sin duda lo fue en la pintura, Goya era un hombre ilustrado, atento de los acontecimientos que le tocó vivir en su patria y allende sus fronteras, se relacionó con los más distinguidos intelectuales, escritores y artistas de su entorno, los “ilustrados” del llamado siglo de las Luces (XVIII), al tiempo que dos acontecimientos le marcaron profundamente, uno de carácter personal: una grave enfermedad que lo postra largo tiempo, deja sordo y con achaques, a partir de la cual cambia su talante y temática pictórica, así como la guerra contra la Francia de Napoleón que invadió militarmente e impuso a su hermano en el trono de España.

Junto a la obra arriba indicada, destacan por su originalidad,
De la serie La Tauromaquia.
destreza, innovación, enorme imaginación creadora crítica y satírica sus grabados, en particular las series tituladas Los Caprichos, Los Desastres de la Guerra, Los Disparates y La Tauromaquia.


La serie de Los Caprichos comprende 80 grabados en los que empleó una técnica mixta de aguafuerte, aguatinta y retoques de punta seca, para representar un largo elenco de personajes en situaciones peculiares y característicos a fin de satirizar a la sociedad española de su época (finales del siglo XVIII), sobre todo a la nobleza y al clero.

En esa tesitura y temple intelectual, Goya  era consciente y crítico de los defectos de su sociedad, sobre los que reflexiona y refleja en Los Caprichos. Contrario al fanatismo religioso, a las supersticiones, a la Inquisición, a algunas órdenes religiosas, aspiraba a leyes más justas y a un nuevo sistema educativo. Todo ello lo criticó humorísticamente y sin piedad en esas láminas.

De esa serie de 80, en la primera mitad presentó los grabados más realistas y satíricos criticando desde la razón el comportamiento de sus congéneres. En la segunda parte abandonó la racionalidad y representó grabados fantásticos donde mediante la utilización del absurdo mostró visiones delirantes de seres extraños y deformes.

Con Los Caprichos produce una magisterial obra, comparada por su aguda crítica y enseñanza como la hecha por Cervantes en su universal "Don Quijote de la Mancha", en un momento de su vida en que aún no había llegado a la cúspide de su fama. Estas estampas lo llevan a consagrarse como el gran maestro del grabado con significado social, pues en cada rostro, en cada escena, hay un mensaje de crítica, de censura o de emoción humana que solamente un genio podría expresar.

Goya desarrolla una temática de gran originalidad en la que
la crítica social se expresa en escenas de galanteo, asnerías y brujerías. Llamó a sus estampas "asuntos caprichosos que se prestaban a presentar las cosas en ridículo, fustigar prejuicios, imposturas e hipocresías consagradas por el tiempo". Las primeras 36 se refieren al amor y la prostitución, junto a temas variados como la mala educación de los hijos, el matrimonio por conveniencia, la crueldad materna, la avaricia, la glotonería de los frailes, el contrabando, etc. Del 37 al 42 inclusive son caprichos sobre asnos. A partir del 43 abundan brujas, duendes, frailes y diablos.

Los Caprichos fueron el símbolo de "lo goyesco" y transmitieron una nueva manera de afrontar la realidad, presentándola más próxima y expresiva, con un lenguaje más fresco, del que se harían eco los artistas del siglo XIX.

Los Caprichos han influenciado a varias generaciones de artistas de movimientos tan dispares como el Romanticismo francés, el Impresionismo, el Expresionismo alemán o el Surrealismo. Malraux consideraba a Goya uno de los precursores del arte moderno, mencionando las innovaciones y rupturas de Los Caprichos.

Nota: En seguida se insertan algunas reproducciones de Los Caprichos con explicaciones de cada una de ellas por instituciones y críticos especializados.

Capricho 1: Edith Helman, en su ya clásico libro Trasmundo de Goya, señala que en este grabado Goya se autorretrató con el ojo avizor bajo los párpados caídos y boca firme de expresión áspera y displicente. Reflejaba el autor de las estampas con actitud de espectador desconfiado y censor, de aguda inteligencia e indomable voluntad, tal como se veía o como quería que le vieran. Dice que es la representación del personaje importante que era, pintor del Rey y de las personas más ilustres. Sin embargo Helman lo compara con otros autorretratos donde muestra otros perfiles de su personalidad. En concreto lo compara con el dibujo preparatorio del Capricho 43, El sueño de la razón produce monstruos, que en principio Goya tenía previsto que fuera la portada de estos grabados. Allí se retrató el pintor en otro estado de ánimo, abstraído, medio dormido y rodeado de sus obsesiones.





Capricho 5: Explicación de esta estampa del manuscrito del Museo del Prado: Muchas veces se ha dispuesto si los hombres son peores que las mujeres, ó lo contrario. Los vicios de unos y otros vienen de la mala educación. Donde quiera que los hombres sean perversos, las mujeres lo serán también. Tan buena cabeza tiene la señorita que se representa en la estampa como el pisaverde que la está dando conversación: y en cuanto a las viejas, tan infame es la una como la otra. Manuscrito de Ayala: Maria Luisa y Godoy.[] Manuscrito de la Biblioteca Nacional: La Reina y Godoy cuando era Guardia, y los burlaban las lavanderas. Representa una cita que han proporcionado dos alcahuetas, y de que se están riendo, haciendo que rezan el rosario.



Capricho 6: Explicación de esta estampa del manuscrito del Museo del Prado: El mundo es una máscara, el rostro, el traje y la voz todo es fingido; todos quieren aparentar lo que no son, todos se engañan y nadie se conoce. Manuscrito de Ayala: El mundo es una máscara; el rostro, el traje y la voz todo es fingido. Un General afeminado obsequia a madama delante de otros cornudos. Manuscrito de la Biblioteca Nacional: Un General afeminado o disfrazado de Muger en una fiesta, se lo está pidiendo a una buena moza; él se deja conocer por los bordados de la manga; los maridos están detrás, y en vez de sombreros, se figuran con tremendos cuernos como un unicornio. Al que se tapa bien, le sale derecho; al que no, torcido. A finales del siglo XVIII existía en Madrid una fiebre por los bailes de máscaras. Los nobles de las grandes casas celebraban con ellos sus conmemoraciones. Goya pudo contemplarlos, por ejemplo, en la Casa de Alba, donde se celebraban con gran suntuosidad. Las caretas las hacían los escultores más afamados, como las 32 que diseñó Pedro Michel para una fiesta de este palacio.



Capricho 12: Explicación de esta estampa del manuscrito del Museo del Prado: Los dientes de ahorcados son eficacísimos para los hechizos; sin este ingrediente no se hace cosa de provecho. Lástima es que el vulgo crea tales desatinos. Manuscrito de Ayala: Los dientes del ahorcado son eficacísimos para hechizos. ¡De qué es capaz una mujer enamorada! Manuscrito de la Biblioteca Nacional: Por salirse con la suya, sobre todo si está enamorada, es capaz de arrancar los dientes a un ahorcado. En este grabado se representa una superstición que prevalecía todavía entre el pueblo: una joven está arrancando un diente al cadáver de un ahorcado, el cual piensa emplear para realizar hechizos. En esa dirección van los comentarios de los manuscritos del Prado y de Ayala. Se inspira en el Acto VII de la Tragicomedia de Calixto y Melibea, en la que la Celestina dice de la madre del personaje Pármeno: «Siete dientes quitó a un ahorcado con unas tenacitas de pelar cejas, mientras yo le descalcé los zapatos». Esta escena fue citada y anotada por Moratín en la edición anotada del Auto de fe sobre brujería que la Inquisición celebrado en Logroño en 1610 y del cual parece que se sirvió Goya para dibujos y grabados.



Capricho 24: Explicación de esta estampa del manuscrito del Museo del Prado: A esta Santa Señora la persiguen de muerte! después de escribirla la vida la sacan en triunfo. Todo se lo merece, y si lo hacen por afrentarla, es tiempo perdido. Nadie puede avergonzar a quien no tiene vergüenza. Manuscrito de Ayala: Encorazada: era pobre y fea. ¿Cómo había de haber remedio?



Capricho 30: Explicación de esta estampa del manuscrito del Museo del Prado: La respuesta es fácil. Porque no los quiere gastar, y si no los gasta, porque tiene los 80 cumplidos y no puede vivir un mes todavía teme que le ha de sobrar la vida y faltarle el dinero. Tan equivocados son los cálculos de la avaricia. Manuscrito de Ayala: Obispo avaro. En vano esconde en sus talegas rodeándose de sobrinos y otros sacristanes. Manuscrito de la Biblioteca Nacional: Un clérigo avaro y muy respetable, esconde sus talegas; pero ya se las buscan sus sobrinos y otros sacristanes.


Capricho 33: Explicación de esta estampa del manuscrito del Museo del Prado: En todas las ciencias hay charlatanes, que sin haber estudiado palabra lo saben todo y para todo hallan remedio. No hay que fiarse de lo que anuncian. El verdadero sabio desconfía siempre del acierto: promete poco y cumple mucho; pero el Conde Palatino, no cumplen nada de lo que promete. Manuscrito de Ayala: Los charlatanes y sacamuelas venden bien sus drogas fingiéndose Condes y Marqueses. Manuscrito de la Biblioteca Nacional: Todos los charlatanes y sacamuelas quieren pasar por Condes y Marqueses extranjeros arruinados para vender bien sus drogas.



Capricho 43: Explicación de esta estampa del manuscrito del Museo del Prado: La fantasía abandonada de la razón produce monstruos imposibles: unida con ella es madre de las artes y origen de las maravillas. Manuscrito de Ayala: La fantasía abandonada de la razón produce monstruos, y unida con ella es madre de las artes. []Manuscrito de la Biblioteca Nacional: Portada para esta obra: cuando los hombres no oyen el grito de la razón, todo se vuelve visiones.



Capricho 55: Explicación de esta estampa del manuscrito del Museo del Prado: Hace muy bien en ponerse guapa: son sus días; cumple 75 años y vendrán las amigas a verla. Manuscrito de Ayala: La Duquesa vieja de Osuna. (y lo mismo que el Ms.P.) Manuscrito de la Biblioteca Nacional: Las mujeres locas lo serán hasta la muerte. Esta es cierta Duquesa ( la de Osuna) que se llena la cabeza de moños y carambas, y por mal que le caigan no faltan quitones de los que vienen a atrapar las criadas, que aseguran a Su Excelencia que está divina.



Capricho 61: Explicación de esta estampa del manuscrito del Museo del Prado: El grupo de brujas que sirve de peana a la petimetra, más que necesidad, es adorno. Hay cabezas tan llenas de gas inflamable, que no necesitan para volar ni globo, ni brujas. Manuscrito de Ayala: La Duquesa de Alba. Tres toreros la levantan de cascos. Manuscrito de la Biblioteca Nacional: Tres toreros levantan de cascos a la Duquesa de Alba, que pierde al fin la chaveta por su veleidad.



Capricho 69: Explicación de esta estampa del manuscrito del Museo del Prado: Gran pesca de chiquillos hubo, sin duda, la noche anterior; el banquete que se prepara será suntuoso; buen provecho. Manuscrito de Ayala: Los niños son objeto de mil obscenidades para los viejos y relajados. []Manuscrito de la Biblioteca Nacional: Los hombres estragados hacen mil diabluras con los niños.



Capricho 77: Explicación de esta estampa del manuscrito del Museo del Prado: Así va el mundo, unos a otros se burlan y torean: el que hacía de toro, hoy hace de caballero en plaza. La fortuna dirige la fiesta y distribuye los papeles, según la inconstancia de sus caprichos. Manuscrito de Ayala: Aún siendo los hombres unos carcamales, se torean los unos a los otros. Manuscrito de la Biblioteca Nacional: Todavía se torean unos a otros los viejos carcamales. (Voltaire y Piron.).




Capricho 79: Explicación de esta estampa del manuscrito del Museo del Prado: ¿Y qué importa que los curas bajen a la bodega y echen cuatro tragos, si han trabajado toda la noche, y queda la espetera como una ascua de oro? Manuscrito de Ayala: Los abates y frailes echan gaudeamus a solas y luego nos aparentan arregladas costumbres. Manuscrito de la Biblioteca Nacional: Los curas y frailes echan valientes tragos cuando nadie los ve; pero el mundo bien lo sabe. El vaso del abate es de buena marca para indicar el desorden que hay en el clero.