domingo, 16 de enero de 2011

Virreinato de Nueva España


Nueva España: etapa olvidada de nuestra historia
Por: Federico Zertuche


En su deslumbrante obra Sor Juana Inés de la Cruz o las Trampas de la Fe, al referirse a la Nueva España, Octavio Paz señala que “Aunque los mexicanos estamos preocupados –mejor dicho: obsesionados- por nuestro pasado, no tenemos una idea clara de lo que hemos sido. Y lo que es más grave: no queremos tenerla. Vivimos entre el mito y la negación, deificamos ciertos períodos, olvidamos otros. Esos olvidos son significativos; hay una censura histórica como hay una censura psíquica”.

Y añade Paz: “hay dos versiones populares de la historia de México y en las dos la imagen de Nueva España aparece deformada y disminuida. Naturalmente, esa deformación no es sino la proyección de nuestras deformaciones.”

Efectivamente, la primera de esas versiones se reduce a la representación esquemática de que México nació con la ciudad-estado de los aztecas, México-Tenochtitlán, cuya independencia se perdió cuando “nos invadieron los españoles” (así solemos decir, como si hubiésemos estado ahí y del lado mexica) en el siglo XVI, hasta que la recobramos en1821. Visto así, Nueva España sería un paréntesis histórico, una zona gris en la que apenas ocurrió algo, un período en el que la nación estuvo cautiva por un poder extranjero, ajeno a nosotros.

La otra versión alude a que las raíces de México están en el mundo prehispánico; considera a la etapa novohispana como período de gestación de la nacionalidad; es a partir de la Independencia cuando se logra la consolidación y madurez nacional. Dice Paz que esta versión es más sensata, pero “que ve nuestra historia como una ininterrumpida evolución progresiva; al subrayar con exceso la continuidad del proceso histórico, hace caso omiso de las rupturas y las diferencias.”

La mayor ruptura se dio, desde luego, a partir de la caída de México-Tenochtitlán; al colapsarse el poder político, militar y religioso indígena quedaron en auténtico estado de orfandad millones de individuos y sus comunidades autóctonas; toda su cosmovisión se vino abajo, y sobre esas ruinas –materiales y espirituales- se edificó Nueva España.

No hay pues, una continuidad ininterrumpida, una evolución lineal y progresiva en el proceso histórico de lo que luego sería México, sino que está marcado por rupturas y notorias diferencias en su accidentada conformación. La otra ruptura se da en el tránsito de Nueva España al México independiente, al fracturarse completamente el proyecto criollo novohispano, opuesto a la modernidad.



No obstante, esta segunda ruptura no fue tan abrupta como la primera. Los principales líderes y caudillos de la Independencia fueron criollos, monárquicos y católicos, producto de la cultura de Nueva España, que de pronto se vieron sin rey, ante una metrópoli invadida por las tropas de Napoleón quien impuso a su hermano como monarca de España.



Hernán Cortés
Entre Nueva España y México independiente hay más afinidades que entre ambos y las sociedades prehispánicas. En todos los órdenes: en la naturaleza, estructura y organización social, en su lengua y religión, en su cultura y cosmovisión, en su organización política y económica, en sus gustos, usos y costumbres etc., etc. El tipo de relación entre aquellas sociedades con las indígenas es muy similar y parecida a la ocurrida en el pasado que actualmente.



Nueva España y México, con las reservas del caso, son sociedades que participan de valores y principios occidentales, mientras que las indígenas no. La cultura de las primeras tiene un sustrato greco latino y judeocristiano, del que adolecen las indígenas. Así es que contrario al discurso de la historia oficial, hay más similitudes y afinidades entre México y Nueva España, que con las sociedades prehispánicas.



Catedral de Oaxaca
Si adicionalmente, reparamos en el hecho de que Nueva España duró poco más de 300 años, que la nación mexicana consumó su Independencia en 1821, entonces México tiene apenas 190 años como tal. Mientras que la ciudad-estado Tenochtitlán fundada alrededor de 1321 se colapsó en 1521, es decir duró 200 años. Habrá, pues, que considerar con mayor atención aquélla importante etapa de nuestra historia tan olvidada, ignorada y menospreciada. México no es lo que es actualmente sin la concurrencia de Nueva España.



Afortunadamente, de un tiempo a acá una pléyade de historiadores e intelectuales mexicanos han reparado en esa asignatura pendiente y puesto manos a la obra a fin de recuperar con rigor histórico, sin mediar prejuicios ideológicos, de revalorar, reinterpretar, y poner en su justa dimensión los principales hechos ocurridos entonces, a sus protagonistas, las realizaciones de toda índole y recrear, validos de las técnicas, métodos y análisis historiográficos contemporáneos la vida económica, social, religiosa, cultural y política ocurrida en aquel vasto territorio y a sus habitantes: nuestros antepasados.



Interior de la Catedral de México
Más que una colonia, como comúnmente se designa, Nueva España fue un reino con derechos y deberes semejantes a los demás que integraban el Imperio español. Por tal motivo, cuando Napoleón destronó a Fernando VII, se adujo razonadamente que el pueblo había recobrado su soberanía, ya que el Virreinato debía fidelidad no a España sino a la corona, al monarca español.



En tal sentido, Nueva España fue un régimen patrimonial: pertenecía al monarca, su gobierno estaba concebido como una extensión de la casa real, y se ejercía mediante la dominación de unos pocos, por lo general españoles peninsulares nombrados por el rey. Por ello, la polémica que iba a primar durante toda su etapa, entre españoles (peyorativamente designados gachupines) y criollos, fue una consecuencia natural de tal patrimonialismo. Los criollos se sentían excluidos de las posiciones clave del poder. Como sabemos, la sociedad novohispana estaba rígida y jerárquicamente estratificada en cuya cúspide primaban los españoles, luego los criollos, más abajo los indios y finalmente los castas, es decir, las distintas variantes de mezclas raciales: entre indios y blancos, indios y negros, mulatos con indios, negros con blancos, mestizos con negros, etc.



Castas. Mestizo
Los españoles peninsulares, que ocupaban los principales cargos públicos y eclesiásticos constituían una minoría absoluta, luego los criollos (hijos de españoles nacidos en Nueva España), no se sentían españoles ni indios, aunque sí se identificaban con España y eran fieles vasallos del rey; más abajo los indios, conquistados, discriminados y explotados por aquellos; y finalmente, los castas, es decir, las distintas variantes de mestizos, despreciados por blancos e indios, se sentían completamente fuera de lugar: una anomalía. El mestizo arquetípicamente representado por el hijo de la chingada, aquel producto de la violación de la madre indígena por el padre español.



La composición de la sociedad, tal como la calculó Alexander von Humboldt a principios del siglo XIX es una buena referencia para la etapa que nos ocupa:



Indígenas: 2’500,000



Blancos: Criollos 1’025,000 Europeos 70,000



Negros: 6,100



Castas: 1’231,000
_________
TOTAL: 4’832,100 Habitantes



Virrey don Pedro Moya Contreras
Aunque los virreyes eran también gobernadores y capitanes generales y presidían la Real Audiencia, estaban, sin embargo, limitados en sus atribuciones y jurisdicciones. Duraban poco tiempo en su encargo, no podían llevar a sus hijos, hijas, yernos y nueras a Nueva España, de tal suerte que quedaban como rehenes en la metrópoli. Asimismo estaban sujetos a la institución de los visitadores, cuyos rigurosos procedimientos de inspección eran severos. También se les practicaba el juicio de residencia al término de su mandato que era investigado durante seis meses. En la Real Audiencia, por otra parte, no tenía poder absoluto, sino limitado, pues podía reunirse sin su presencia para tratar de asuntos relacionados con el virrey o con su familia.



Dice Octavio Paz que “la imagen de Nueva España como reino dependiente, patrimonialista, pluralista y acentuadamente mercantilista, en cuyas estructuras económicas convivían el latifundio y el ejido, las corporaciones y los gérmenes capitalistas, es a todas luces insuficiente, La corte, centro y cúspide de la sociedad, hace inteligible esta imagen y le da sentido. La corte no sólo tuvo una influencia decisiva en la vida política y administrativa sino que fue el modelo de la vida social.”



“Teatro de actividades sociales y culturales no menos que de intrigas y decisiones políticas, la corte virreinal fue un centro de irradiación moral, literaria y estética; al influir en las actitudes y maneras de la gente, modificó profundamente la vida social y los destinos individuales. Ejemplo de cortesía, costumbres y moda, la corte rigió las maneras de amar y comer, de velar a los muertos y cortejar a las vivas, de celebrar los natalicios y llorar las ausencias”.



Sor Juana Inés de la Cruz
Es en la corte donde transcurre la vida y surge la obra de la más notable e inteligente escritora (incluyendo escritores) de Nueva España: sor Juana Inés de la Cruz.



El otro poder omnipresente en Nueva España es la Iglesia, encarnado por los obispos y arzobispos que en ocasiones fungieron también como virreyes, por las órdenes mendicantes, al principio franciscanos, dominicos, agustinos y seglares y luego jesuitas que con el tiempo dominaron la escena principalmente en los siglos XVII y XVIII hasta su expulsión de todos los dominios de la corona española en 1767 por decreto de Carlos III.



En todo caso, la obra de la Iglesia y sus sacerdotes en Nueva España fue monumental en todos los ordenes. Primero la evangelización masiva de los indios y su incorporación a la civilización emergente, al cuidado de las ordenes mendicantes, a través de conventos, templos, misiones y parroquias que edificaron a lo largo y ancho del enorme territorio conforme lo iban colonizando y ampliando, llegando hasta Texas, Nuevo México, la Baja y la Alta California, Guatemala y Honduras, y así hasta las Filipinas.
Alrededor de las parroquias y misiones, con sus santos patrones o vírgenes votivas, giraba la vida comunitaria, en donde se levantaron escuelas y talleres de artes y oficios, hospitales y enfermerías, haciendas agrícolas, ganaderas y pecuarias, donde se practicaba la apicultura, la viticultura, panadería, tortillerías, elaboración de prendas de vestir, de instrumentos agrícolas o musicales y muchas labores más.



Antiguo Colegio de San Ildefonso
La Universidad, los colegios y seminarios estaban también a cargo de la Iglesia y sus órdenes, hasta que en los siglos XVII y XVIII tomara la batuta la Compañía de Jesús, principal promotora, por un lado del culto guadalupano, y por el otro del barroco como parte de sus políticas en Nueva España. Para entonces, su expansión era casi mundial llegando hasta China, Japón y las Filipinas; tenía grandes propiedades y poder financiero, contaba con su propia flota marítima y hasta escuelas de navegación, amén de universidades y colegios.
Por cierto, una de las más importantes creaciones de Nueva España, quizá la mayor, fue el culto a la virgen de Guadalupe, obra sincrética que absorbe a la diosa azteca Tonantzin y la Guadalupe de Extremadura; ideación de criollos ilustrados como Sigüenza y Góngora, el padre Miguel Sánchez, Alba Ixtlixóchitl, Servando Teresa de Mier, Clavijero, entre otros muchos, impulsada con el fin de exaltar la identidad novohispana y lograr una emancipación espiritual frente a España, cuya culminación ha sido el paradigma y símbolo integrador de la nación mexicana tanto para criollos, indios y mestizos. Tan ha sido así, que el padre de la Paria usó como estandarte del movimiento de Independencia la imagen guadalupana.



Nueva España tuvo un notable auge económico durante los antedichos siglos gracias sobre todo a las ricas explotaciones mineras de plata y oro, como también a la estabilidad vivida que permitió que florecieran las haciendas, el comercio y demás negocios. Tal bonanza se vio reflejada en los suntuosos palacios, iglesias, conventos, edificios y grandes obras civiles y militares así como en mansiones de ciudades bien trazadas y urbanizadas como México, “la ciudad de los palacios”, o Puebla de los Ángeles que entonces era más grande y rica que Lima, Quito o Bogotá.



Plaza Manuel Tolsá
En las artes, ciencias e historia y teología (considerada entonces la madre de las ciencias), destacaron notables figuras encabezadas por sor Juana Inés de la Cruz, fray Bernardino de Sahagún, Juan Ruiz de Alarcón, el sabio don Carlos de Sigüenza y Góngora, el historiador Francisco Javier Clavijero, don Fernando de Alba Ixtlixóchitl, el poeta Bernardo de Balbuena, el músico Manuel de Sumaya, los pintores y escultores Manuel Tolsá y Miguel Cabrera, y un sin número más de insignes letrados y artistas que legaron una monumental obra.



La Audiencia de Manila que dependía de Nueva España, y su comercio ultramarino se administró desde México. La Nao de China o de Filipinas, surcaba desde Acapulco y retornaba a este puerto luego de su travesía por el Pacífico hasta Manila, cargada de ricas mercancías y pasajeros entre ambos extremos geográficos.



Por el otro litoral, multitud de barcos partían de Veracruz, casi siempre en convoyes para defenderse de piratas ingleses y corsarios franceses, haciendo escala en La Habana y cruzando el Atlántico hasta Cádiz y viceversa, cargados de mercancías, plata y pasajeros.



El virreinato de Nueva España, fundado oficialmente el 17 de abril de 1535, cuya capital fue la ciudad de México comprendía las siguientes jurisdicciones:



Virrey don Luis de Velasco
I.- Audiencia de Santo Domingo. (Actual República Dominicana).
Capital: Ciudad de Santo Domingo.



1) Gobierno y Capitanía General de la Isla Española.
Capital: Ciudad de Santo Domingo.
2) Gobierno y Capitanía General de Cuba.
Capital: Santiago de Cuba hasta 1607.
San Cristóbal de la Habana desde 1607.
3) Gobierno de Puerto Rico.
Capital: San Juan de Puerto Rico.
4) Gobierno de Florida.
Capital: San Agustín de la Florida.



II.- Audiencia de México.
Capital: Ciudad de México.



1) Gobierno y Capitanía General de Nueva España.
Capital: Ciudad de México.
2) Gobierno y Capitanía General de Yucatán.
Capital: Mérida.



III. Audiencia de los Confines o Guatemala.
Capital: Gracias a Dios, desde 1543.
Santiago de los Caballeros de Guatemala, desde 1550.



1) Gobierno y Capitanía General de Guatemala.
Capital: Santiago de los Caballeros.
2) Gobierno de Honduras.
Capital: Valladolid de Comayagua.
3) Gobierno de Nicaragua.
Capital: León de Nicaragua.
4) Gobierno de Costa Rica.
Capital: Cartago.
5) Gobierno de Soconusco.
Capital: Huehuetlan.



IV.- Audiencia de Guadalajara.
Capital: Guadalajara.



1) Gobierno y Capitanía General de Nueva Galicia.
Capital: Guadalajara.
2) Gobierno y Capitanía General de Nueva Vizcaya.
Capital: Guadiana o Durango.
3) Gobierno y Capitanía General del Nuevo Reino de León.
Capital: Monterrey.
4) Gobierno de Nuevo México.
Capital: Santa Fe.
5) Gobierno de Coahuila.
Capital: Santiago de Monclova.



V.- Audiencia de Manila.
Capital: Manila.



1) Gobierno y Capitanía General de las Islas Filipinas.
Capital: Manila.


Relación cronológica de los Virreyes de Nueva España 1535-1821



1º Antonio de Mendoza y Pacheco


Virrey don Antonio de Mendoza
Marqués de Mondéjar, conde de Tendilla y Virrey del Perú.

14 de noviembre de 1535 a 25 de noviembre de 1550.


2º Luis de Velasco y Ruiz de Alarcón


Virrey de Navarra y conde de Santiago.


25 de noviembre de 1550 a 31 de julio de 1564.


Nombrados por Felipe II de España (Casa de Austria)


3º Gastón de Peralta, Marqués de Falces, conde de Santisteban de Lerín y gobernador de Navarra. 19 de octubre de 1566 a 14 de abril de 1568.


4º Martín Enríquez de Almansa, Virrey del Perú. 5 de noviembre de 1568 a 4 de octubre de 1580.


5º Lorenzo Suárez de Mendoza, 4º Conde de Coruña. 4 de octubre de 1580 a 19 de junio de 1583.


6º Pedro Moya de Contreras, Arzobispo de México, Inquisidor y visitador de Nueva España,y presidente del Consejo de Indias. 25 de septiembre de 1584 a 17 de noviembre de 1585.


7º Álvaro Manrique de Zúñiga, 1º Marqués de Villamanrique. 8 de noviembre de 1585 a 25 de enero de 1590.


8º Luis de Velasco y Castilla (primera vez), Marqués de Salinas del Río Pisuerga y Virrey del Perú. 25 de enero de 1590 a 5 de noviembre de 1595


9º Gaspar de Zúñiga y Acevedo, 5º Conde de Monterrey y Virrey del Perú. 5 de noviembre de 1595 a 26 de octubre de 1603.


Nombrados por Felipe III de España (Casa de Austria)


10º Juan de Mendoza y Luna, 3º Marqués de Montesclaros y Virrey del Perú. 26 de octubre de 1603 a 2 de julio de 1607.


11º Luis de Velasco y Castilla (segunda vez), Marqués de Salinas del Río Pisuerga y Virrey del Perú. 2 de julio de 1607 a 17 de junio de 1611.


12º Fray García Guerra, Arzobispo de México. 17 de junio de 1611 a 22 de febrero de 1612.


13º Diego Fernández de Córdoba, 1º Marqués de Guadalcázar. 18 de octubre de 1612 a 14 de marzo de 1621.


Carlos IV (El Caballito) de Manuel Tolsá
Nombrados por Felipe IV de España (Casa de Austria)


14º Diego Carrillo de Mendoza y Pimentel, Marqués de Gelves y conde de Priego. 8 de abril de 1622 a 15 de enero de 1624.


15º Rodrigo Pacheco y Osorio, 3º Marqués de Cerralbo. 3 de noviembre de 1624 a 16 de septiembre de 1635.


16º Lope Díez de Aux de Armendáriz, 1º Marqués de Cadreyta. 16 de septiembre de 1635 a28 de agosto de 1640.


17º Diego López de Pacheco, Duque de Escalona, marqués de Villena, conde de Xiquena y Grande de España. 28 de agosto de 1640 a 9 de junio de 1642.


18º Juan de Palafox y Mendoza, Obispo de la Puebla de los Ángeles y de Osma, visitador de Nueva España. 10 de junio de 1642 a 23 de noviembre de 1642.


19º García Sarmiento de Sotomayor, 2º Conde de Salvatierra y Virrey del Perú. 23 de noviembre de 1642 a 13 de mayo de 1648.


20º Marcos de Torres y Rueda, Obispo de Yucatán (con título de gobernador de Nueva España). 13 de mayo de 1648 a 22 de abril de 1649.


21º Luis Enríquez de Guzmán, 9º Conde de Alba de Liste y marqués de Villaflor.


28 de junio de 1650 a 15 de agosto de 1653.


22º Francisco Fernández de la Cueva y Enríquez de Cabrera,


8º Duque de Alburquerque, 6º marqués de Cuéllar, 8º conde de Ledesma y de Huelma, Grande de España y Virrey de Sicilia . 15 de agosto de 1653 a 16 de septiembre de 1660.


23º Juan Francisco de Leyva y de la Cerda, Marqués de Leyva y de La Adrada conde de Baños. 16 de septiembre de 1660 a 29 de junio de 1664.


24º Diego Osorio de Escobar y Llamas, Obispo de la Puebla de los Ángeles. 29 de junio de 1664 a 15 de octubre de 1664.


25º Antonio de Toledo y Salazar, Marqués de Mancera. 15 de octubre de 1664 a 20 de noviembre de 1673.


Nombrados por Carlos II de España (Casa de Austria)


26º Pedro Nuño Colón de Portugal y Castro, Duque de Veragua, marqués de Jamaica y Grande de España. 20 de noviembre de 1673 a 13 de diciembre de 1673.


27º Payo Enríquez de Ribera, Obispo de Guatemala y Arzobispo de México. 13 de diciembre de 1673 a 7 de noviembre de 1680.


28º Tomás Antonio de la Cerda y Aragón, Conde de Paredes y marqués de la Laguna de Camero Viejo. 7 de noviembre de 1680 a 16 de junio de 1686.


29º Melchor Portocarrero Lasso de la Vega, 3º Conde de Monclova y 17º Virrey del Perú. 16 de noviembre de 1686 a 20 de noviembre de 1688.


30º Gaspar de la Cerda Sandoval Silva y Mendoza, Conde de Galve. 20 de noviembre de 1688 a 27 de febrero de 1696.


31º Juan de Ortega y Montañés (primera vez), Arzobispo de México y de Michoacán.


27 de febrero de 1696 a 18 de diciembre de 1696.


32º José Sarmiento y Valladares, Conde de Moctezuma y de Tula de Allende. 18 de diciembre de 1696 a 4 de noviembre de 1701.


Nombrados por Felipe V de España (Casa de Borbón)


33º Juan de Ortega y Montañés (segunda vez) Arzobispo de México y de Michoacán. 4 de noviembre de 1701 a 27 de noviembre de 1702.


34º Francisco Fernández de la Cueva y de la Cueva, 10º Duque de Alburquerque, 8º marqués de Cuéllar y 4º de Cadreyta,10º conde de Ledesma y de Huelma y 6º de la Torre, Grande de España. 27 de noviembre de 1702 a 13 de noviembre de 1710.


35º Fernando de Alencastre Noroña y Silva, Duque de Linares, marqués de Valdefuentes y Virrey de Nápoles y de Cerdeña. 13 de noviembre de 1710 a 16 de julio de 1716.


36º Baltasar de Zúñiga y Guzmán, Duque de Béjar y de Arión, marqués de Valero.


6 de julio de 1716 a 15 de octubre de 1722.


37º Juan de Acuña, Marqués de Casafuerte. 15 de octubre de 1722 a 17 de marzo de 1734.


38º Juan Antonio Vizarrón y Eguiarreta, Arzobispo de México. 17 de marzo de 1734 a 17 de agosto de 1740.


39º Pedro de Castro Figueroa y Salazar, Duque de la Conquista. 17 de agosto de 1740 a 23 de agosto de 1741.


40º Pedro de Cebrián y Agustín, Conde de Fuenclara. 3 de noviembre de 1742 a 9 de julio de 1746.


Palacio de los Azulejos
Nombrados por Fernando VI de España (Casa de Borbón)


41º Juan Francisco de Güemes y Horcasitas, Conde de Revillagigedo y capitán general de Cuba. 9 de julio de 1746 a 9 de noviembre de 1755.


42º Agustín de Ahumada y Villalón,Marqués de las Amarillas. 10 de noviembre de 1755 a 5 de febrero de 1760.


Nombrados por Carlos III de España (Casa de Borbón)


43º Francisco Cagigal de la Vega, Conde de Revillagigedo. 28 de abril de 1760 a5 de octubre de 1760.


44º Joaquín de Montserrat, Marqués de Cruillas. 5 de octubre de 1760 a 24 de agosto de 1766.


45º Carlos Francisco de Croix, Marqués de Croix. 24 de agosto de 1766 a 22 de septiembre de 1771.


46º Antonio María de Bucareli y Ursúa, 22 de septiembre de 1771 a 9 de abril de 1779.


47º Martín de Mayorga, 23 de agosto de 1779 a 28 de abril de 1783.


48º Matías de Gálvez y Gallardo, 28 de abril de 1783 a 20 de octubre de 1784.


49º Bernardo de Gálvez y Madrid, Gobernador de Luisiana. 17 de junio de 1785 a 30 de noviembre de 1786.


50º Alonso Núñez de Haro y Peralta, Arzobispo de México. 8 de mayo de 1787 de 1789 a 16 de agosto de 1787.


51º Manuel Antonio Flores Maldonado, Virrey de Nueva Granada. 16 de agosto de 1787 a 16 de octubre de 1789.


Plaza Mayor de la ciudad de México 1793
Nombrados por Carlos IV de España (Casa de Borbón)


52º Juan Vicente de Güemes Pacheco y Padilla. 2º Condado de Revillagigedo. 16 de octubre de 1789 a 11 de julio de 1794.


53º Miguel de la Grúa Talamanca, 1º Marqués de Branciforte y Grande de España. 11 de julio de 1794 a 31 de mayo de 1798.


54º Miguel José de Azanza, Duque de Santa Fe. 31 de mayo de 1798 a 29 de abril de 1800.


55º Félix Berenguer de Marquina, 29 de abril de 1800 a 4 de enero de 1803.


56º José de Iturrigaray Aréstegui, 4 de enero de 1803 a 15 de septiembre de 1808.
Nombrados por Fernando VII de España (Casa de Borbón)


57º Pedro de Garibay, 16 de septiembre de 1808 a 19 de julio de 1809.


58º Francisco Javier de Lizana y Beaumont, Obispo de Teruel y Arzobispo de México


19 de julio de 1809 a 8 de mayo de 1810.


59º Francisco Javier Venegas y Saavedra, 1º Marqués de Reunión de Nueva España


14 de septiembre de 1810 a 4 de marzo de 1813.


60º Félix María Calleja y del Rey, 1º Conde de Calderón 4 de marzo de 1813 a 20 de septiembre de 1816.


61º Juan José Ruiz de Apodaca y Eliza, 1º Conde de Venadito, 20 de septiembre de 1816 a 5 de julio de 1821.


62º Pedro Francisco Novella y Azabal, 5 de julio de 1821 a 24 de septiembre de 1821.


63º Juan O'Donojú y O'Ryan, 24 de septiembre de 1821 a 27 de septiembre de 1821.


Obras consultadas:


El Virreinato, José Ignacio Rubio Mañé, cuatro tomos, Fondo de Cultura Económica, México 1983.


Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, Octavio Paz, Fondo de Cultura Económica, México 1985.


Quetzalcóatl y Guadalupe, La formación de la conciencia nacional de México, Jaques Lafaye, Fondo de Cultura Económica, México 1977.


México, El trauma de su historia, Edmundo O’Gorman, Universidad Nacional Autónoma de México, primera edición 1977.





















domingo, 9 de enero de 2011

Los mejores libros del 2010

Por considerar que se trata de un asunto de interés general, transcribo en seguida la nota publicada por El País de España sobre los mejores libros del 2010, según 55 críticos y periodistas del suplemento Babelia de dicho diario.

1 J. M. Coetzee
Verano
La tercera parte de las memorias del Nobel sudafricano es un excelente ejercicio literario en el cual da un paso más allá en la manera de contar la propia vida y sincronizar géneros. El foco son unos hechos clave que determinaron su destino.

Por géneros


Novelas en español
o Ricardo Piglia ‘Blanco nocturno’ (Anagrama).
o Mario Vargas Llosa ‘El sueño del celta’ (Alfaguara).
o José María Guelbenzu ‘El amor verdadero’ (Siruela).
o Enrique Vila-Matas ‘Dublinesca’ (Seix Barral).
o Almudena Grandes ‘Inés y la alegría’ (Tusquets).

Novelas traducidas
o Jean Echenoz ‘Correr ’ (Anagrama).
o Herta Müller ‘Todo lo que tengo lo llevo conmigo’ (Siruela).
o Vasili Aksiónov ‘Una saga moscovita’ (La otra orilla).
o Hans Keilson ‘La muerte del adversario’ (Minúscula).
o Pierre Michon ‘Los once’ (Anagrama).

Cuentos
o Jhumpa Lahiri ‘Tierra desacostumbrada’ (Salamandra).
o Juan Eduardo Zúñiga ‘Brillan monedas oxidadas’ (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores).
o Julio Ramón Ribeyro ‘La palabra del mudo’ (Seix Barral).
o Alice Munro ‘Demasiada felicidad’ (Lumen).
o Kazuo Ishiguro ‘Nocturnos’ (Anagrama).

Poesía
o W. B. Yeats ‘Poesía reunida’ (Pre-Textos).
o Jose Emilio Pacheco ‘Tarde o temprano’ (Poemas 1958-2009) (Tusquets).
o Blas de Otero ‘Hojas de Madrid. Con la Galerna (1968-1977)’ (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores)
o Juan Antonio González Iglesias ‘Del lado del amor’ (Visor).
o Ted Huhges ‘El azor en el páramo’ (Bartleby).

Ensayo
o Tony Judt ‘Algo va mal’ (Taurus).
o Jacobo Siruela ‘El mundo bajo los párpados’ (Atalanta).
o María Zambrano ‘Esencia y hermosura. Antología’ (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores).
o José Luis Pardo ‘Nunca fue tan hermosa la basura’ (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores).
o Santos Juliá ‘Hoy no es ayer. Ensayos sobre la España del siglo XX’ (RBA).

Memorias y autobiografías noveladas
o J. M. Coetzee ‘Verano’ (Mondadori).
o Marcos Giralt torrente ‘Tiempo de vida’ (Anagrama).
o Rafael Argullol ‘Visión desde el fondo del mar’ (Acantilado).
o Félix de Azúa ‘Autobiografía sin vida’ (Mondadori).
o Miklós Bánffy ‘El reino dividido’ (Libros del Asteroide).

Otras perspectivas
o Joe Sacco ‘Notas al pie de Gaza’ (Mondadori)
o José-Carlos Mainer ‘Historia de la literatura española. Modernidad y nacionalismo (1900-1939) Vol. 6’ (Crítica).
o Martin y Borja de Riquer ‘Reportajes de la historia’ (Acantilado).
o Geoffrey Parker ‘Felipe II’ (Planeta).
o Anna Caballé ‘Carmen Laforet. Una mujer en fuga’ (RBA).

Autores a descubrir
o Miguel Syjuco ‘Ilustrado’ (Tusquets).
o Marek Bienczyk ‘Tworki (El manicomio)’ (Acantilado).
o Wells Tower ‘Todo arrasado, todo quemado’ (Seix Barral).
o György Dragoman ‘El Rey blanco’ (RBA).
o Sibylle Lewitscharoff ‘Apostoloff’


1
Verano
J. M. Coetzee
· LIBRO DEL AÑO
· Traducción de Jordi Fibla
· Mondadori. Barcelona, 2010
· 272 páginas. 18,90 euros


Verano, la tercera parte de las memorias del Nobel sudafricano J. M. Coetzee, es el libro del año de Babelia. 55 especialistas de la revista literaria y cultural de EL PAÍS lo han elegido. En 2010, la autoficción, en su variable de memorias y autobiografías noveladas, está entre lo más destacado. Reseña:

El ensayo vuelve a eclipsar a la novela.
Por Colm Tóibín

Desde el comienzo de su carrera, al novelista surafricano J.M. Coetzee le ha interesado jugar con la forma y la voz. A veces, como en la versión que hace de Robinson Crusoe en Foe, o en su oscura exploración de la vida de Dostoievski en El maestro de Petersburgo, ha jugado con la historia literaria, la forma literaria. En otras novelas, como la magistral evocación de la crueldad y la represión que es Esperando a los bárbaros o su surrealista remembranza de Suráfrica en Vida y época de Michael K., su tono es sombrío, impredecible, y los libros están llenos de vidas intensamente imaginadas y absolutamente memorables. En otras novelas, como Desgracia, el tono es más controlado, mientras que, en La edad de hierro, con su dominio de la voz en primera persona --la de una anciana surafricana blanca próxima a la muerte--, su imaginación muestra la increíble empatía que hace que sea uno de los más grandes novelistas en activo en el mundo.

Hay algo de implacable y despiadado en sus recursos de novelista que es lo que da a sus obras su fuerza, sobre todo cuando, al mismo tiempo, consigue mostrar compasión por los mortales cuyas vidas dramatiza. En Infancia, escenas de una vida de provincias y Juventud, logró adaptar este tono implacable a su propia vida. No ofrece anécdotas coloristas ni hace ningún esfuerzo para justificar sus propios motivos pasados como dignos o buenos. En ocasiones se desprende una frialdad clarividente ante su propio pasado que también aplica a otros, incluidos aquellos con quien tuvo una relación estrecha.

Decir que es un autor de memorias profundamente preocupado por la verdad es decir poco. No busca nuestra aprobación, ni desea el perdón de nadie; no le interesa resultar simpático. Por el contrario, es capaz de anotar sus sentimientos y sus motivos, y las cosas que sucedieron, con un interés feroz y estricto en atenerse a la verdad.

En Verano recupera una actitud juguetona. Imagina que está muerto y que un biógrafo está tratando de reconstruir cómo era su vida en la época en la que escribió sus dos primeros libros, Tierras de Poniente y En medio de ninguna parte, entre 1971 y 1977. El biógrafo tiene que trabajar con sólo unos fragmentos de memorias; algunos quizá no son fiables. De modo que parte en busca de personas que conocieron a Coetzee en aquellos años y las entrevista. La mayor parte de la novela consiste en las transcripciones de dichas entrevistas.

En gran parte de su ficción, Coetzee es discreto. Aunque las novelas nacen del interés por la muerte y la oscuridad, la crueldad y la frialdad, el dolor y el conflicto, no son, en su mayoría, una exploración de un único punto de vista. Esta sensación de distancia es lo que les otorga su carácter magistral; también es lo que las hace extrañamente espeluznantes. Pero resulta que Coetzee también es un genio imaginando las vidas de otros; es capaz de presentar al lector esas vidas con un cuidado y un sentido del detalle que, en su capacidad de comprensión, resultan amables, casi generosos, casi afectuosos.

En Verano no sólo logra captar su vida --y, desde luego, se asigna a sí mismo muchas cualidades que no son nada admirables-- sino que, utilizando con talento y delicadeza sus voces, evoca a cuatro mujeres que estuvieron presentes en su mundo durante aquellos años. Les da vida con la misma fuerza con la que se la da a su viejo yo.
Sin embargo, como novelista, deja un margen juguetón al lector; algunos de los "hechos" que presenta pueden no ser verdad; algunos de los personajes "entrevistados" pueden no haber vivido jamás. Pero él está trabajando con una verdad superior a la de los meros datos, una verdad que nos llega de dos formas.

La primera es la figura del propio Coetzee, que es tan frío y sexualmente torpe como el protagonista de Juventud, y tan callado y ensimismado como el chico de Infancia. Sus deseos, su afecto, tienen una presencia extraordinaria en el libro; su personaje es una figura melancólica --desesperado por falta de amor, lleno de culpa, incómodo con su familia, con las mujeres y con el propio mundo-- que el libro transmite en un tono implacable y con un detalle despiadado.

Y las mujeres son completamente cruciales. Son una mujer casada con la que tuvo una relación; una prima muy querida; una bailarina brasileña de la que se enamoró, y una colega francesa. Cada una de ellas posee una voz y una personalidad que sólo un novelista magistral podía crear. En torno a ellas, como si ocupara el espacio entre las palabras, está el padre del personaje, derrotado y desilusionado, y magníficamente delineado en este ingenioso relato. Y está además la sensación de una Suráfrica manchada por el pecado, maldita y, sin embargo totalmente inolvidable, en esta novela que se niega a hacer nada que no sea contar la verdad con todos sus detalles más pequeños y aburridos, y consigue, a pesar de ello, o tal vez por ello, elevarse por encima de la verdad y convertirse en un libro callado y esculpido de forma majestuosa.

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

John Maxwell Coetzee (Ciudad del Cabo, Sudáfrica, 1940) fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 2003.Colm Tóibín (Enniscorthy, Wexford, 1955) ha publicado recientemente la novela Brooklyn (traducción de Ana Andrés Lleó. Lumen. Barcelona, 2010. 315 páginas. 18,90 euros) y el libro de relatos The Empty Family (Virgin Press. Londres, 2010. 242 páginas).
www.colmtoibin.com.

Los 20 libros del año son 29

1. Verano. J. M. Coetzee (Mondadori). Memorias
2. Poesía reunida. William Butler Yeats (Pre-Textos). Poesía
3. Blanco nocturno. Ricardo Piglia (Anagrama). Novela
4. El sueño del celta. Mario Vargas Llosa (Alfaguara). Novela
5. El amor verdadero. José María Guelbenzu (Siruela). Novela
6. Retratos y encuentros. Gay Talese (Alfaguara). Crónicas
7. Algo va mal. Tony Judt (Taurus). Ensayo
8. Dublinesca. Enrique Vila-Matas (Seix Barral). Novela
9. Tarde o temprano. Poemas 1958-2009. José Emilio Pacheco (Tusquets). Poesía
10. Esencia y hermosura. Antología. María Zambrano (Galaxia Gutenberg/ Círculo de Lectores). Ensayo- Tiempo de vida. Marcos Giralt (Anagrama). Memorias- Tierra desacostumbrada, de Jhumpa Lahiri (Salamandra). Cuentos
11. El mundo bajo los párpados. Jacobo Siruela (Atalanta). Ensayo
12. Visión desde el fondo del mar. Rafael Argullol (Acantilado). Memorias
13. Hojas de Madrid. Con La Galerna (1968-1977). Blas de Otero (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores). Poesía- Libro de los muertos. Apuntes 1942-1988. Elias Canetti (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores). Ensayo
14. Notas al pie de Gaza. Joe Saco (Mondadori). Cómic
15. Correr. Jean Echenoz (Anagrama). Novela
16. Autobiografía sin vida. Félix de Azúa (Mondadori). Autobiografía- Del lado del amor. Poesía reunida 1994-2009. Juan Antonio González Iglesias (Visor). Poesía- Nunca fue tan hermosa la basura. José Luis Pardo (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores). Ensayo- Todo lo que tengo lo llevo conmigo. Herta Müller (Siruela). Novela 17. Brillan monedas oxidadas. Juan Eduardo Zúñiga (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores). Cuentos
18. Hoy no es ayer. Ensayos sobre la España del siglo XX. Santos Juliá (RBA). Ensayo- La experiencia totalitaria. Tzvetan Todorov (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores). Ensayo- Leviatán o la ballena. Philip Hoare (Ático de los libros). Ensayo- Una saga moscovita. Vasili Aksiónov (La otra orilla). Novela
19. La idea de la justicia. Amartya Sen (Taurus). Ensayo
20. La muerte del adversario. Hans Keilson (Minúscula). Novela
Foto:
J. M. Coetzee

miércoles, 5 de enero de 2011

Homenaje a Mahler


Gustav Mahler: poética sinfónica.

Por: Federico Zertuche


Cuando escucho el Adagietto de la Quinta Sinfonía de Mahler, experimento un raro placer que se prolonga y ensancha a lo largo de sus elegantes y sostenidas notas que al formar un lenguaje armónico indefectiblemente me transporta a mundos y paisajes sonoros de extraña e íntima coloratura, cuya intensidad y profundidad conforman un peculiar fraseo musical que se antoja poético.


Mahler ejerce sobre mí una especie de encantamiento por vía de la imaginación musical que despierta cada obra suya; una irrevocable seducción sonora atraída por la fortaleza de su propuesta sinfónica que va de la mano, casi siempre, de voces y coros, de hermosos lieder, no siempre alegres sino melancólicos, tristes o trágicos, en los que subyace una cosmovisión poblada de dilemas existenciales, espirituales, religiosos o metafísicos, como puede apreciarse en la exquisita Canción de la Tierra, ciclo de seis canciones sobre textos chinos.


La hermosísima Cuarta Sinfonía, quizá la más apacible, optimista y sencilla, concluye con un cuarto movimiento en el que destaca el solo de soprano con canciones que anuncian que el personaje encarnado ya está en el cielo gozando de delicias gastronómicas. Las estrofas del poema cantado están separadas por vivaces interludios orquestales basados en el tema que abre el primer movimiento.


Como excelente director de orquesta que fue durante años, Mahler logra en sus propias composiciones una maravillosa y singular atmósfera orquestal en la que sobresalen su manejo de los instrumentos de viento, alientos y de percusión tanto por la variedad como por el peculiar uso del contrapunto. Varios de esos instrumentos de viento y su utilización son poco comunes en otros compositores.


Mahler fue en vida un reconocido director, a grado tal que dirigió la Ópera de Budapest, la de Hamburgo, luego la de Viena y después, la Metropolitan Opera House de Nueva York y finalmente, la Filarmónica de Nueva York de 1910 a 1911. Sin embargo, como compositor no fue comprendido ni apreciado en su época y, como él mismo predijo, su música no sería conocida sino cincuenta años después de su muerte.


Durante el nazismo su música fue prohibida en Alemania, luego en Austria y demás países bajo dominación germánica, tanto por el origen judío de Mahler como porque la consideraban “música degenerada” quizá por las armonías disonantes, tan comunes en los compositores del siglo XX.


Aunque sus sinfonías terminan aparentemente con alegría, sobresale siempre al fondo un dejo de tristeza. En su obra, pletórica de marchas fúnebres, se plasma una obsesión por la muerte. Compone con dramatismo operístico y trasmite su particular forma de ver el mundo, de vivir las narraciones que lo inspiraron. Tal es el caso de Canciones de los niños muertos (Kindertotenlieder).


Gustav Mahler nació en el 7 de julio de 1860, en la población bohemia de Kalischt, en el otrora imperio austro-húngaro hoy República Checa, en el seno de una familia judía pobre. En casa de su abuelo había un piano, hecho que marcó su vida para siempre. Desde los cinco años se interesó por la música y a los siete compuso una canción y una polka. Aunque con su familia acudía a la sinagoga, formó parte del coro de una iglesia católica.


Su padre, hombre rudo y déspota, reconoció, sin embargo, el talento de su hijo y lo envió a estudiar a Praga y luego por méritos fue enviado al Conservatorio de Viena, donde destacó como un excelente alumno. Esperaba ganar un concurso para sostenerse, pero al no obtener el primer lugar tuvo que abandonar los estudios y dedicarse a trabajar.


Luego encontró trabajo como director en orquestas de pueblos pequeños hasta que, como ha quedado dicho, logró la titularidad de la Ópera de Budapest y de ahí hasta la Filarmónica de Nueva York a la que tuvo que renunciar por motivos de salud que le llevaron poco después a la muerte en Viena el 18 de mayo de 1911 sin haber cumplido los 51 años.


Poco se ha escrito sobre su vida personal, sin embargo llama la atención la siguiente anécdota: el 24 febrero de 1901, sintiéndose mal, dirigió la Orquesta Filarmónica de Viena con la Quinta Sinfonía de su gran amigo Bruckner, y en la noche, dirigió la ópera La flauta mágica. Al terminar lo llevaron al hospital donde lo intervinieron por una severa hemorragia intestinal que lo obligó a una larga convalecencia ¿Cómo logró dirigir dos obras en esa tarde-noche con hemorragia interna? Sólo lo explica su alto sentido de responsabilidad. Empleó el «descanso» en componer canciones, terminar la Cuarta Sinfonía e iniciar la Quinta.


Alma Mahler
Durante su época de triunfo en Viena, se casó en 1902 con Alma Marie Schindler, hija del pintor Emil Schindler. Fue un matrimonio desafortunado y de hecho, se separaron. Ella destacó después como compositora. Con Alma, tuvo dos hijas: María, quien murió de escarlatina a los 5 años y Anna que lo sobrevivió y conservó todas sus obras y luchó por darlas a conocer, para lo que debió enfrentar a su madre que todo lo vetaba.


Alma Mahler fue un personaje muy singular por el que vale la pena detenernos un poco: creció en un entorno privilegiado que frecuentaban grandes artistas. Después de la muerte de su padre, su madre, Anna, se volvió a casar con uno de los últimos discípulos de su marido. Entre los amigos de su padrastro estaba Gustav Klimt, que le dio su "primer beso". Siendo joven, Alma tuvo una serie de flirteos, entre ellos uno con Klimt, otro con el director teatral Max Burckhard y también con el compositor Alexander von Zemlinsky.


El 9 de marzo de 1902 se casó con Gustav Mahler, quien amó profundamente a Alma; del famoso Adagietto de la Sinfonía nº 5, del segundo tema de la Sexta y de pasajes similares en la Octava, se dice que son retratos musicales de Alma.


En el verano de 1910 Alma fue a reposar a un balneario en Tobelbad, en Austria mientras Mahler se instalaba en su residencia de verano en Toblach para componer. En este tiempo, Alma se enamoró del joven arquitecto Walter Gropius, que años más tarde fundaría la Bauhaus. Mahler descubrió la infidelidad por una carta de Gropius y sufrió amargamente por ello; le pidió que se quedase con él. Súbitamente, recuperó el interés por las composiciones de su mujer, pero ya era tarde. Tuvo una consulta médica (una sesión del entonces novedoso psicoanálisis) con Sigmund Freud para indagar en las causas de su estado de ánimo y plasmó su situación emocional en la obra que componía por entonces, la Sinfonía número 10. Mahler murió en 1911 pocos meses después de estos acontecimientos.


Alma tuvo un affaire con el pintor Oskar Kokoschka, que la retrató varias veces y que en su Der Windsbraut (La esposa del viento) representó su amor por ella. Kokoschka se mandó hacer una muñeca de tamaño real para recordar a Alma con todos sus detalles. Los rumores dicen haberlo visto en un teatro local llevando la muñeca como si se tratara de su compañera.


Temerosa de la pasión de Kokoschka, Alma volvió a Gropius, con quien se casó en 1915. Tuvieron una hija, Manon, que moriría de poliomielitis a los 18 años. El compositor Alban Berg, gran amigo suyo, y que sentía gran cariño por la niña, escribió su famoso Concierto para violín y orquesta "A la memoria de un ángel".


El matrimonio con Gropius no funcionó. Alma le fue infiel con el poeta y novelista Franz Werfel, y quedó embarazada. El niño nació prematuramente y murió a los diez meses. Alma se divorció de Gropius y luego se casó con Werfel. En 1938, Alma y Werfel, para escapar del Anschluss (la anexión a Alemania), dejaron Austria y viajaron a Francia. Tras la invasión alemana y la ocupación de Francia durante la Segunda Guerra Mundial y ante una posible deportación de los judíos a los campos de concentración nazis (Werfel también era judío), abandonaron Francia. Con la ayuda de un periodista, escaparon del régimen nazi en un singular viaje por los Pirineos hasta España y de ahí a Portugal y Nueva York. Se establecieron eventualmente en Los Ángeles, donde Werfel logró un singular éxito con su novela La Canción de Bernadette que fue convertida en una película en 1943 con Jennifer Jones como protagonista. Después de la muerte de Werfel en 1945, Alma se instaló en Nueva York donde era un personaje cultural destacado, y publicó parte de las cartas de Mahler y sus propias memorias Mein Leben (traducido al inglés And the Bridge is Love - Y el puente es el amor). Su figura sigue siendo el centro de una gran polémica.


Como director de orquesta Mahler fue particularmente exigente. Despedía a todo músico que no considerara con suficiente capacidad. Exigía silencio total en la sala durante la ejecución y no permitía que nadie ingresara una vez iniciada. Hoy es lo normal en la mayor parte de teatros del mundo, pero en la Viena de principios del siglo XX, los asistentes se sentían con derecho a llegar a la hora que querían y a platicar durante el concierto. Todo esto le valía críticas de la prensa. Hoy se le celebra esa exigencia.


Es hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial y gracias a la decidida labor de directores como Bruno Walter, Otto Klemperer y, más tarde, Bernard Haitink o Leonard Bernstein, cuando su música empezó a interpretarse con más frecuencia en el repertorio de las grandes orquestas, a grabarse y adquirir merecida fama y aclamación del público.



Eduardo Mata
En México, Mahler fue ampliamente conocido en buena medida por la interpretación de sus obras por la Filarmónica de la Universidad Nacional Autónoma de México bajo la dirección del inolvidable Eduardo Mata, quien, por cierto, dedico un ciclo a Mahler a principios de la década de 1970.


A continuación se transcribe una relación comentada de sus lieder y sinfonías por la musicóloga Mireille Méjan.


ALEGRÍA Y TRAGEDIA EN SUS CANCIONES


Las canciones de Un camarada errante (Lieder eines fahrenden Gesellen). Basadas en poemas anónimos alemanes, con letra y música de Mahler, narran primero la desolación de un joven y después su alegría ante un bonito día y termina trágicamente con su muerte. La Primera Sinfonía transcribe melodías de estas canciones. Un barítono interpreta lamentos como éste: Cuando mi amada tenga su alegre día de bodas ¡yo tendré mi día de pesares!


El muchacho del cuerno mágico (Des Knaben Wunderhorn). Colección de doce cuentos anónimos alemanes, recopilados a principios del siglo XIX, a los que pone música. Incluye fragmentos en la Segunda, Tercera y Cuarta Sinfonías.


Canciones sobre poemas de Rückert (Lieder nach Gedichten von Friedrich Rückert). Son cinco canciones inspiradas en composiciones del poeta. Particularmente interesante es: A medianoche (Um Mitternacht).


Canciones de los niños muertos (Kindertotenlieder). Canciones sobre poemas de Rückert1, interpretadas por barítono. Al parecer en memoria de sus hermanos fallecidos. Mahler fue el segundo de quince hijos, pero nueve de sus hermanos murieron siendo niños. Al fallecer su hija modificó la tercera canción para dedicársela. Poéticas y tristes, cito un texto: Protegidos de la mano de Dios descansan como si estuvieran en casa. Cuando tu madre entra giro para verla, pero no veo su rostro, sino el umbral donde estaría tu amada carita si hubieras entrado como solías hacer, hijita.


NUEVE SINFONÍAS Y UN POEMA INCONCLUSO


Escribió nueve sinfonías y el poema sinfónico. Con dos movimientos y composiciones inconclusas, Deryck Cooke armó la décima sinfonía pero nunca logró la aceptación de los admiradores de Mahler.


Primera Sinfonía. Conocida como Titán, la estrenó siendo director de la opera en Budapest. Utiliza algunos acordes de las Canciones de un camarada errante. Generó opiniones encontradas, es difícil entender el tercer movimiento que combina una marcha fúnebre con una popular canción de niños Frère Jacques (conocida en castellano como Martinillo). Mahler lo justifica diciendo que en el mundo se yuxtaponen la crueldad, la jovialidad y la trivialidad.


Segunda Sinfonía. Se conoce como Resurrección, estrenada en 1895 en Berlín, sufrió varias modificaciones hasta su versión final. La llaman Sinfonía-oratorio, porque en ella plasma su angustia cósmico-religiosa. Gira en torno al sentido de la vida y la muerte. El cuarto movimiento presenta una canción de Des Knaben Wunderhorn interpretada por contralto; en el quinto (con textos inspirados en el poema Resurrección de Klopstock), participan soprano, contralto y coro. Casi al final, contralto y coro cantan: cesa de temblar, prepárate a vivir, haciendo referencia a la resurrección y el coro con un gong (quizá debería haber utilizado un shofar)2, fuera del escenario, concluirá: moriré para vivir, resucitar, sí mi corazón, vas a resucitar, en un instante, lo que has vencido te llevará a Dios.


Tercera Sinfonía. Una pastoral. Requiere un coro femenino y otro de niños y como solista una contralto. En el cuarto movimiento incluye ¡Oh hombre! (O Mensch!), un pequeño fragmento de Así hablaba Zarathustra de Friedrich Nietzsche. El quinto movimiento requiere a la solista y a los dos coros para cantar un fragmento de Des Knaben Wunderhorn. Podría titularse: Sobre la naturaleza, al parecer él pensó titularla: Sueño de una mañana de verano.


Cuarta Sinfonía. Podría titularse Pastoral. Incluye en el cuarto movimiento una de las canciones de Des Knaben Wunderhorn, interpretada por mezzosoprano. Es quizá la más tranquila y poco rebuscada. Poco entendida en su tiempo, poco apreciada hoy, ¡qué cosas de la vida!


Quinta Sinfonía. Es muy conocido el Adagietto, utilizado por Luchino Visconti en la película Muerte en Venecia (1971), e incluido por Karajan en su primera colección de Adagios.


Sexta Sinfonía. Se ha dicho que la Trágica, estrenada en Essen en 1906, es la menos postromántica, que es casi romántica por su estructura aunque curiosamente, la menos conocida. Clásica dicotomía mahleriana alegría-tristeza, la lucha entre el amor y la muerte en la que triunfa la última. Cabe señalar que no deja sensación de tristeza.


Séptima Sinfonía. Canto o Música de la noche (Nachtmusik) se estrenó en Praga en 1908. Poco conocida, elegante, sobria, nos lleva a través de bosques y sonidos nocturnos hacia el exterior en un día soleado. De la oscuridad a la luz en final festivo, no muy usual en Mahler.


Octava Sinfonía. Se titula De los mil porque la interpretan 858 cantantes y 171 instrumentistas. La estrenó en Munich en 1910 y constituyó su máximo triunfo en vida. En la primera puso música al canto medieval propio de Pentecostés: Veni, Creator Spiritus. La segunda es la escena final del Fausto II de Goethe. Requiere tres coros, uno infantil y la participación de tres sopranos, dos contraltos, un tenor, un barítono y un bajo, lo que la hace muy difícil de presentar. Constituye su gran éxito: la perfecta mezcla de coros, voces e instrumentos. Aunque aparentemente la temática es cristiana, es una religión muy estilo Goethe y Mahler, que distan mucho de ser cristianos convencidos. Eso sí, es una gran sinfonía coral.


Novena Sinfonía. Última que escribió antes de morir y no pudo estrenar. Personalmente me parece una despedida. Inicia en un andante melancólico y culmina en un hermoso adagio, que nunca perdonaré a Karajan no haber incluido en sus colecciones de adagios. Al final se percibe, casi apagada, la música de la canción A veces pienso que nos abandonaron, en clara alusión a la muerte, pero tranquila, sin angustia. Una serena despedida.


El Poema Sinfónico. La canción de la Tierra es un ciclo de seis canciones escritas sobre textos chinos, cuatro de Li Tai Po y dos de Mong Kao-Yen y Wang Wei,3 de exquisita belleza, cada una constituye un movimiento. La sexta canción, La despedida, deja tranquilidad: Mi corazón está tranquilo y espera su hora. ¡La querida tierra florece por todas partes en primavera y se llena de verdor nuevamente! ¡Por todas partes y eternamente resplandece de azul la lejanía eternamente… ¿Encontraría al final la paz que buscaba?


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1 Poeta alemán (1788-1866) Kindertotenlieder es una colección de 425 poemas inspirados en la muerte de siete de sus diez hijos. Al parecer Mahler convirtió cinco de ellos en canciones en recuerdo de sus hermanos fallecidos.
2 Shofar es el cuerno utilizado en el Medio Oriente y presente en ciertas ceremonias judías.
3 Famosos poetas del siglo VIII, durante la dinastía Tang.