Recientemente ha erupcionado el volcán Puyehue en Chile y en 2010 el Eyjafjalla en Islandia; aparte de las consecuencias negativas para la navegación aérea, la enorme cantidad de ceniza que expelen, así como otras calamidades causadas, han sido ocasión para que fotógrafos aficionados y profesionales salgan a la caza de impresionantes y bellas imágenes que las agencias de prensa y otras entidades como google, las reproduzcen libremente y sin referencias de autor para goce del público amante de la fotografía.
Con tal pretexto, reproducimos aquí algunas de ellas a la manera de galería digital. Para ampliar las fotos haz click sobre la superficie.
Cuadriga, Puerta de Brandemburgo, atrás, Columna de la Victoria
Conciertos de Brandemburgo Todo mundo los conoce, muchos los aman y disfrutan enormemente. De antaño son parte obligada y fundamental en los repertorios de música barroca de cámara. Se han producido y vendido multitud de grabaciones con los mejores intérpretes y directores. La figura de Bach es más que venerable: se considera el padre de la música occidental.
Sin embargo, el nombre mismo con que Bach los tituló, las anécdotas alrededor de su composición (1720), las vicisitudes de su primer y oscuro destino, así como otras desventuras ocurridas a la partitura original, sorprenden a quien conoce la obra y la escucha sin sospechar siquiera que bien pudo suceder que nunca fuesen escuchados por nadie.
J. S. Bach
En época de Bach, los músicos –intérpretes y compositores- por lo general estaban a las órdenes de los grandes aristócratas que mantenían pequeñas orquestas en sus cortes para conciertos o amenizar reuniones de salón, banquetes y otras celebraciones. Otros músicos eran contratados por las iglesias para fungir como master chapelle u organista de las mismas, incluyendo al coro. En todo caso, eran empleados subordinados a los príncipes nobles o a los príncipes de la Iglesia.
Margrave de Brandemburgo, Christian Ludwig
Hacia 1718 Johann Sebastian Bach trabajaba como maestro de capilla (Kapellmeister) en la corte del príncipe Lepold de Anhalt-Cöthen, cuando fue a Berlín con la encomienda de comprar un clavecín. Entonces conoció al margrave (marqués) de Brandenburgo, Christian Ludwig, quien, luego de escuchar tocar a Bach, comentó en tono casual que le gustaría contar con una serie de conciertos para la colección que poseía en su biblioteca.
Después de un tiempo, Bach envió al margrave una misiva acompañada de las partituras de los conciertos en la que entre otras cosas decía: “Hace dos años tuve la buena fortuna de tocar ante Vuestra Alteza Real por Vuestra Orden, y percibí en ese momento que Vuestra Alteza demostraba cierto placer ante el pequeño talento musical que el cielo me ha concedido. Cuando me despedí, Vuestra Alteza Real me hizo el gran honor de pedirme que le enviara algunas piezas de mi propia composición: por lo tanto, y de acuerdo con el gracioso pedido de Vuestra Alteza, me he tomado la libertad de cumplir con mi muy humilde deber ante Vuestra Alteza Real con estos conciertos, que he orquestado para varios instrumentos”.
Potsdam, Brandemburgo, Cecilienhof
Debido a que el rey, Friedrich Wilhem I de Prusia, no era particularmente aficionado a las artes, Christian Ludwig al parecer no contaba con los suficientes músicos en su conjunto instrumental de Berlín para interpretar los conciertos, así es que nunca se tocaron. Las partituras fueron abandonadas en la biblioteca del margrave hasta su muerte en 1734, cuando fueron vendidas en 24 groschen (una bicoca). El manuscrito autografiado de los conciertos fue redescubierto en los archivos de Brandenburgo por Siegfried Wilhelm Dehn hasta 1849; finalmente se publicaron al año siguiente y a partir de entonces se interpretan.
No es ocioso mencionar que gracias a Bach y a los conciertos de Brandemburgo es que en la actualidad se alude acaso al margrave Christian Ludwig.
Potsdam, Brandemburgo, Palacio Nuevo
Desde un punto de vista formal, los Conciertos de Brandemburgo -seis en total- son típicos de su época, en ellos Bach emplea una variada combinación de instrumentos dentro del estilo de concerto grosso que desarrolló a partir de la influencia de los concerti grossi de Vivaldi.
Relación de los conciertos de Brandemburgo
Concierto No. 1 en fa mayor (BWV 1046)
Puede decirse que el primero de la serie de conciertos se halla formalmente entre el concerto grosso y el concierto para solista. Escrito para violín píccolo que lleva el peso concertante de la obra, 3 oboes, 2 trompas naturales, fagot, 2 violines, viola, violonchelo y bajo continuo, es el único que consta de cuatro movimientos, los tres primeros según la estructura tradicional italiana (Allegro-Adagio-Allegro), más un extenso Menuetto de inspiración francesa, con tres tríos (una sección intermedia que constrasta en cuanto a carácter y orquestación, ésta confiada a un pequeño grupo de instrumentos), el segundo de los cuales es una polonesa o polacca. Es precisamente este movimiento el más sorprendente y original de la partitura, todo un dechado de invención instrumental, por ejemplo en el último trío, en el que parecen resonar en las trompas los ecos de una cacería.
Movimientos
1. Allegro 2. Adagio (en re menor) 3. Allegro 4. Menuetto; Trío I (2 oboes y fagot); Menuetto Polacca (violines y violas); Menuetto Trío II (2 cornos y 3 oboes); Menuetto.
Concierto No. 2 en fa mayor (BWV 1047)
Para flauta de pico, oboe, trompeta, violín concertante, 2 violines, viola, violonchelo y bajo
Movimientos
1. Allegro 2. Andante (en re menor) 3. Allegro assai
Los conciertos 2º y 5º evocan una especie de pirámide de tres picos que tiene como fundamento los instrumentos de cuerda, por encima los solistas (concertino) y, en vértice - tomado entre los precedentes - un único solista todavía más importante y ágil (trompeta en el n.º. 2, y clave en el 5º). En los Conciertos de Brandemburgo, Bach se impone igualmente como un maestro del contrapunto fuga de los cuatro solistas en el final del Concierto No. 2 en fa mayor BWV 1047. Para cuerda y continuo, violín, oboe, flauta y trompeta solista. La trompeta es utilizada con un extremado virtuosismo hasta en su registro más agudo. No aparece, sin embargo, el andante en re menor, invención monotemática para flauta, oboe, violín y bajo. Enmarcado en este movimiento, una página viva oponiendo tutti y solistas, y un allegro, donde - contrariamente al uso - los episodios fugados están confiados a los cuatro solistas.
Concierto No. 3 en sol mayor (BWV 1048)
Para 3 violines, 3 violas, 3 violonchelos y bajo continuo.
Movimientos
1. Allegro 2. Adagio 3. Allegro
El tercer Concierto de Brandemburgo es quizá el más popular de toda la serie. Esta obra, escrita originalmente para 4 violines, 3 violas y 3 cellos fue arreglada a solo 3 violines, 3 violas, 3 cellos (más bajo continuo). La influencia italiana del segundo concierto se mantiene en el tercero, aunque con un cambio importante en el dipositivo orquestal, pues Bach prescinde en esta ocasión de los instrumentos de viento para dar todo el protagonismo a las cuerdas. Todo aquí se construye a partir de unas células rítmicas mínimas que constituyen la base de los distintos temas melódicos, trabajados contrapuntísticamente, con los dos distintos grupos de instrumentos ora separándose, ora oponiéndose, ora uniéndose en un tutti. Toda una lección, pues, de cómo puede componerse una obra partiendo de los elementos más simples y mínimos. Y para mínimo, el segundo movimiento, indicado Adagio en la partitura, pero que únicamente consta de dos acordes, uno inicial y otro final, por lo que se cree que Bach dejaba este espacio libre a la improvisación del intérprete, en especial del primer violín o del clavecinista encargado del bajo continuo. En el tercer y último movimiento, la danza parece adueñarse de la partitura, casi como si se tratara de un tiempo de suite.
Concierto No. 4 en sol mayor (BWV 1049)
El cuarto concierto está escrito para 2 flautas de pico y violín solistas, cuerda y bajo continuo. Es uno de los más luminosos en cuanto expresión y de los más modernos en cuanto a concepción, pues anuncia claramente el modelo de concierto que florecerá en el estilo galante y más tarde en el clasicismo.
Movimientos
1. Allegro 2. Andante (en mi menor) 3. Presto
Concierto No. 5 en re mayor (BWV 1050)
En este quinto concierto, para violín, flauta traversa y clavecín solistas, más cuerdas y bajo continuo, de nuevo Bach consigue sorprender al oyente, en este caso haciendo que el clave, que hasta entonces había ocupado un papel de acompañante, alcance un protagonismo inusitado, al mismo nivel que el resto de los instrumentos. O más aún si cabe, pues suya es la larga cadencia a solo del primer movimiento, quizás escrita por el compositor para su propio lucimiento en alguna de las veladas de Köthen, posiblemente en el mismo clave que comprara en Berlín en 1718.
Movimientos
1. Allegro 2. Affettuoso (en si menor) 3. Allegro
El tema del tercer movimiento está tomado de una giga de Buxtehude.
Concierto No. 6 en si bemol mayor (BWV 1051)
Viola da gamba
El sexto y último de los conciertos reclama una instrumentación que podría parecer arcaica: 2 violas, 2 violas de gamba, violonchelo y bajo continuo. Sin violines, Bach explora aquí las sonoridades graves, confiando la parte solista a violas y violonchelo, y dejando el acompañamiento a las violas de gamba, un instrumento por cuya calidez de timbre (el más cercano a la voz humana) Bach sentía gran predilección.
Movimientos
1. Moderato 2. Adagio ma non tanto (en mi bemol mayor) 3. Allegro
La Orden benedictina de Cluny Por: Federico Zertuche
En este espacio hemos tratado algunos temas situados en la Edad Media, propios y característicos de esta época, tanto por su interés y valores intrínsecos, como por una intención deliberada que busca popularizar y divulgar la enorme riqueza cultural, artística y espiritual que se gestó durante su dilatado período usualmente menospreciado e injustamente tildado como oscurantista y retrógrado.
Como sabemos, para efectos convencionales, cronológicos e históricos, que efectivamente tienen sentido metodológico y académico, la Edad Media ha sido dividida como sigue: Alta Edad Media (siglos V-X) y comprende a Occidente, Bizancio y el Islam; Plena Edad Media (siglos XI-XIII), y Baja Edad Media (siglos XIV-XV).
Pues bien, a lo largo de la Alta Edad Media europea, alejada en el tiempo y por propias vicisitudes históricas de los focos de la civilización (Grecia, Roma, Bizancio y Alejandría), la cultura clásica sobrevivió gracias a los monasterios cristianos, que fueron las únicas entidades organizadas que mantuvieron bibliotecas, así como la reproducción y creación de nuevos libros, y en todo caso, del saber, a través de sus scriptoria: el sitio (aledaño a la biblioetca) donde los monjes amanuenses escribían sobre pergaminos y otros materiales afines (pues el papel todavía no se conocía), en sus respectivos scriptorium.
Los monjes y monasterios benedictinos fueron los iniciadores de la tradición de los scriptoria cuando Benedicto de Nursia (San Benito) fundó el monasterio de Monte Casino en el 529, cuya biblioteca y producción de libros (biblias, misales, libros de horas y espirituales, así como obras clásicas y paganas), fueron célebres durante centurias.
Guillermo de Aquitania
No obstante, no fue sino hasta el año 910 cuando la fortaleza de los monasterios irrumpe de manera determinante, decisiva e influyente con la creación de la Abadía de Cluny, cuando el duque de Aquitania, Guillermo I el Pío, cedió unos terrenos en Borgoña al monje Bernon para fundar un monasterio, quien como primer abad de la Orden benedictina de Cluny exigió el derecho de ser tributarios únicamente del Papa y responder de sus actos ante él, solamente, lo que permitió a la Orden una absoluta independencia de cualquier poder laico o eclesiástico con excepción del Pontificio, que trajo aparejados una gran cantidad de privilegios y donaciones, evitando la autoridad de los señores feudales (príncipes y demás) así como de los obispos.
Con tamaña libertad de acción la abadía se fue involucrando con el tiempo en asuntos y decisiones cada vez más importantes del ámbito social, político, económico e incluso militar, lo que junto al acierto de haber creado una estructura orgánica centralizadora, y hacer valer una especie de inmunidad “internacional” (si cabe el término en ese mundo) frente a reyes y nobles haciendo valer la ascendencia y protección papal. Gracias a la conjunción de esos factores, su estructura y organización pronto se reprodujeron y expandieron a otros territorios.
Cofre de la Abadía de Cluny
Así, la Orden de Cluny fue creciendo y expandiendo su jurisdicción, particularmente en siglo XI, de máximo esplendor, gracias a la extrema longevidad y estabilidad de los mandatos de dos de sus abades, Odilón (994-1049) y Hugo el Grande (1049-1109), en cuyos períodos Cluny llegó a contar entre 400 y 700 monjes (en su sede principal) y extender su poder absoluto sobre 850 monasterios en lo que ahora es Francia, 109 en Alemania, 52 en Italia, 43 en Gran Bretaña y 23 en la Península Ibérica, agrupando en total a más de 10,000 monjes, sin contar con el enorme personal subalterno.
Los principales aspectos organizativos, políticos y religiosos de los "monjes negros" se pueden resumir en los siguientes puntos: - Vasallaje exclusivo a Roma y defensa de su primacía moral; - Predominio de una férrea estructura jerárquica piramidal entre prioratos, abadías subordinadas y abadías afiliadas; - Organización feudal interna y apoyo a la sociedad feudal de la época, manteniendo buenas relaciones con nobles y obispos (a pesar de su inmunidad frente a ellos); - Intensificación decisiva de la clericalización del monacato. Cluny multiplicó el número de sacerdotes entre sus miembros; - Predominio en la vida monástica del rezo litúrgico y la celebración coral de la eucaristía, frente a los trabajos físicos que eran irrelevantes, y que eran realizados por personal subalterno; - Conservación y difusión de la cultura gracias a labor de sus scriptoria donde se realizaban permanentemente copia de manuscritos.
Maqueta digitalizada de la Abadía de Cluny
Cluny en un principio restableció la vieja regla benedictina prácticamente en todo su rigor. Mantiene la pobreza, la castidad, la obediencia, la humildad y la penitencia, aunque la pobreza no concernía a la construcción de los monasterios ni a sus ornamentos.
Como novedades respecto a la primitiva regla, la cluniacense impone el silencio de los monjes, que hablarán por señas, y la solemnidad del canto litúrgico, que llena casi toda la jornada de los monjes e inaugura la existencia del canto gregoriano. Se rompe, al igual que sucedió en los monasterios carolingios, el equilibrio entre oración y trabajo, ya que el cultivo de los campos quedaba en manos de siervos y colonos y, frente al mundo carolingio, se desatiende la meditación y el estudio.
Abadía de Cluny
Cluny asumió un papel muy importante en la evolución de las costumbres. Acomete por un lado la reforma de la religión popular, y para fomentar la piedad de los laicos, insiste en la necesidad de la penitencia a través de la peregrinación.
Por ello debemos a Cluny la mejora y preparación de las rutas peregrinas con hospederías, hospitales e iglesias, que van a centrarse preferentemente en tres vías: la de Jerusalén, la de Roma y la de Santiago de Compostela. El fomento de la peregrinación presupone que a través de sus iglesias, hospitales y albergues pueden difundir fácilmente los fundamentos de la doctrina cristiana al mismo tiempo que ofrecen al pueblo un apoyo tanto en sus necesidades materiales como en las espirituales.
San Isidoro de León, Puerta del perdón.
Cluny consideraba que la de Occidente era una sociedad destructiva y violenta, por lo que decidió crear dos instituciones fundamentales con el fin de que encauzarla por la vía de la paz:
La paz de Dios: es una institución fundada en el 989 que dota de asilo e inmunidad a todas las gentes que se refugien en lugares sagrados. Así, se evitaba el saqueo de bienes eclesiásticos y todos los desvalidos pueden escapar en el templo de las brutales acometidas que sufrían.
La tregua de Dios: es una institución establecida más tarde, en el año 1027, que prohibía pelear en determinadas fechas. En un principio, se planteó que la prohibición debía extenderse de la tarde del sábado a la mañana del lunes con el fin de que los guerreros pudieran cumplir con los deberes dominicales.
Sin embargo, como la medida alcanzó gran éxito, terminaron extendiendo la tregua desde el miércoles por la tarde al lunes por la mañana.
Esta medida supuso una reducción de la violencia y aunque fue de forma muy paulatina, este proceso desembocaría a que los caballeros adoptaran una nueva actitud encaminada a la defensa de los débiles y a la Guerra Santa.
Dibujo de Cluny III (tercera etapa).
La jornada en un Monasterio Cluniacense. En el monasterio cluniacense, la jornada litúrgica era muy extensa, y será prácticamente igual a la de otras órdenes monásticas que le siguieron. Comenzaba en nocturnos o maitines, aproximadamente a la medianoche. Tras ello, los monjes podían volver a la cama hasta laudes, que es el rezo del final de la noche o del comienzo del alba. Tras ello, tocaba prima, que se rezaba a la salida del sol y que era cuando ya abandonan totalmente el lecho. Entonces comienza el capítulo conventual, que consistía en la lectura de la regla, se reza por los monjes muertos y se tratan asuntos internos de la comunidad. Luego se pasa a tercia, misa de difuntos y misa mayor, tras la que se hace una parada de para la comida, que consistía en hortalizas, legumbres, queso, algunos huevos, pero en todo caso nada de carne.
Después de la comida tocaba sexta, tras la que había un momento de esparcimiento, y se podía ir al locutorio, único lugar donde se podía hablar, aunque nunca de dos en dos, para evitar actos homosexuales. Tras ello venía nona, vísperas, cuando comenzaba a caer el sol, tras ello una cena muy frugal (y en días de ayuno ni siquiera). Por último, rezaban completas antes de irse a dormir, en invierno hacia las 6 y en verano entre las 7.30 y las 8 de la tarde.
Cluny se convirtió en un verdadero señorío feudal, con derecho de investidura e ingresos económicos de sus monasterios filiales, con un gran poder e influencia en la sociedad medieval. Realmente hubo una aristocratización de los monasterios; entendiéndose así el peso específico de la cultura en ellos. En su mayor esplendor, Cluny tuvo bajo su dominio más de 1000 monasterios.
Cluny también se hizo cargo del movimiento peregrino hacia Santiago de Compostela, jalonando su recorrido de monasterios y albergues, en los cuales la iconografía de sus capiteles y tímpanos, servían para instruir al peregrino en el conocimiento de la Historia Sagrada; en sus formas de comportamiento y en los premios y castigos que recibirían según su forma de vivir.
Peregrino era quien caminaba hacia Santiago de Compostela "per agrum" -de ahí su denominación- en referencia al Camino de Santiago y sus innumerables ramales. Palmero era el que se dirigía a Jerusalén; y Romero, el que encaminaba sus pasos a Roma.
La influencia de los monjes cluniacenses en España se puede clasificar en tres puntos esenciales:
Santiago de Compostela
Impulso del Camino de Santiago. Indudablemente, la Orden de Cluny fue uno de los principales motores de dinamización del Camino de Santiago. Fiel a la regla benedictina, la abadía cluniacense se auto invistió como difusora del cristianismo, sobre todo a lo largo del Camino. Desde ese punto de vista, resulta comprensible su interés por el Camino de Santiago, donde se fraguaban la Reconquista y la cristianización del sur musulmán.
También es posible que tal devoción jacobea se debiera en parte al anhelo de poder, ya que durante los siglos XI y XII, la orden duplicó sus propiedades gracias a las generosas donaciones realizadas por los monarcas hispanos. La orden de Cluny alzó monasterios, puentes, iglesias y hospitales, pero también recibió infinidad de edificios, tierras, prioratos y villas a través de decretos reales.
Chapelle Bourbon
Abolición del rito mozárabe. Otra influencia de Cluny ejerció sobre la España cristiana del siglo XI fue el apoyo a Roma para la abolición del rito mozárabe y la reorganización eclesiástico-monástica.
Fundación de Monasterios. Cluny encontró en los reyes de León del siglo XI el apoyo necesario para el establecimiento o reforma de varios monasterios en Tierra de Campos. Entre estos monasterios destacan San Zoilo en Carrión de los Condes, San Isidro de Dueñas (Palencia) y por supuesto, San Benito de Sahagún, que fue el monasterio más poderoso de ese periodo. En estos tres monasterios se producen manifestaciones románicas valiosísimas.
De San Benito de Sahagún (Anteriormente llamado "San Facundo y Primitivo) se conserva la lauda sepulcral de Alfonso Ansúrez más una Virgen procedente del tímpano de una portada que se exponen en el Museo Arqueológico Nacional.
San Isidro de Dueñas tiene una iglesia transformada que debió ser muy similar a San Martín de Fórmista. Afortunadamente, la portada occidental se conserva bien.
Por último, en San Zoilo de Carrión de los Condes, se descubrió en 1993 una portada oculta de excelente calidad artística. Tiene cinco arquivoltas y cuatro columnas con capiteles relacionados con Jaca y San Isidoro de León.
Románico italiano, capiteles.
Cluny y el arte románico. El gran éxito de la consolidación y difusión del Arte Románico vendrá impulsado por una labor prácticamente evangelizadora de la Iglesia Romana, eficientemente vehiculada por la orden benedictina de Cluny. Cada nuevo monasterio contribuye a multiplicar el mensaje, tanto en forma de la réplica de códices en sus escritorios, como en el estímulo para edificar nuevas iglesias; y una vez consolidado, generar un nuevo monasterio con la designación de su Abad y el encargo de hacerlo.
Una y otra vez, a lo largo y ancho de Europa. Y cuando el empuje de la orden se debilita, surge la "reforma de la reforma": El Císter. Monjes blancos que toman el relevo de los monjes negros. Sobriedad tanto en lo formal como en lo espiritual precediendo a un nuevo estilo, vertical y luminoso en lo estructural y con modos realistas y expresivos en lo artístico: El Gótico.
Los factores que aseguraron el éxito fueron el monacato, la reforma, y una tercera circunstancia favorecedora que propició el éxito en la difusión del Románico: Las vías de comunicación. El Camino de Santiago, asentado sobre antiguas calzadas romanas, permitió la expansión y difusión de personas e ideas más allá de los territorios dominados por el Islam, que comienza su declive y retroceso a la vez que avanza el éxito de los reinos cristianos.
Iglesia de San Martín de Fromista
Y este avance de la reforma Gregoriana se manifiesta con un ingente número de iglesias que proclaman alto y claro con su peculiar estilo el triunfo del tándem Roma/Cluny.
Son templos cuajados de motivos decorativos, tanto escultóricos como pictóricos. Decoración en los muros, bajo los aleros, en los capiteles, en las ventanas, en las puertas de acceso, rebosantes de simbología... Y todos estos lugares se aprovechan para catequizar e instruir a un pueblo mayoritariamente analfabeto.
Tímpano de la catedral de Jaca
Tímpanos, capiteles y decoración pictórica, forman un todo, a modo de "comic" fácil de interpretar con unas pocas explicaciones de los religiosos. Los tímpanos de Jaca y San Isidoro de León, muestra de este arte pleno, al que García Guinea con acierto denomina "Románico Dinástico", por asentarse en las tierras bajo potestad de los descendientes del gran líder de la cristiandad que fue Sancho III el Mayor, rey de Navarra.
A pesar de sus grandes realizaciones, Cluny empezó a demostrar graves síntomas de agotamiento desde principios del siglo XII. Tras el negativo gobierno de Pons de Melqueil (1109-1132), el encabezado por su último gran abad, Pedro el Venerable (1132-1156), no pudo detener la crisis que tras su muerte se apoderó de la orden.
Pintura románica
Son varias las causas que parecen explicar el agotamiento del modelo de Cluny, pero sin duda la más importante parece estar en la rigidez de su propia estructura. La excesiva centralización orgánica de la orden, que hacía descansar todo en la figura del abad del monasterio fundacional, impedía la más mínima flexibilidad entre las distintas casas, paralizando así a toda la orden. Otro elemento a destacar fue el de la ordenación, imparable desde fines del siglo XI, de gran número de monjes atraídos más por el prestigio y la seguridad que la orden ofrecía que por una verdadera vocación. Este hecho, puesto de manifiesto por un autor como Serlon de Bayeux, que denunciaba la entrada en el claustro de caballeros arruinados, con el único objetivo de salir de su pobreza, intentó ya ser atajado sin éxito por Pedro el Venerable. Sus medidas, tendentes a detener la creciente mundanización de Cluny, denunciada repetidamente por san Bernardo en su polémica con el abad borgoñón, llegaron demasiado tarde como para poder hacerse efectivas.
Francisco de Zurbarán
Con el tiempo, la influencia de Cluny fue sustituida por la nueva Orden del Císter, cisterciense, -los monjes blancos-, que tendría enorme repercusión en Europa hasta nuestros días. El Císter, impuso la reforma de la reforma (Reforma Gregoriana), que implicaba la restauración de la regla benedictina, el ascetismo y rigor litúrgico, el retorno a la pobreza, -cuya observancia se había relajado o de plano abandonado en Cluny-, y que debe su considerable desarrollo a Bernardo de Claraval (1090-1153), hombre de una personalidad y de un carisma excepcionales. Su influencia y prestigio personal hicieron que se convirtiera en el cisterciense más importante del siglo XII. Pues, aun no siendo el fundador, sigue siendo todavía hoy el maestro espiritual de la orden. A fines del siglo XII, el Císter empezó a divulgar y propagar el gótico como estilo emergente frente al románico.