jueves, 7 de octubre de 2010

Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010

Me ha dado una enorme alegría enterarme de la noticia del otorgamiento del Nobel de Literatura 2010 a Mario Vargas Llosa. Uno de los más grandes novelistas de la actualidad, un ensayista notabilísimo, un pensador liberal de talla mundial, y un hombre comprometido con su tiempo. Es un premio que honra, además de al designado, a la lengua en que escribe, patrimonio de una comunidad hispanoparlante de más de 400 millones de seres humanos en una veintena de países. Quiero rendir un modesto tributo desde este blog reproduciendo una reseña que publiqué el año 2000 cuando recién salió a la venta su novela La fiesta del Chivo. Transcribo, asimismo, una entrevista concedida a Juan Cruz en Nueva York horas después de enterarse del Nobel. He querido añadir un luminoso artículo de Enrique Krauze aparecido hoy, 13 de octubre, en el diario El País, pues lo considero como uno de los homenajes más entrañables y hermosos de los ya muchos que he leído en ocasión del Nobel.

Radiografía del despotismo
Por: Federico Zertuche


Para: María Fernanda, en recuerdos caribeños.
Sobrevolar La Española obliga al observador atestiguar un inusitado contraste geográfico: una mitad de la Isla rebosa de verdes vegetales mientras que la otra luce coloreada de pardos surgidos de la tierra desnuda, deforestada. Si uno llega a Santo Domingo proveniente de Puerto Príncipe en vuelo que exige pocos minutos, cual breve ascensión curva de reducida longitud de onda, aquella impresión se torna patente y desconcertante.

La capital dominicana lucía como un exuberante y tropical jardín surcado por calles y avenidas bulliciosas animadas por mulatos y negros de cadencioso andar con sabor a merengue y otros caribeños ritmos. Un turista como yo y mi acompañante, nos sentíamos libres de la opresión, recelo y desconfianza que hasta hacía unas horas nos acompañaron el en Haití de Baby Doc. Santo Domingo exultaba paz, discreto orden, prosperidad y, sobre todo, plácida alegría.

Era difícil imaginar que veintitantos años atrás la sociedad dominicana –a lo largo de tres décadas- todavía era presa del pánico, la ignominia, el crimen, el saqueo, la vejación sistemática, la crueldad inaudita; víctima de profundas humillaciones y del siniestro ejercicio de la Maldad que sobre ella ejerciera uno de los tiranos más abyectos de la Historia, equiparable a Calígula, Nerón, Stalin, Hitler o Mao, por su infinita capacidad para actualizar sus abominables perversiones sobre un pueblo inerme.

En la tienda del Hotel Jaguara, donde a la sazón nos hospedábamos, adquirí una biografía del Benefactor muy bien documentada y escrita por un estadounidense, que devoré estupefacto durante mi viaje por la Dominicana. Ahora lamento haberme deshecho de ella ya que se había descuadernado completamente y la considere como un lastre para el resto de nuestro periplo por el Caribe que apenas iniciábamos. No obstante, quedé marcado por ella.

La fiesta del Chivo no sólo recreó mi memoria de ese entrañable país sino que resucitó mi conciencia y mi escaso conocimiento de la histórica etapa que padecieron los dominicanos en la entonces llamada La Era, como orondamente ordenaba designar el régimen. Me movió también a reafirmar mi absoluto rechazo a toda forma de dominación despótica y tiránica y a mi consiguiente adhesión por la Razón Democrática. Y como siempre, disfruté enormemente de otra estupenda novela del extraordinario narrador y creador de ficciones que es Vargas Llosa.

Como ya ha sido ampliamente difundida y reseñada, incluyendo su presentación en Bellas Artes, ante nutrida concurrencia por Adriana Sandoval y Juan Villoro, con comentarios del autor, tengo la impresión de que el público que aún no la ha leído tiene, cuando menos, referencias sobre el tema y personaje central, así que trataré de ocuparme más de su estructura, de la narración propiamente dicha, del estilo y tratamiento novelístico que imprimió el autor a esa ficción edificada sobre una historia real, de la poderosa imaginación del escritor peruano y del claro y llano lenguaje que nos aterriza suave y verosímilmente en el entorno dominicano donde transcurre.

Sería vano esperar de esta novela juicios ideológicos o políticos, o análisis del poder, pues no se trata de ensayo, filosofía, historia o tratado de moral, ni siquiera es historia novelada o novela histórica, sino novela sustentada y armada a partir y alrededor de una ficción narrativa construida sobre hechos históricos.

Aunque política, moral, historia, sociedad, sexo, violencia, codicia y otras dimensiones de la condición humana están implícitos, por constituir partes inseparables del hombre y la sociedad –el contexto de la trama, el teatro social-, no es por razones edificantes o condenatorias que se incluyan y formen parte de la novela, sino como marco referencial que confiere sustento y verosimilitud a la ficción.

Ahora bien, la obra está estructurada desde varios ángulos abiertos por distintos narradores, incluyendo el omnisciente, ya individuales o colectivos, de planos descriptivos que se intercalan sincrónicamente a partir y hasta concluir el testimonio melodramático –hilo conductor intermitente- de un personaje ficticio y cardinal: Uriana Cabral. En ella se resumen las violencias, inequidades, engaños y desengaños, traumas, humillaciones y tiranía sexual que El Chivo (macho cabrío) llevara al paroxismo durante La Era del Terror-Pánico que instaurara sobre toda una nación.

Por otra parte, no es difícil deducir los prolijos y acuciosos empeños que tuvo que emprender Vargas Llosa para recrear el entorno (el paisaje novelístico), los escenarios y personajes: profunda investigación, estudio y conocimiento, entrevistas a personajes y personas del común relacionadas directa o indirectamente con La Era, con el Generalísimo y sus allegados, una aguda observación física del país, de su pueblo y costumbres, cultura e historia, de su lenguaje, creencias, supersticiones, mitos y religión, de las calles, avenidas, parques, edificios públicos, clima, flora y fauna, y un largo etcétera que el autor reconstruye, acomoda, dosifica y describe magistralmente a lo largo y ancho de su novela.

Las majestuosas palmeras canas, el Malecón, el incesante desconcierto de ruidos de Santo Domingo, los olores, el Jaragua reconstruido, la avenida Máximo Gómez, Sansón, el impertinente loro de la tía de Urania, la Casa de Caoba, las provincianas y empalagosas crónicas sociales de El Caribe y otros diarios, el Chevrolet azul celeste modelo 1957, son tan importantes como los personajes: La Inmundicia Viviente, Negro, la Prestante Dama, Cerebrito Cabral, Su Excelencia misma, Sister Mary, el Presidente Fantoche, Ramfis y Radhamés Trujillo, Salvador Estrella Sadhalá y los demás conspiradores, así como otros tantos del elenco –reales o ficticios- que desfilan por la tragicomedia tropical dominicana tan hábilmente recreada por el autor.

A un lado del Generalísmo, personaje que por su inaudita truculencia es dingo de figurar arquetípicamente en un sinfín de novelas u obras de teatro, dadas las infinitas posibilidades literarias y dramáticas que abre su extraordinaria cuanto aberrante biografía, a su lado, decía, discurre otro de manera paralela y discretamente, como moviéndose entre sombras, tras bambalinas, en segundos y terceros planos esquivos, alguien que no sólo elude protagonismos, sino más bien proclive al mutismo mimético, como mero objeto o instrumento inofensivo del que se puede prescindir o cambiar de sitio sin que ocurra nada trascendente: Joaquín Balaguer.

Menudo de porte, imperturbable tras sus corteses maneras y enigmática sonrisa, obediente y sumiso ante el amo, ilustrado y de pluma lista para el alago al poderoso: Dios y Trujillo: una interpretación realista, título de su obra reeditada cada año por el Instituto Trujilloneano (grotesco remedo de la venerable Smithsonian Institution), era aquel un asceta que había renunciado a los placeres de la vida (soltero, sin amantes de uno u otro sexo, abstemio, honrado y sin ambiciones materiales), ajeno a afanes de dominación despótica o siquiera ligeramente escandalosa, renuente a la violencia, prudente, frío y calculador en materia política a fin de servir eficazmente a Su Excelencia.

Un hombre de tal perfil, en medio dela vorágine política poblada de asesinos, ladrones, arribistas, depredadores profesionales, cínicos y desvergonzados férreamente dominados y tratados como marionetas por el Generalísimo, no sólo pudo sobrevivir los 31 años que duró la tiranía y ocupar casi todos los altos puestos públicos habidos y por haber, sino salir indemne del colapso de la dictadura, controlar el desplome, negociar con tirios y troyanos su desenlace y liderar la transición en calidad de presidente de la República, cargo que, con breves alternancias, siguió ejerciendo durante casi un cuarto de siglo.

Todavía en pleno siglo XXI, ciego desde hacía una veintena de años, con el vigor de sus 94 primaveras (apenas se podía mover), se lanzó como candidato presidencial en el 2,000. Todo un enigma cuya única pasión, al parecer, era el ejercicio puro del poder, sin adornos ni ostentaciones, sin desplantes teatrales ni adjetivos extrapolíticos, asexuado y oculto, sin explicitar o demostrar determinada ideología que le pudiese caracterizar, sin dar la cara: justo en las antípodas de su antiguo y legendario amo.

Contrapunto del sátrapa en lo que atañe a las formas y manifestaciones del poder, excepto en detentarlo para sí, conservarlo y ejercerlo, es en éste vértice donde se encuentra con su tutor al revés. El discreto, secreto, taciturno y callado alumno quiere superar al maestro en lo esencial, despojando las groseras apariencias.

En todo caso, la riqueza de una novela, como cualquier obra de arte, radica no sólo en el tema o los personajes, sino en la manera en que son tratados, por la forma y el estilo en que se abordan, en la narración misma, en la arquitectura o entramado que los sostiene, en fin, por la peculiar óptica y perspectiva que imprime el autor al recrear la materia prima elegida. Sin prescindir, desde luego, de una historia atractiva que contar de manera eficaz, poblada de personajes y situaciones interesantes. Continente y contenido en perfecto equilibrio y armonía que logran las grandes novelas como las de Vargas Llosa.

Mario Vargas Llosa, La fiesta del Chivo, Editorial Alfaguara, México 2000.

Recibiendo el Nobel del Rey de Suecia, Gustavo A.


ENTREVISTA HORAS DESPUÉS DE RECIBIR EL NOBELVargas Llosa: "La literatura es lo mejor que me ha pasado"

JUAN CRUZ - Madrid - 07/10/2010 Diario EL PAÍS

Mario Vargas Llosa estaba exultante. Pero no perdía esta tarde ni el sentido del humor ni el equilibrio que le ha dado rigor a su obra. Estaba sorprendido de haber sido galardonado con el premio, y estaba agradecido, aunque temeroso aún de que fuera una broma. Durante 14 minutos tanto él como su mujer, Patricia, que están en Nueva York porque el nobel 2010 da clases en Princeton, pensaron que el secretario de la Academia Sueca era "un impostor". Y le dieron 14 minutos para que ratificara que no era una tomadura de pelo. "Cuando pasaron los 14 minutos ya pude disfrutar de esta sorpresa".


¿Una sorpresa, de veras? "Déjeme que le diga antes por qué creía que era broma. Hace años le hicieron una trastada así a Alberto Moravia, el novelista italiano. Fue una noticia fea, que a él le cogió desprevenido. Entonces, inmediatamente que me dijo Patricia que habían llamado de la secretaría del Nobel nos pusimos en guardia".
Además, ya no estaba en las listas. "Y no crea, eso me tranquilizó. Estar en las listas era una pesadilla anual, porque mucha gente llamaba para indagar si era cierto que iba a ganar el Nobel. Todo eso abonaba la idea de que pudiera ser una broma una noticia que luego resultaría tan grata".


Mario Vargas Llosa se había convencido, a lo largo de los años, de que él no era un escritor para este premio. ¿Y por qué? "¿Por qué? Porque llegué a la conclusión de que yo no estaba en la identikit del Nobel; yo soy un escritor conflictivo, tomo posiciones incómodas, me equivoque o no siempre digo lo que me parecen las cosas, y todo eso me hizo creer que no era el escritor que encajara con la manera de ver la literatura por parte del jurado".


Pero la Academia Sueca ha hablado de usted, de su obra, le decimos a Mario Vargas Llosa, teniendo en cuenta precisamente esas posiciones suyas. "Aún no he visto esa declaración. ¿Me la puede leer?" Dice que le dan el Nobel a Mario Vargas Llosa "por su cartografía de las estructuras del poder y sus incisivas imágenes de la resistencia individual, la revuelta y la derrota".


"¿Dicen eso? Es magnífico. Me alegro mucho. ¡Ojalá fuera verdad. En efecto, de eso va mi obra, de la resistencia del individuo ante el poder, de la lucha de los hombres por salvar su individualidad en un mundo en el que la libertad está tan acosada. Esa nota expresa muy bien lo que yo pienso".


Y desmiente muchas cosas, muchos tópicos que se dicen sobre usted. ¿Se quedarán sorprendidos sus críticos, enmudecidos, quizá? "No creo que los deje más enmudecidos que a mí; para mí esa nota es una sorpresa. Pero no creo que mis críticos enmudezcan nunca, de todos modos".


¿Y cuál fue su primer pensamiento, la primera reflexión sobre su historia como escritor? "Fíjese que pensé, primero que nadie, en Carlos Barral; él hizo que recibiera un estímulo formidable cuando me presenté al premio Biblioteca Breve con La ciudad y los perros; hizo lo imposible porque yo saliera adelante. Y Carmen Balcells, claro; Carmen me empujó literalmente a la literatura; los dos dieron por mí una batalla inolvidable. Los he citado en todas partes ahora que me han dado el Nobel. Y he citado a España, porque sin ese país hubiera sido imposible la difusión de mi obra, y por tanto el entusiasmo que me dio para seguir escribiendo. Y algo que quiero que recoja, Carmen Balcells e Isabel de Polanco fueron en las últimas épocas de mi vida, cuando ya se aceleró la publicación de mis obras en España y en América, fundamentales en mi trayectoria editorial. Y nunca olvido eso. No olvide usted de hacerlo constar".


Vargas Llosa está a punto de publicar
El sueño del celta, en la que se exige otra vez, como autor, una disciplina que es propia de los buenos periodistas. A ese valor, el del periodismo, alude en esta respuesta. "El periodismo me ha dado la obligación de confirmar, de verificar, me ha enseñado lo importante que es la perseverancia. Si no hubiera tenido esa disciplina no hubiera sido un escritor; sigo verificando, sigo corrigiendo, obsesivamente. Es un gozo para mí escribir, sin duda, pero si detrás no hubiera este esfuerzo no hubiera escrito las historias que ahora forman parte de mi vida. Es una servidumbre y un gozo, un gran gozo".

Es un momento para resumir. ¿Qué ha sido su escritura, qué será ahora? "Mi escritura", dice Vargas Llosa, "es mi vida, es lo que soy. Soy la literatura que he hecho. Toda, y el periodismo también. Con respecto al futuro, voy a hacer todo lo posible para que la vida no cambie. Esta es una inyección de entusiasmo; pero mi vida no va a cambiar. Seguiré teniendo iniciativas, posiciones; esa libertad que ejercito seguirá siendo mi libertad como escritor, como periodista y como ciudadano. Siempre tendré los mismos compromisos; ahora, además, habrá más obligaciones, que someteré al orden que siempre me ha dado la escritura, mi trabajo".


"La literatura", terminó Mario Vargas Llosa, "es mi manera de vivir, como decía Flaubert. No tendré otra, con sus sumas y sus restas, esa es la felicidad de mi vida. La literatura me ha dado lo mejor que tengo; los amigos, las experiencias. La entraña de mi vocación no es otra que la literatura, y de ella sale todo lo que soy y todo lo que tengo. Es lo mejor que me ha pasado".


Vargas Llosa: conciencia de nuestro tiempo
ENRIQUE KRAUZE
(EL PAÍS, 13/10/2010)

El Premio Nobel otorgado a Mario Vargas Llosa es un acto de justicia con la literatura y con la libertad, palabras inseparables como sabía muy bien ese remoto maestro de Vargas Llosa que fue Isaiah Berlin. La obra de Berlin rescató y ponderó el papel liberador de la literatura en la tradición rusa. El escritor debía ser conciencia crítica de su tiempo y de su sociedad. En nuestro tiempo latinoamericano, en nuestra sociedad y nuestra lengua, nadie encarna ahora esa conciencia como Mario Vargas Llosa.


En sus novelas y ensayos, nuestro continente aparece como el escenario de un drama terrible hecho no solo de pobreza, desigualdad y crimen, sino de corrientes mentales muy profundas y dogmatismos de toda índole que no son mero reflejo de las injustas estructuras económicas internas o externas, sino engendro directo de dictadores de derecha o izquierda, y obra colectiva de castas militares, políticas, religiosas, intelectuales, burocráticas. Estas elites han sido, para Vargas Llosa, el factor fundamental en la postración social y económica de la región. Ellas son el blanco profético de su obra.


Hay una poética editorial en la obra de Vargas Llosa, una alegre y zigzagueante energía creativa que va de los temas políticos y sociales a los eróticos y amorosos, y viceversa. En su vertiente central, su obra se finca en una indignación primigenia frente a las muchas caras de la opresión y el fanatismo del poder en América Latina: la infamia de los jefes y militares en sus primeras novelas, la injusticia social y la corrupción política en Conversación en La Catedral, los delirios religiosos en La guerra del fin del mundo, los fanatismos de la identidad racial en su extraordinario (y poco leído) libro de ensayos La utopía arcaica, el desdichado y cruento utopismo guerrillero en Historia de Mayta y, por supuesto, el caudillismo de Trujillo, ese paradigma del brutal dictador latinoamericano, en La Fiesta del Chivo. Pero no se trata -nunca se trata- de una literatura de tesis. Se trata de una alta recreación de esos extremos de la maldad y la miseria humana, escritos para revelarlos, para combatirlos, para exorcizarlos.


Pero está también la otra vertiente, la lúdica y erótica, la que ha hecho sonreír, gozar y sonrojar a mujeres y hombres en todos los idiomas. Vargas Llosa la ejerce -así parece- como un remanso de libertad para reponer el alma luego del esfuerzo de aquellas tremendas novelas libertarias. En Pantaleón y las visitadoras o Los cuadernos de don Rigoberto escapan sus otros demonios y duendes, sus sueños y ensueños amorosos. Son la otra cara, más risueña, de su permanente lucha por la libertad.


Esta América nuestra que nació en los albores del siglo XIX con un proyecto liberal (republicano, democrático, federal) desvió muy pronto su rumbo hacia la adopción esencialmente reaccionaria del orden antiguo (corporativo, jerárquico, dogmático, represivo y cerrado). Tiempo después, derivó hacia el alineamiento entusiasta -teñido casi siempre de populismo- con los regímenes totalitarios del siglo XX: fascistas o comunistas. En el tránsito perdió más de un siglo y medio, solo para redescubrir, hace apenas 20 años, que el proyecto original era el único deseable. Este reencuentro de América Latina con su ideario fundacional debe mucho, desde hace mucho, a la pluma de Vargas Llosa.


Contra viento y marea -como se titula su obra ensayística- Vargas Llosa ha librado una de las más notables batallas intelectuales de la historia latinoamericana. Tras su distanciamiento del régimen cubano -origen de su desencuentro con la anquilosada clerecía de izquierda en América Latina-, Vargas Llosa regresó, casi en la soledad y por cuenta propia, a la tradición liberal europea, inglesa y rusa. Sus adversarios han querido interpretar su liberalismo como una ideología indiferente a los desheredados. La imputación es enteramente falsa y la mejor prueba está en el desempeño de Chile, Brasil y hasta del propio Perú, donde un sano liberalismo económico acompañado de proyectos de responsabilidad social asequibles (apartados del populismo y del estatismo) ha desatado un progreso sustancial en el marco de la democracia. Ese ha sido, justamente, el modelo liberal que ha pregonado desde los años setenta, en textos y foros incontables, Mario Vargas Llosa.


Como sus homólogos en la literatura rusa, Vargas Llosa es ante todo un artista "comprometido", como se decía en los años cincuenta en el París que frecuentó. Pero su compromiso, mucho más afín a Camus que a Sartre, no consiente las abstracciones nebulosas ni la fácil y autocomplaciente "corrección política". Menos aún se pasma en el ejercicio narcisista del estilo. Su obra, rica en paradojas y contrastes, espejo de glorias y miserias, es un prodigio de convergencias: tiene la precisión, la armonía y el equilibrio clásico del siglo XVIII, el aliento romántico de las grandes novelas francesas o rusas del XIX y la voluntad (controlada) de experimentación del XX (la influencia admirablemente asimilada de Faulkner, por ejemplo).


Su pensamiento y su persona pública son inseparables del carácter político de sus novelas. La prueba está en su columna quincenal en EL PAÍS y en sus ensayos en las revistas Vuelta y Letras Libres. En el papel de reportero parece un cadete de la libertad. Se mete a menudo en las trincheras del mundo (Bagdad, Gaza, Congo, Haití, Darfur), da su testimonio y nunca ha temido ser impopular. La única voz que cuenta, lo lleve donde lo lleve, es la de su conciencia.


Con su triunfo triunfa la literatura en español (con la que la Academia Sueca ha tenido una deuda impagable). Después de Cela y Octavio Paz, pasaron largos 20 años. El Nobel le fue negado a Borges, y parecía vedado a Vargas Llosa. Al premiarlo, la Academia lo honra y se honra, recobrando el nivel de sus mejores galardonados.
También triunfa la literatura latinoamericana y la peruana. El país trágico, profundo y variopinto del Inca Garcilaso, de Poman de Ayala, de Mariátegui y Vallejo, tiene por fin el Nobel que se merece. Y gana España, el hospitalario país que le abrió los brazos en momentos de incomprensión y desdicha.

El Premio llega en el mejor momento para América Latina. Aunque el caudillismo, el militarismo, el redentorismo revolucionario, el populismo, los nacionalismos obtusos, los fanatismos de la raza o la religión y el dogmatismo ideológico siguen presentes, desde hace 20 años el avance de la democracia entre nosotros es continuo. Vargas Llosa ha sido, después de Octavio Paz, su más firme defensor.


Premio al compromiso moral, a nuestra literatura y a nuestra lengua, a España, Perú y Latinoamérica, el Premio a Vargas Llosa tiene otra faceta de verdadera justicia poética.
Me refiero al hombre que lo recibe. Quien lo conoce lo reconoce: persona caballerosa y atenta, trabajador incansable y disciplinado, hay en su rostro, detrás de la sonrisa, un atisbo de melancolía frente a la necedad del mundo y la certeza, plena en él, de la inexistencia de otro mundo. Lo que sí existe son los lazos humanos concretos, y existe la familia y la amistad. Por eso su premio debe mucho a su familia: a Patricia, su mujer, a sus hijos y a su numerosa prole de nietos.

Pero lo mejor de este reconocimiento está por venir: sus libros multiplicados como panes y la comunión de los lectores nuevos con dos palabras inseparables: literatura y libertad.


Enrique Krauze es escritor mexicano, director de la revista Letras Libres.

Obras de Mario Vargas Llosa

Ficción:

El desafío, relato (1957)
Los Jefes (1959)
La ciudad y los perros (1962)
La casa verde (1966), Premio Rómulo Gallegos
Los cachorros (1967)
Conversación en La Catedral (1969)
Pantaleón y las visitadoras (1973)
La tía Julia y el escribidor (1977)
La guerra del fin del mundo (1981)
Historia de Mayta (1984)
¿Quién mató a Palomino Molero? (1986)
El hablador (1987)
Elogio de la madrastra (1988)
Lituma en los Andes (1993), Premio Planeta
Los cuadernos de don Rigoberto (1997)
La Fiesta del Chivo (2000)
El Paraíso en la otra esquina (2003)
Travesuras de la niña mala (2006)
El sueño del celta (2010)

Ensayo:

Carta de batalla por Tirant lo Blanc, prólogo a la novela de Joanot Martorell (1969)
García Márquez: historia de un deicidio (1971)

Historia secreta de una novela (1971)
La orgía perpetua: Flaubert y "Madame Bovary" (1975)
Entre Sartre y Camus, ensayos (1981)
Contra viento y marea. Volumen I (1962-1982) (1983)
La suntuosa abundancia, ensayo sobre Fernando Botero (1984)
Contra viento y marea. Volumen II (1972-1983) (1986)
Contra viento y marea. Volumen III (1964-1988) (1990)La verdad de las mentiras: ensayos sobre la novela moderna (1990)
Carta de batalla por Tirant lo Blanc (1991)
Un hombre triste y feroz, ensayo sobre George Grosz (1992)
Desafíos a la libertad (1994)
La utopía arcaica. José María Arguedas y las ficciones del indigenismo (1996)
Cartas a un joven novelista (1997)
El lenguaje de la pasión (2001)La tentación de lo imposible, ensayo sobre Los Miserables de Victor Hugo (2004)
El viaje a la ficción, ensayo sobre Juan Carlos Onetti (2008)

Teatro:

La huida del inca (1952)
La señorita de Tacna (1981)
Kathie y el hipopótamo (1983)
La Chunga (1986)
El loco de los balcones (1993)
Ojos bonitos, cuadros feos (1996)
Odiseo y Penélope (2007)
Al pie del Támesis (2008)
Las mil y una noches (2010)
AutobiografíaEl pez en el agua (1993)
PelículasPantaleón y las visitadoras (1975)

Otras obras y publicaciones:
A Writer's Reality, ("Una realidad de un escritor") colección de conferencias dictadas en la Universidad de Siracusa (1991)
Making Waves, ("Haciendo olas") selección de ensayos de Contra viento y marea, publicado sólo en inglés (1996)
Nationalismus als neue Bedrohung, selección de ensayos políticos, publicado sólo en alemán (2000)
El lenguaje de la pasión, selección de artículos de la serie Piedra de toque (2001)
Diario de Irak, selección de artículos sobre la guerra en Irak (2003)
Un demi-siècle avec Borges, entrevista y ensayos sobre Borges, publicado sólo en francés (2004)
Mario Vargas Llosa. Obras Completas, Vol. III Novelas y Teatro (1981-1986), (2005)
Dictionnaire amoureux de l’Amérique latine, ensayos publicados inicialmente sólo en francés, (2005)
Diccionario del amante de América Latina, versión en español, (2006)
Israel/Palestina. Paz o guerra santa, recopilación de artículos, (2006)
Diálogo de damas, poemas relacionados con las esculturas de Manolo Valdés, Aeropuerto Barajas de Madrid (2007)
Ma parente d'Arequipa, octobre 2009, textos cortos, en francés
Comment j'ai vaincu ma peur de l'avion, octobre 2009, textos cortos, en francés
Sables y utopías, recopilación de sus artículos y cartas sobre América Latina (2009)




1 comentario:

Irma dijo...

Estoy felíz por este premio tan merecido, tú sabes como he admirado a Vargas Llosa por tanto tiempo. Actualmente estoy en Provence, llegué ayer. Mil gracias por enviarme tu artículo. Me gustaría estar allá y darte un gran abrazo para compartir esta emoción de que ganó este escritor que tanto nos gusta. Gracias, un beso,
Irma