miércoles, 5 de enero de 2011

Homenaje a Mahler


Gustav Mahler: poética sinfónica.

Por: Federico Zertuche


Cuando escucho el Adagietto de la Quinta Sinfonía de Mahler, experimento un raro placer que se prolonga y ensancha a lo largo de sus elegantes y sostenidas notas que al formar un lenguaje armónico indefectiblemente me transporta a mundos y paisajes sonoros de extraña e íntima coloratura, cuya intensidad y profundidad conforman un peculiar fraseo musical que se antoja poético.


Mahler ejerce sobre mí una especie de encantamiento por vía de la imaginación musical que despierta cada obra suya; una irrevocable seducción sonora atraída por la fortaleza de su propuesta sinfónica que va de la mano, casi siempre, de voces y coros, de hermosos lieder, no siempre alegres sino melancólicos, tristes o trágicos, en los que subyace una cosmovisión poblada de dilemas existenciales, espirituales, religiosos o metafísicos, como puede apreciarse en la exquisita Canción de la Tierra, ciclo de seis canciones sobre textos chinos.


La hermosísima Cuarta Sinfonía, quizá la más apacible, optimista y sencilla, concluye con un cuarto movimiento en el que destaca el solo de soprano con canciones que anuncian que el personaje encarnado ya está en el cielo gozando de delicias gastronómicas. Las estrofas del poema cantado están separadas por vivaces interludios orquestales basados en el tema que abre el primer movimiento.


Como excelente director de orquesta que fue durante años, Mahler logra en sus propias composiciones una maravillosa y singular atmósfera orquestal en la que sobresalen su manejo de los instrumentos de viento, alientos y de percusión tanto por la variedad como por el peculiar uso del contrapunto. Varios de esos instrumentos de viento y su utilización son poco comunes en otros compositores.


Mahler fue en vida un reconocido director, a grado tal que dirigió la Ópera de Budapest, la de Hamburgo, luego la de Viena y después, la Metropolitan Opera House de Nueva York y finalmente, la Filarmónica de Nueva York de 1910 a 1911. Sin embargo, como compositor no fue comprendido ni apreciado en su época y, como él mismo predijo, su música no sería conocida sino cincuenta años después de su muerte.


Durante el nazismo su música fue prohibida en Alemania, luego en Austria y demás países bajo dominación germánica, tanto por el origen judío de Mahler como porque la consideraban “música degenerada” quizá por las armonías disonantes, tan comunes en los compositores del siglo XX.


Aunque sus sinfonías terminan aparentemente con alegría, sobresale siempre al fondo un dejo de tristeza. En su obra, pletórica de marchas fúnebres, se plasma una obsesión por la muerte. Compone con dramatismo operístico y trasmite su particular forma de ver el mundo, de vivir las narraciones que lo inspiraron. Tal es el caso de Canciones de los niños muertos (Kindertotenlieder).


Gustav Mahler nació en el 7 de julio de 1860, en la población bohemia de Kalischt, en el otrora imperio austro-húngaro hoy República Checa, en el seno de una familia judía pobre. En casa de su abuelo había un piano, hecho que marcó su vida para siempre. Desde los cinco años se interesó por la música y a los siete compuso una canción y una polka. Aunque con su familia acudía a la sinagoga, formó parte del coro de una iglesia católica.


Su padre, hombre rudo y déspota, reconoció, sin embargo, el talento de su hijo y lo envió a estudiar a Praga y luego por méritos fue enviado al Conservatorio de Viena, donde destacó como un excelente alumno. Esperaba ganar un concurso para sostenerse, pero al no obtener el primer lugar tuvo que abandonar los estudios y dedicarse a trabajar.


Luego encontró trabajo como director en orquestas de pueblos pequeños hasta que, como ha quedado dicho, logró la titularidad de la Ópera de Budapest y de ahí hasta la Filarmónica de Nueva York a la que tuvo que renunciar por motivos de salud que le llevaron poco después a la muerte en Viena el 18 de mayo de 1911 sin haber cumplido los 51 años.


Poco se ha escrito sobre su vida personal, sin embargo llama la atención la siguiente anécdota: el 24 febrero de 1901, sintiéndose mal, dirigió la Orquesta Filarmónica de Viena con la Quinta Sinfonía de su gran amigo Bruckner, y en la noche, dirigió la ópera La flauta mágica. Al terminar lo llevaron al hospital donde lo intervinieron por una severa hemorragia intestinal que lo obligó a una larga convalecencia ¿Cómo logró dirigir dos obras en esa tarde-noche con hemorragia interna? Sólo lo explica su alto sentido de responsabilidad. Empleó el «descanso» en componer canciones, terminar la Cuarta Sinfonía e iniciar la Quinta.


Alma Mahler
Durante su época de triunfo en Viena, se casó en 1902 con Alma Marie Schindler, hija del pintor Emil Schindler. Fue un matrimonio desafortunado y de hecho, se separaron. Ella destacó después como compositora. Con Alma, tuvo dos hijas: María, quien murió de escarlatina a los 5 años y Anna que lo sobrevivió y conservó todas sus obras y luchó por darlas a conocer, para lo que debió enfrentar a su madre que todo lo vetaba.


Alma Mahler fue un personaje muy singular por el que vale la pena detenernos un poco: creció en un entorno privilegiado que frecuentaban grandes artistas. Después de la muerte de su padre, su madre, Anna, se volvió a casar con uno de los últimos discípulos de su marido. Entre los amigos de su padrastro estaba Gustav Klimt, que le dio su "primer beso". Siendo joven, Alma tuvo una serie de flirteos, entre ellos uno con Klimt, otro con el director teatral Max Burckhard y también con el compositor Alexander von Zemlinsky.


El 9 de marzo de 1902 se casó con Gustav Mahler, quien amó profundamente a Alma; del famoso Adagietto de la Sinfonía nº 5, del segundo tema de la Sexta y de pasajes similares en la Octava, se dice que son retratos musicales de Alma.


En el verano de 1910 Alma fue a reposar a un balneario en Tobelbad, en Austria mientras Mahler se instalaba en su residencia de verano en Toblach para componer. En este tiempo, Alma se enamoró del joven arquitecto Walter Gropius, que años más tarde fundaría la Bauhaus. Mahler descubrió la infidelidad por una carta de Gropius y sufrió amargamente por ello; le pidió que se quedase con él. Súbitamente, recuperó el interés por las composiciones de su mujer, pero ya era tarde. Tuvo una consulta médica (una sesión del entonces novedoso psicoanálisis) con Sigmund Freud para indagar en las causas de su estado de ánimo y plasmó su situación emocional en la obra que componía por entonces, la Sinfonía número 10. Mahler murió en 1911 pocos meses después de estos acontecimientos.


Alma tuvo un affaire con el pintor Oskar Kokoschka, que la retrató varias veces y que en su Der Windsbraut (La esposa del viento) representó su amor por ella. Kokoschka se mandó hacer una muñeca de tamaño real para recordar a Alma con todos sus detalles. Los rumores dicen haberlo visto en un teatro local llevando la muñeca como si se tratara de su compañera.


Temerosa de la pasión de Kokoschka, Alma volvió a Gropius, con quien se casó en 1915. Tuvieron una hija, Manon, que moriría de poliomielitis a los 18 años. El compositor Alban Berg, gran amigo suyo, y que sentía gran cariño por la niña, escribió su famoso Concierto para violín y orquesta "A la memoria de un ángel".


El matrimonio con Gropius no funcionó. Alma le fue infiel con el poeta y novelista Franz Werfel, y quedó embarazada. El niño nació prematuramente y murió a los diez meses. Alma se divorció de Gropius y luego se casó con Werfel. En 1938, Alma y Werfel, para escapar del Anschluss (la anexión a Alemania), dejaron Austria y viajaron a Francia. Tras la invasión alemana y la ocupación de Francia durante la Segunda Guerra Mundial y ante una posible deportación de los judíos a los campos de concentración nazis (Werfel también era judío), abandonaron Francia. Con la ayuda de un periodista, escaparon del régimen nazi en un singular viaje por los Pirineos hasta España y de ahí a Portugal y Nueva York. Se establecieron eventualmente en Los Ángeles, donde Werfel logró un singular éxito con su novela La Canción de Bernadette que fue convertida en una película en 1943 con Jennifer Jones como protagonista. Después de la muerte de Werfel en 1945, Alma se instaló en Nueva York donde era un personaje cultural destacado, y publicó parte de las cartas de Mahler y sus propias memorias Mein Leben (traducido al inglés And the Bridge is Love - Y el puente es el amor). Su figura sigue siendo el centro de una gran polémica.


Como director de orquesta Mahler fue particularmente exigente. Despedía a todo músico que no considerara con suficiente capacidad. Exigía silencio total en la sala durante la ejecución y no permitía que nadie ingresara una vez iniciada. Hoy es lo normal en la mayor parte de teatros del mundo, pero en la Viena de principios del siglo XX, los asistentes se sentían con derecho a llegar a la hora que querían y a platicar durante el concierto. Todo esto le valía críticas de la prensa. Hoy se le celebra esa exigencia.


Es hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial y gracias a la decidida labor de directores como Bruno Walter, Otto Klemperer y, más tarde, Bernard Haitink o Leonard Bernstein, cuando su música empezó a interpretarse con más frecuencia en el repertorio de las grandes orquestas, a grabarse y adquirir merecida fama y aclamación del público.



Eduardo Mata
En México, Mahler fue ampliamente conocido en buena medida por la interpretación de sus obras por la Filarmónica de la Universidad Nacional Autónoma de México bajo la dirección del inolvidable Eduardo Mata, quien, por cierto, dedico un ciclo a Mahler a principios de la década de 1970.


A continuación se transcribe una relación comentada de sus lieder y sinfonías por la musicóloga Mireille Méjan.


ALEGRÍA Y TRAGEDIA EN SUS CANCIONES


Las canciones de Un camarada errante (Lieder eines fahrenden Gesellen). Basadas en poemas anónimos alemanes, con letra y música de Mahler, narran primero la desolación de un joven y después su alegría ante un bonito día y termina trágicamente con su muerte. La Primera Sinfonía transcribe melodías de estas canciones. Un barítono interpreta lamentos como éste: Cuando mi amada tenga su alegre día de bodas ¡yo tendré mi día de pesares!


El muchacho del cuerno mágico (Des Knaben Wunderhorn). Colección de doce cuentos anónimos alemanes, recopilados a principios del siglo XIX, a los que pone música. Incluye fragmentos en la Segunda, Tercera y Cuarta Sinfonías.


Canciones sobre poemas de Rückert (Lieder nach Gedichten von Friedrich Rückert). Son cinco canciones inspiradas en composiciones del poeta. Particularmente interesante es: A medianoche (Um Mitternacht).


Canciones de los niños muertos (Kindertotenlieder). Canciones sobre poemas de Rückert1, interpretadas por barítono. Al parecer en memoria de sus hermanos fallecidos. Mahler fue el segundo de quince hijos, pero nueve de sus hermanos murieron siendo niños. Al fallecer su hija modificó la tercera canción para dedicársela. Poéticas y tristes, cito un texto: Protegidos de la mano de Dios descansan como si estuvieran en casa. Cuando tu madre entra giro para verla, pero no veo su rostro, sino el umbral donde estaría tu amada carita si hubieras entrado como solías hacer, hijita.


NUEVE SINFONÍAS Y UN POEMA INCONCLUSO


Escribió nueve sinfonías y el poema sinfónico. Con dos movimientos y composiciones inconclusas, Deryck Cooke armó la décima sinfonía pero nunca logró la aceptación de los admiradores de Mahler.


Primera Sinfonía. Conocida como Titán, la estrenó siendo director de la opera en Budapest. Utiliza algunos acordes de las Canciones de un camarada errante. Generó opiniones encontradas, es difícil entender el tercer movimiento que combina una marcha fúnebre con una popular canción de niños Frère Jacques (conocida en castellano como Martinillo). Mahler lo justifica diciendo que en el mundo se yuxtaponen la crueldad, la jovialidad y la trivialidad.


Segunda Sinfonía. Se conoce como Resurrección, estrenada en 1895 en Berlín, sufrió varias modificaciones hasta su versión final. La llaman Sinfonía-oratorio, porque en ella plasma su angustia cósmico-religiosa. Gira en torno al sentido de la vida y la muerte. El cuarto movimiento presenta una canción de Des Knaben Wunderhorn interpretada por contralto; en el quinto (con textos inspirados en el poema Resurrección de Klopstock), participan soprano, contralto y coro. Casi al final, contralto y coro cantan: cesa de temblar, prepárate a vivir, haciendo referencia a la resurrección y el coro con un gong (quizá debería haber utilizado un shofar)2, fuera del escenario, concluirá: moriré para vivir, resucitar, sí mi corazón, vas a resucitar, en un instante, lo que has vencido te llevará a Dios.


Tercera Sinfonía. Una pastoral. Requiere un coro femenino y otro de niños y como solista una contralto. En el cuarto movimiento incluye ¡Oh hombre! (O Mensch!), un pequeño fragmento de Así hablaba Zarathustra de Friedrich Nietzsche. El quinto movimiento requiere a la solista y a los dos coros para cantar un fragmento de Des Knaben Wunderhorn. Podría titularse: Sobre la naturaleza, al parecer él pensó titularla: Sueño de una mañana de verano.


Cuarta Sinfonía. Podría titularse Pastoral. Incluye en el cuarto movimiento una de las canciones de Des Knaben Wunderhorn, interpretada por mezzosoprano. Es quizá la más tranquila y poco rebuscada. Poco entendida en su tiempo, poco apreciada hoy, ¡qué cosas de la vida!


Quinta Sinfonía. Es muy conocido el Adagietto, utilizado por Luchino Visconti en la película Muerte en Venecia (1971), e incluido por Karajan en su primera colección de Adagios.


Sexta Sinfonía. Se ha dicho que la Trágica, estrenada en Essen en 1906, es la menos postromántica, que es casi romántica por su estructura aunque curiosamente, la menos conocida. Clásica dicotomía mahleriana alegría-tristeza, la lucha entre el amor y la muerte en la que triunfa la última. Cabe señalar que no deja sensación de tristeza.


Séptima Sinfonía. Canto o Música de la noche (Nachtmusik) se estrenó en Praga en 1908. Poco conocida, elegante, sobria, nos lleva a través de bosques y sonidos nocturnos hacia el exterior en un día soleado. De la oscuridad a la luz en final festivo, no muy usual en Mahler.


Octava Sinfonía. Se titula De los mil porque la interpretan 858 cantantes y 171 instrumentistas. La estrenó en Munich en 1910 y constituyó su máximo triunfo en vida. En la primera puso música al canto medieval propio de Pentecostés: Veni, Creator Spiritus. La segunda es la escena final del Fausto II de Goethe. Requiere tres coros, uno infantil y la participación de tres sopranos, dos contraltos, un tenor, un barítono y un bajo, lo que la hace muy difícil de presentar. Constituye su gran éxito: la perfecta mezcla de coros, voces e instrumentos. Aunque aparentemente la temática es cristiana, es una religión muy estilo Goethe y Mahler, que distan mucho de ser cristianos convencidos. Eso sí, es una gran sinfonía coral.


Novena Sinfonía. Última que escribió antes de morir y no pudo estrenar. Personalmente me parece una despedida. Inicia en un andante melancólico y culmina en un hermoso adagio, que nunca perdonaré a Karajan no haber incluido en sus colecciones de adagios. Al final se percibe, casi apagada, la música de la canción A veces pienso que nos abandonaron, en clara alusión a la muerte, pero tranquila, sin angustia. Una serena despedida.


El Poema Sinfónico. La canción de la Tierra es un ciclo de seis canciones escritas sobre textos chinos, cuatro de Li Tai Po y dos de Mong Kao-Yen y Wang Wei,3 de exquisita belleza, cada una constituye un movimiento. La sexta canción, La despedida, deja tranquilidad: Mi corazón está tranquilo y espera su hora. ¡La querida tierra florece por todas partes en primavera y se llena de verdor nuevamente! ¡Por todas partes y eternamente resplandece de azul la lejanía eternamente… ¿Encontraría al final la paz que buscaba?


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1 Poeta alemán (1788-1866) Kindertotenlieder es una colección de 425 poemas inspirados en la muerte de siete de sus diez hijos. Al parecer Mahler convirtió cinco de ellos en canciones en recuerdo de sus hermanos fallecidos.
2 Shofar es el cuerno utilizado en el Medio Oriente y presente en ciertas ceremonias judías.
3 Famosos poetas del siglo VIII, durante la dinastía Tang.

 
 


domingo, 26 de diciembre de 2010

Adiós a las razas

Anacronismo del concepto racial
-Implicaciones jurídicas y políticas-

Por: Federico Zertuche

Clasificar a los seres humanos según rasgos físicos tales como el color de la piel, del cabello o de los ojos, por su estructura craneal, esquelética u ósea en general, por la morfología de labios, frente, párpados, mentón, pómulos, orejas, manos, pies, complexión, estatura, peso, etc., fue una manera de establecer categorías con pretensiones científicas a fin de estudiar al ser humano a través de una antropología física no exenta de prejuicios, intereses ideológicos y políticos, y de un pronunciado eurocentrismo dado el contexto de la colonización entonces en boga, ya que el concepto de raza empezó a emplearse a partir del siglo XVII en Europa.

Si bien es cierto que hasta mediados del siglo XIX se intentaron diversos sistemas clasificatorios o categorías raciales, nunca alcanzaron rango científico debido a la imposibilidad de establecer y probar la existencia de las llamadas "razas puras", distinguir unas de otras y clasificarlas. Y no es posible porque en realidad todos los seres humanos formamos una sola especie dado que provenimos de un mismo tronco u origen evolutivo que la ciencia moderna localiza en el Este de África, de donde partieron los primitivos grupos humanos en sucesivas y prolongadas migraciones hasta poblar el resto de la Tierra. La llamada Garganta de Olduvai, situada en la llanura del Serengueti en Tanzania, constituye uno de los yacimientos paleontológicos y arqueológicos prehistóricos más importantes de donde surgieron los primeros seres humanos. 



Las clasificaciones y categorías raciales con base en rasgos físicos, llevaron a muchos individuos, pueblos y hasta naciones a valerse de tales pretextos para justificar sus prejuicios, intereses ideológicos y políticos, así como por ambición y codicia económicas, discriminando y oprimiendo a otros grupos, pueblos y naciones convencidos de su supuesta "superioridad racial" ante la "inferioridad" de los otros. Así, principalmente los europeos (aunque no únicamente), dominaron y expoliaron a pueblos enteros en África, Asia y América (negros, amarillos o mongólicos, e indios americanos), a quienes consideraban salvajes y primitivos que había que civilizar y cristianizar.

En tal contexto apareció y se extendió el racismo durante los siglos XVIII, XIX y XX, que no obstante las múltiples justificaciones y pretensiones científicas en que se creía sustentar, resultó un simple y llano prejuicio por las razones arriba expuestas. En todo caso, la culminación más aberrante de tal prejuicio traducido ideológica y políticamente, fue el delirio genocida nazi, que consideraba la raza aria como superior a las demás, y en particular sobre judíos, negros y gitanos, a los que se sentían con derecho a exterminar violenta y sistemáticamente como política de Estado.

No obstante, con los avances científicos, particularmente en paleontología,
Los paleontólogos Mary y Louis Leakey, en el Este de África.
antropología, biología y medicina en lo que concierne al estudio de los tipos sanguíneos, bioquímica en lo relativo al estudio de la genética, al descubrimiento del ADN y al análisis de los cromosomas y de los genomas como el mitocondrial, las clasificaciones raciales quedaron completamente desfasadas por carecer de sustento científico, pasando a ser un anacronismo fallido del que quedaron solamente los prejuicios en que se sostenían.


Actualmente hay una fuerte tendencia mundial contra cualquier forma de racismo y son cada vez más los seres humanos en todos los pueblos y naciones que lo perciben como un prejuicio nocivo y conducta antisocial retrógrada.

Acorde a los avances científicos en el análisis del ADN podemos establecer
con suficiente certeza que el ADN o genoma mitocondrial , cuya estructura fue descifrada en 1981 por S. Anderson, tiene herencia matrilineal, es decir, que heredamos nuestras mitocondrias sólo de nuestras madres. Una característica importante es que no se re-combina, ello implica que los únicos cambios que podrían haber sucedido, se deben exclusivamente a mutaciones ocurridas a lo largo de muchas generaciones.

En el ser humano se calcula que cada 5 a 10 mil años surge una mutación en una de las bases del ADN mitocondrial; según esto se obtienen dos importante conclusiones: la primera es que se logra demostrar el origen africano de los humanos modernos, calculando que toda la humanidad desciende matrilinealmente de una sola mujer, la Eva mitocondrial, mujer africana que habría vivido hace aproximadamente 190,000 años; y en segundo lugar se demuestra que no existen razas puras, ya que todos los pueblos descienden de la mezcla de un conjunto de linajes diferentes.

Para tener una mejor visión de nuestro árbol genético fue necesario buscar la
Cromosomas X y Y. 
herencia patrilineal. El cromosoma "Y" cumple bien esta función, ya que es el que determina el sexo masculino y por lo tanto se hereda del padre a hijos hombres; además que es muy estable por su baja recombinación y nos ha permitido conocer que todos descendemos de un único hombre, denomindo Adán cromosómico, es africano y tiene una antiguedad entre 60 y 90 mil años.


Las diferencias en el color de la piel, cabellos y ojos de los grupos humanos,
se deben a la cantidad de melanina que produce cada individuo en función de su exposición prolongada al Sol o contrariamente, su insuficiencia. La melanina es el pigmento que está en el protoplasma que luego se manifiesta en la piel, cabello y retina de los ojos. La mayor o menor cantidad de melanina es resultado de una mutación por razones climáticas.

De esta forma, actualmente hablamos de grupos étnicos, genómicos, culturales, lingüísticos, nacionales, etc., todos los cuales conforman la familia o especie humana. Así de simple, aunque también de complejo y profundo.

Así pues, a estas alturas y luego de las nefastas consecuencias y secuelas
Gueto de Varsovia 1943. 
dejadas por la ideologización y politización de los prejuicios raciales, las sociedades contemporáneas, las naciones y Estados que conforman, deben desterrar de su vocabulario y hábitos mentales las clasificaciones o categorías humanas en función de razas por las razones expuestas.


De tal manera que si en nuestras leyes, reglamentos y demás normas jurídicas, incluyendo actos administrativos y políticas públicas que establecen criterios sobre bases raciales, estarán propiciando, sin ninguna duda, la división de los seres humanos sobre un prejuicio, que lejos de hacer justicia o ser equitativo, fomenta división y enfrentamientos innecesarios, estériles y abiertamente nocivos. Tratase de un auténtico contrasentido.

Es absurdo querer hacer justicia a determinado grupo étnico que históricamente ha sido o es discriminado, legislando o reglamentando normas en función o por razones raciales, sobre bases o criterios justamente racistas, diferenciando a los grupos nacionales en función de su raza o etnia, y otorgando derechos especiales a unos y a otros no. Al obrar así se incurre en el mismo error y prejuicio que se quiere subsanar, aunque ahora propiciados por y desde el Estado mismo. Las normas jurídicas deben ser universales, generales, equitativas e igualitarias.

Un Estado democrático y de derecho aglutina en su seno a una población diversa y plural, a la que el legislador debe reconocer en igualdad ante el poder político y la ley. Sólo así podremos erradicar el racismo: al igualar derechos y obligaciones a todos los seres humanos sin distingo alguno, así como oportunidades reglamentadas de manera equitativa.

martes, 30 de noviembre de 2010

Balada de la cárcel de Readign

Una evocación de Wilde
Por: Federico Zertuche


Tras cumplir dos años de trabajos forzosos en la cárcel de Reading, como secuela del escandaloso juicio que lo condenara por haber sido acusado de conducta “indecente” y homosexualidad, luego perder todo cuanto tenía: familia, fortuna,
fama y prestigio, un abatido Oscar Wilde parte al exilio en Francia donde culmina dos de sus obras cumbre: el extenso poema que ahora reproducimos parcialmente y la epístola a su ex amante titulada In carcere et vinculis (De profundis), cuya traducción al español por José Emilio Pacheco recomendamos ampliamente. Poco después, hace ciento diez años, el 30 de noviembre de 1900, muere herido por el olvido, abandono y amargura.

Como sabemos, inicialmente Wilde demandó por difamación al marqués de Queensberry, padre de su amante lord Alfred Douglas, quien le había dejado en el club Albermale una tarjeta con siete palabras y una falta de ortografía que decía: “To Oscar Wilde, posing as a somdomite”.

No obstante, Queensberry logra suficientes testigos, con protección policial, que presentan testimonio aseverando sobre la “sodomía” de Wilde, por lo que además de perder su causa, ésta se le revierte en virtud de la Labouchéré’s Criminal Law Amendement, que consideraba la homosexualidad como un delito; Wilde es condenado, y como consecuencia del escándalo recae sobre él el más absoluto ostracismo social.

Al no pagar las costas del juicio, Wilde es declarado en quiebra y el remate
Wilde con Alfred Douglas
público de su casa se transforma en saqueo. Constance, su esposa, tiene que huir con sus dos hijos a los que luego les cambia el apellido. Sus obras son retiradas de los teatros, sus libros desaparecen de circulación, la prensa organiza una implacable campaña de odio, y una Inglaterra, victoriana y puritana, que hasta hacía muy poco lo mimaba y aplaudía, se lanza ferozmente en su contra.

Algunos críticos consideran aquellas dos creaciones como sus obras maestras y estiman que luego del abismo en que se precipitó, habría nacido o surgido lo mejor de Wilde. No sé si realmente así fue, pero si puedo sentir la profundidad, densidad e intensidad poética y vital que emanan de ambas, así como el alejamiento de su anterior estilo esteticista y decadentista al sumergirse en ese otro que propone, notorio, significativo y de resultados francamente excepcionales.

La Balada es un extenso poema de más de cien estrofas en las que percibimos

una visión sombría y trágica de la vida y condición humana expresada en hermosos versos sonoros y memorables: “Pero todos los hombres matan lo que aman, oíd, oídlo todos”. La historia que Wilde recrea en su poema, trata de un compañero de reclusión que fue ejecutado por haber asesinado a su esposa.

Fue publicada en 1898, dos años antes de su muerte y uno después de haber salido de la cárcel. La traducción que en seguida reproduzco es de León Mirlas, hecha para la Colección Austral de Espasa-Calpe, que en lo personal me gusta mucho y releo con frecuencia. Por razones de espacio, transcribo solamente los pasajes I, II y V, el último de ellos.



Balada de la cárcel de Reading


In memoriam
C.T.W.
Antaño soldado de los guardias de la Real Caballería, murió en la cárcel de Su Majestad de Reading, Brekshire, el 7 de julio de 1886.

I

No lucía su chaqueta escarlata, porque la sangre y el vino son rojos
y había sangre y vino en sus manos cuando lo sorprendieran con la muerta,
la pobre muerta a quien había amado, la mujer que matara en su lecho.

Caminaba entre dos penados en su mísero traje gris,
tocado con un gorro de cricket, y su andar parecía ágil y alegre:
pero jamás vi a un hombre que mirara tan ávidamente el día.

Jamás vi a un hombre que mirara con tan ávidos ojos
ese pequeño dosel azul que los cautivos llaman cielo
y toda nube a la deriva con sus velas de plata.

Yo caminaba, con otros condenados, dentro de otro círculo,
y me preguntaba si aquel hombre había hecho algo grande o pequeño,
cuando una voz murmuró a mis espaldas: “Ese hombre será ahorcado.”

¡Dios mío! Me pareció, de pronto, que hasta los muros de la prisión se tambaleaban,
y el cielo, allá arriba, se me antojó un casco de candente acero;
y aunque yo era un alma doliente, no pude sentir mi dolor.

Sólo sabía qué acosado pensamiento aceleraba su paso y por qué
miraba aquel hombre el deslumbrante día con tamaña avidez en los ojos:
había matado lo que amaba, y por eso debía morir.

Pero todos los hombres matan lo que aman, oíd, oídlo todos:
algunos lo hacen con una mirada amarga; otros, con una palabra lisonjera.
¡El cobarde lo hace con un beso, el valiente con una espada!

Algunos matan su amor cuando son jóvenes, y otros, cuando viejos;
algunos lo estrangulan con las manos de la Lujuria, otros, con las manos del Oro:
el más bondadoso usa un cuchillo, para que el muerto se enfríe pronto…

Algunos aman harto poco; otros, demasiado; unos venden y otros compran;
hay quienes obran con muchas lágrimas y quienes matan sin un suspiro:
porque todo hombre mata lo que ama, pero no todo hombre muere.

No todo hombre muere de muerte ignominiosa, un día de oscura vergüenza,
ni se le echa un dogal al cuello y una mortaja sobre le rostro,
ni bailan sus pies delante, a través del piso, en el vacío.

No todo hombre es vigilado noche y día por hombres silenciosos,
que lo acechan cuando quiere llorar y lo acechan cuando quiere rezar:
que lo acechan por temor a que le robe su presa a la cárcel.

No todo hombre despierta al alba y ve su celda atestada de terribles figuras:
el trémulo capellán de traje blanco, el alguacil severamente lúgubre
y el director de la prisión, en su lustroso traje negro, con el amarillo rostro del Destino.


No todo hombre se levanta con lastimera prisa para vestir su ropa de penado,
mientras algún médico de habla vulgar se deleita y anota cada nuevo y crispado gesto,
consultando un reloj cuyos leves tictacs parecen tremendos martillazos.

No todo hombre siente esa repugnante sed que reseca la garganta
antes de que el verdugo, con sus guantes de jardinero, franquee la forrada puerta
y ate al reo con tres correas de cuero, para que la garganta no pueda sentir sed.

No todo hombre doblega la cabeza para oír el oficio de difuntos,
ni pasa junto a su propio ataúd, cuando la angustia de su alma
le dice que no está muerto, al entrar en el abominable tinglado.

No todo hombre mira absorto el aire a través de un pequeño tejado de vidrio,
ni reza con labios de arcilla para que pase su tormento,
ni siente sobre la trémula mejilla el beso de Caifás.

II

Seis semanas, y el centinela siempre recorriendo el patio en su mísero traje gris.
Tocado con la gorra de cricket, su andar parecía ágil y alegre;
pero nunca vi a un hombre que mirara tan ávidamente el día.

Jamás vi a un hombre que mirara con tan ávidos ojos
ese pequeño dosel azul que los cautivos llaman cielo
y cada vagabunda nube que pasaba arrastrando sus deshilachados vellones.

No se retorcía las manos, como los necios que pretenden, audazmente,
criar a la voluble Esperanza en la caverna de la negra Desesperación:
tan sólo miraba el sol y bebía el aire de la mañana.

No se retorcía las manos ni lloraba, ni tampoco acechaba ni languidecía,
sino que bebía el aire, como si éste contuviera algún medicamento
inofensivo y sano. ¡Abierta la boca bebía el sol como si fuese vino!

Y yo y todos los demás condenados que vagábamos por el otro círculo
olvidábamos si habíamos hecho, por nuestra parte, algo grande o pequeño,
y contemplamos con aturdido asombro al hombre que iban a ahorcar.

Porque era extraño verlo pasar con andar tan ágil y alegre,
y era extraño verlo mirar tan ávidamente el día,
y era extraño también pensar que debía pagar semejante deuda.

Porque el roble y el olmo tienen gratas hojas que emiten brotes en la primavera;
pero es ceñudo el árbol de la horca, con su raíz mordida por la víbora,
¡y esté tierno o seco el hombre debe morir antes de que ese árbol dé su fruto!

El sitio más alto de esa sede de gracia que buscan todos los seres terrenos.
Pero… ¿quién se atrevería a erguirse en el patíbulo con el nudo de cáñamo al cuello
y a arrojar su última mirada al cielo a través del dogal de un asesino?

Es dulce bailar al son de los violines cuando el Amor y la Vida son bellos;
Es delicado y exquisito bailar al son de las flautas, de los laúdes.
¡Pero no es dulce bailar en el aire con ágiles pies!

Así, con curiosos ojos y asqueada conjetura, lo observábamos día tras día,
y nos preguntábamos si nuestro fin sería el mismo;
porque nadie sabe a que rojo infierno puede extraviarse su alma ciega.

Finalmente, el muerto no caminó más entre los penados,
y comprendí que estaba parado en el terrible recinto de la negra barra
y que jamás volvería a ver su rostro, para bien o para mal.

Nos habíamos cruzado como dos barcos predestinados en la tempestad,
pero sin hacernos un signo, sin decirnos una palabra, sin tener qué decirnos;
porque no nos habíamos encontrado en la santa noche, sino en el vergonzoso día.

El muro de una prisión nos rodea a ambos, éramos parias los dos;
el mundo nos había expulsado de su corazón y Dios de Su interés,
y la trampa de hierro que acecha al Pecado nos había atrapado.

V

En la cárcel de Reading, junto a la ciudad de Reading, hay una fosa de vergüenza
y yace en ella un desdichado comido por los dientes de la llama;
yace en un sudario ardiente y su tumba no tiene nombre.

Que yazga allí en silencio hasta que Cristo llame a los muertos.
No hay necesidad de derrochar la lágrima tonta o exhalar el enfático suspiro.
Aquel hombre había matado lo que amaba y por eso tenía que morir.

Y todos los hombres matan lo que aman, oíd, oídlo todos.
Algunos lo hacen con una mirada amarga; otros, con una palabra lisonjera.
¡El cobarde lo hace con un beso, el valiente con una espada!


Referencias bibliográficas:



Oscar Wilde, Obras completas, Recopilación, traducción, prefacio y notas explicativas por Julio Gómez de la Serna, Editorial Aguilar, Madrid 1981.

Oscar Wilde, Balada de la cárcel de Reading, Colección Austral, Espasa-Calpe, Madrid 1959.

Oscar Wilde, Epístola: In Carcere et Vinculis (“De Profundis”), Traducción e Introducción de José Emilio Pacheco, Seix Barral, Barcelona 1980.



domingo, 28 de noviembre de 2010

El relato religioso

Narrativa cristiana y representación estética
-Una mirada contemporánea-
Por: Federico Zertuche


Aunque la narrativa cristiana se centra en el nacimiento, vida, pasión y muerte de Cristo, hay múltiples relatos anteriores y posteriores, complementarios, accesorios, secundarios, ya ficticios o verídicos, que recrean, refuerzan o adornan al discurso toral tornándolo polifónico.

Desde luego, aquella se nutre de los cuatro evangelios canónicos, a saber, Lucas, Juan, Mateo y Marcos, que forman parte del Nuevo Testamento, y que junto al Viejo integran la Biblia, ni más ni menos que uno de los libros más antiguos y venerados. A ello habría que agregar la vida de santos y mártires, padres, monjas y papas, así como múltiples relatos de apariciones sobrenaturales y otros.

Ese universo narrativo ha conmovido durante veinte siglos de vida del cristianismo; se ha ido recreando y enriqueciendo durante el transcurso del tiempo, conformando la llamada Historia Sagrada. Al propio tiempo, inspirados en tales relatos, artistas plásticos, músicos, poetas, literatos y dramaturgos de medio mundo han creado hermosísimas obras de arte que pueblan un universo estético propiamente cristiano. De hecho, narrativa y representación plástica, musical y poética, han ido de la mano, sobre todo en el catolicismo, incluida, desde luego, la arquitectura eclesiástica.

La historia de Jesús de Nazaret, su nacimiento en un establo, rodeado por la Virgen María, figura fundamental sobre la que gira el culto mariano, san José, el paternal carpintero, la mula, la vaca, los borregos y pastores, la estrella que ilumina la escena e indica el suceso providencial, los reyes magos que orientados por ésta acuden a rendir tributo, los sucesos que luego ocurren como el sacrificio de los niños por Herodes y la huída a Egipto, aparte de conmover a media humanidad durante siglos, han dado lugar a las más bellas pinturas, representaciones iconográficas y escultóricas: Giotto, Fra Angelico, Jan van Eyck, Leonardo, Miguel Ángel, Rafael, Rembrandt y un larguísimo etcétera de artistas que han recreado el nacimiento, la adoración de los magos, la Sagrada Familia, múltiples madonas, anunciaciones, la huía a Egipto y otras escenas relacionadas con la infancia de Cristo.

Luego viene la vida de Cristo a partir de los treinta años hasta su muerte en la Cruz, los sucesos relatados por los evangelistas, los milagros, las parábolas, la palabra de Cristo, la Buena Nueva, el Gospel, los hechos de los apóstoles, María Magdalena, Lázaro y demás personajes que tienen que ver con Jesús, hasta el juicio, pasión y muerte sacrificial en la Cruz y hechos posteriores como la resurrección y la prédica del cristianismo por los apóstoles y San Pablo, participan en y de la gran narrativa cristiana conformada durante dos milenios hasta el día de hoy.

¿Por qué ha sido tan eficaz dicha narrativa durante tanto tiempo, sobre distintos pueblos y culturas? Me aventuro a conjeturar que primero que todo, por el profundo mensaje espiritual y religioso implícito, pero no menos importante, por la belleza del mismo, por sus atributos literarios y estéticos, por su fuerza dramática, que han propiciado multiplicidad de obras artísticas que inspiran y recrean tales relatos.

Basta echar un vistazo a templos, abadías, conventos, catedrales, capillas, ermitas y demás edificaciones cristianas desde las prerrománicas, románicas, góticas, renacentistas, barrocas, neoclásicas y hasta algunas contemporáneas muy notables, para percatarnos del papel fundamental que a la par de la narrativa han jugado las distintas representaciones estéticas desde la arquitectura propiamente, los lienzos, esculturas y multitud de ornamentos, junto a la música sacra que durante siglos cultivara el maestro de capilla, en el órgano y en los coros, tradición lamentablemente perdida.

Sin olvidar, desde luego, los autos sacramentales, las posadas, pastorelas, procesiones, santorales, multitud de rituales, solemnidades, fiestas populares y folklóricas alrededor de la iglesia y la parroquia, como Semana Santa, el mes de María, y demás festividades, efemérides en las que se imprimen toda suerte imaginería, creación artística, artesanal, decorativa, en una palabra, de gran despliegue estético.

¿Cómo no va a conmover todo ese portento hasta el espíritu más insensible y descreído? Difícilmente alguien podrá ignorar y pasar sin mirar la escultura El éxtasis de Santa Teresa por Bernini, o bostezar ante la procesión de Semana Santa en Sevilla, aburrirse de tedio en medio del templo de Tepotzotlán, burlarse de La Anunciación de Jan van Eyck, hacer muecas de hastío ante La última cena de Leonardo, o eructar ruidosamente al escuchar el Réquiem de Mozart.

Cualquier ateo culto y sensible quedará arrobado al escuchar la Pasión según san Mateo de Bach, asombrado al leer el Cántico espiritual o La noche oscura de San Juan de Cruz, atento y despierto frente a una hermosa ermita románica o la catedral gótica de Colonia, deslumbrado por el retrato de San Francisco por Zurbarán, a la expectativa mientras escucha y ve representado un auto sacramental de Calderón de la Barca, cuanto más un creyente.

Lo mismo ocurre con varios pasajes de los evangelios, sobre todo cuando se emplea la metáfora, la alegoría o la parábola como figuras literarias para dotar de recursos retóricos a la narrativa, al relato o al discurso, enriqueciéndolos artísticamente y confiriéndoles profundidad y densidad significativas. Hasta un timorato con un ápice de sensibilidad quedará marcado cuando escuche las bienaventuranzas del sermón de la montaña; alguna fibra sensible le informará que le está tocando el alma.

Si bien es cierto que el arte y los artistas desde hace mucho dejaron la tutela eclesiástica y por tanto su temática, todavía hay pintores, escultores, músicos, poetas y arquitectos que esporádicamente dedican obras a Dios, a figuras o asuntos sagrados, pero son cada vez y notoriamente menos, a grado tal que el arte sacro ha quedado relegado a muesos, participa muy poco de la vida diaria. Un Rainer María Rilke elevando poemas al Buen Dios, suena actualmente como voz aislada.

¿Qué ha quedado de toda esa narrativa y estética cristianas veintiún siglos después del suceso eje que las precipitara? ¿Cuál será a futuro el derrotero que seguirá el cristianismo y el discurso que empleará a fin de mantener unida a la grey? ¿Es posible seguir recreando la narrativa cristiana y sustentándola en una nueva estética acorde a los signos que marca el siglo XXI y prefigura el futuro? ¿En qué medida puede desgastarse o tornarse anacrónica esa narrativa cuando no se renueva ni se acompaña más de las recreaciones artísticas?


Nota iconográfica: Jan van Eyck, Políptico de Gante, La adoración del Cordero Místico, Óleo sobre tabla, circa 1432, Catedral de san Bavón . (Haga clic sobre la imagen para ampliarla).

lunes, 15 de noviembre de 2010

Política y moral

Un dilema de Felipe González
Por: Federico Zertuche


En una entrevista concedida al escritor Juan José Millás aparecida en el diario El País el 7/11/10, el ex presidente del gobierno español Felipe González sorprendió al entrevistador y al público en general al revelar que durante su mandato (1982-1996), "Tuve que decidir si se volaba a la cúpula de ETA. Dije no. Y no sé si hice lo correcto", como textualmente manifestó.

Al respecto, reproduzco la declaración íntegra y su contexto: “Tuve una sola oportunidad en mi vida de dar una orden para liquidar a toda la cúpula de ETA. Antes de la caída de Bidart, en 1992, querían estropear los Juegos Olímpicos, tener una proyección universal... No sé cuánto tiempo antes, quizá en 1990 ó 1989, llegó hasta mí una información, que tenía que llegar hasta mí por las implicaciones que tenía. No se trataba de unas operaciones ordinarias de la lucha contra el terrorismo: nuestra gente había detectado -no digo quiénes- el lugar y el día de una reunión de la cúpula de ETA en el sur de Francia. De toda la dirección. Operación que llevaban siguiendo mucho tiempo. Se localiza lugar y día, pero la posibilidad que teníamos de detenerlos era cero, estaban fuera de nuestro territorio. Y la posibilidad de que la operación la hiciera Francia en aquel momento era muy escasa. Ahora habría sido más fácil. Aunque lo hubieran detectado nuestros servicios, si se reúne la cúpula de ETA en una localidad francesa, Francia les cae encima y los detiene a todos. En aquel momento no. En aquel momento solo cabía la posibilidad de volarlos a todos juntos en la casa en la que se iban a reunir. Ni te cuento las implicaciones que tenía actuar en territorio francés, no te explico toda la literatura, pero el hecho descarnado era: existe la posibilidad de volarlos a todos y descabezarlos. La decisión es sí o no. Lo simplifico, dije: no. Y añado a esto: todavía no sé si hice lo correcto. No te estoy planteando el problema de que yo nunca lo haría por razones morales. No, no es verdad. Una de las cosas que me torturó durante las 24 horas siguientes fue cuántos asesinatos de personas inocentes podría haber ahorrado en los próximos cuatro o cinco años. Esa es la literatura. El resultado es que dije que no”.

Como era de esperarse, luego de su publicación surgieron múltiples reacciones y declaraciones, unas a favor, otras en contra y demás: hizo bien, debió haber volado a toda la cúpula de la banda terrorista, etc. En todo caso, lo sustancial e interesante de dicha revelación radica en el trasfondo en que subyace el problema que hace plantear al hombre de Estado tal dilema.

En efecto, el propio Felipe González declara que no se trataba de cuestiones morales las que le impedirían o permitirían actuar en uno u otro sentido, sino de la oportunidad y el tino para evaluar correctamente sobre la eficacia y consecuencias que una decisión de tal naturaleza acarrearía para el gobierno del que era responsable. Es decir, se trataba de un asunto de Estado.

¿Quiere decir esto que el Estado a través de sus representantes legítimos y legales puede y hasta en ocasiones debe actuar por encima y en contra de la moral con tal de salvaguardad el bien público, la paz y la seguridad nacionales? La respuesta es afirmativa: sí pueden y hasta deben.

Y no es que tal decisión sea inmoral, sino que el hombre de Estado está sujeto, en virtud de su investidura, a otra clase de moralidad, como veremos en seguida.

Quien ha dilucidado con meridiana claridad ese dilema ha sido el viejo y sabio sociólogo Max Weber en su clásica obra El político y el científico, escrita durante el invierno revolucionario alemán de 1919, en la que reflexiona sobre el quehacer, naturaleza y fines de la labor del político en contraposición a la del intelectual (el científico), de los valores a los que se deben, las contradicciones y antinomias entre ambas actividades, la antítesis entre dos formas morales que Weber distingue, a saber, la moral de la responsabilidad y la moral de la convicción, así como otros asuntos.

Moral de la responsabilidad y moral de la convicción

De acuerdo con Weber, el político profesional y el intelectual participan y están sujetos, respectivamente, a dos formas morales que implican exigencias normativas diferenciadas: la moral de la responsabilidad y la moral de la convicción. El político, y en particular el hombre de Estado, se deben, fundamentalmente, a las consecuencias de sus actos, a la eficacia de sus acciones, mientras que la vocación del científico (intelectual) siempre estará condicionada a la búsqueda de la verdad, independientemente de los resultados o consecuencias de su quehacer o actividad. El oficio del político no siempre permite decir la verdad, pues en ocasiones sería hasta más pernicioso o acarrearía más problemas que ocultarla.



El político está obligado a someterse a las leyes de la acción, aunque sean contrarias a sus íntimas preferencias y moralidad, queda condenado a la lógica de la eficacia, es cuando se dice que la política linda o de plano pacta con poderes infernales o maléficos.


Pero entonces, ¿existen dos clases de moral esencialmente distintas, o una sola moral, universalmente válida? Aunque esta no es la oportunidad para tratar el tema, propio de la filosofía y en particular de la axiología, lo dejamos propuesto, sin embargo, podemos plantear algunas cuestiones:


Nadie tiene derecho a desentenderse de las consecuencias de sus actos al obrar exclusivamente atenido a la moral de la convicción. Se obra por convicción y para obtener determinados resultados. Por otra parte, la antinomia no implica que el moralista de la responsabilidad no tenga convicciones, ni que el moralista de la convicción no tenga sentido de la responsabilidad. Weber sugiere que, en condiciones extremas, “ambas actitudes pueden contradecirse y que, en último análisis, uno prefiere al éxito la afirmación intransigente de sus principios y el otro sacrifica sus convicciones a las necesidades de triunfo, siendo morales uno como otro dentro de una determinada concepción de la moralidad”, como aclara Raymond Aron en la Introducción al libro de Max Weber en la traducción española de Alianza Editorial.

“Salvar su alma o salvar la ciudad”, sería el dilema que enfrentaría la conciencia desgarrada del intelectual comprometido en política. El conflicto entre individuos, grupos y naciones es consustancial a la política. Es imposible favorecer a un grupo sin perjudicar a otro; y el político habrá de encargarse de administrar conflictos, remitiéndose en su decisión a problemáticas entre el interés colectivo y los intereses individuales, entre la igualdad o desigualdad de los hombres, que afectará necesariamente la distribución de los ingresos y del poder, al mismo tiempo que al desarrollo en su conjunto.

Felipe González tenía claramente resuelto el dilema planteado en el párrafo anterior, la duda que le asalta al manifestar que aún le inquieta cuando afirma que "todavía no sé si hice lo correcto", estriba en lo que atañe a la eficacia y consecuencias que tal decisión trajo consigo, o lo que hubiese ocurrido de haber tomado la otra alternativa planteada.

Referencia bibliográfica: Max Weber, El político y el científico, (Introducción de Raymond Aron), Alianza Editorial, Madrid 1980.

jueves, 4 de noviembre de 2010

La conquista espiritual

Las órdenes mendicantes y jesuitas en México
Por: Federico Zertuche


Tengo la impresión que en las últimas décadas no le ha ido muy bien a la Iglesia Católica, continuamente señalada por escándalos financieros y sexuales, así como exhibida por su recalcitrante conservadurismo que en ocasiones raya en retrógrada posición reaccionaria ante avances sociales, así como lícitos logros reivindicados por el laicismo.

El caso Maciel ha sido emblemático y sumamente pernicioso para el prestigio moral de Iglesia. Sin desconocer en lo más mínimo tales descalabros sufridos y la merma en feligresía que, supongo, ha padecido, quiero tocar en esta ocasión algunos de sus rasgos benéficos y trascendentes que también es bueno destacar.

Me refiero a la imperecedera labor realizada por las órdenes mendicantes y por la Compañía de Jesús en Hispano América y en particular en la Nueva España a partir del siglo XVI. En efecto, sin la presencia, incansable dedicación, entrega y monumental obra legada por franciscanos, dominicos, agustinos, carmelitas, presbíteros seculares y jesuitas en la región, la conquista y colonización hubiesen significado un simple acto de barbarie, exterminio y depredación.

Sin embargo, actualmente somos quienes somos y como somos, un pueblo y una cultura mestizos, con dilatada historia documentada que data de tiempos prehispánicos, una sociedad multicultural y plurilingüística rica en folklore, arte y tradiciones populares, en buena medida por la labor civilizatoria que sembraron e inculcaron en todas las clases sociales y grupos étnicos aquellos venerables padres en sus conventos e iglesias parroquiales en sus colegios, seminarios, universidades, escuelas de artes y oficios, en hospitales y hospicios que fundaron y sostuvieron, en las misiones que edificaron conforme se fue dando la colonización en tierras ignotas.

La conversión y adhesión al catolicismo de los indígenas no fue casual ni fruto de la imposición. A la fuerza no entran las creencias ni ninguna religión. El ámbito de lo espiritual es tan íntimo y subjetivo que resulta inviolable por la arbitrariedad y la tiranía. No hay poder despótico que logre enseñorearse de las almas durante cinco siglos. Habrá, pues, que buscar la explicación por otras vías.


Yo la encuentro a partir del estudio desde distintos planos y enfoques significativos, ya religiosos, históricos, antropológicos, políticos y/o culturales. Lo primero que se me viene a mente al recordar la caída de México-Tenochtitlán en 1523, como suceso emblemático, es el de suponer que ante tal colapso político y militar, resultaba natural y lógico para los aztecas o mexica, que el resto del edificio cultural y civilizatorio también se viniera abajo. Sobre todo si tomamos en cuenta que eran sociedades teocráticas en que política y religión estaban indisolublemente imbricadas.

Al caer derrotado el último tlatoani y junto a él las castas aristocrática, militar y sacerdotal, irremediablemente se desmoronó toda la estructura y cosmovisión mexica. El colapso no sólo fue militar y político, sino religioso, cultural y civilizatorio. Para cualquier fin práctico, el mundo y el proyecto azteca dejaron de existir como hasta entonces, perdieron su razón de ser, entraron en irremediable y terminal crisis de fundamentos.

Es en tal orfandad política, cultural, religiosa y civilizatoria del pueblo náhuatl (un concepto más amplio que el mexica), en el que arriban a estas tierras doce iluminados franciscanos, tanto por las prédicas de su fundador San Francisco de Asís, como de la ya añeja y abundante tradición cristiana que trae consigo fuertes ecos del milenarismo medieval con el sello inconfundible de las prédicas redentoristas de Joaquín de Fiore y su visión apocalíptica que prevé la instauración del reino de Cristo en la Tierra, luego de la Parusía y del Juicio Final.

Por otro lado, siempre he pensado que si echamos un vistazo y comparamos el panteón de los dioses aztecas, su cosmogonía, la morfología de las deidades (por ejemplo, la Coatlicue), los rituales y regulaciones que imponía su religión y, sobre todo, los ingentes e interminables sacrificios humanos que exigían más y más sangre para saciar la sed de Huitzilopochtli, aunque también de Tláloc y otros dioses, si los equiparamos, pues, con el panteón cristiano, sus rituales, la narrativa de la vida de Cristo, de la Sagrada Familia, de la Biblia y la promesa del paraíso luego de esta vida, (o a la Coatlicue con la imagen de la virgen de Guadalupe), pues creo que ésta visión resultaba más “vendible”, más placentera, menos sanguinaria que aquella; más benigna y humana, menos terrorífica. Fueron elementos sumamente persuasivos para la conversión masiva y relativamente rápida.

A ello habrá que añadir, sin lugar a dudas, la extraordinaria y monumental labor de las órdenes mendicantes y de la Compañía de Jesús: fueron fundamentales para esparcir la “buena nueva”, al tiempo de abrazar paternalmente a los indios alrededor de sus comunidades, mediante el establecimiento de conventos-iglesias, misiones y parroquias que se convirtieron en el centro en que convergía la vida espiritual, religiosa, cultural, artística, educacional, sanitaria, y en buena medida económica y comercial de las comunidades. A partir de entonces, todas las fiestas populares y el folklor giraban en torno a la Iglesia y a sus santos patronos.

Muchas iglesias-conventos que se edificaron a lo largo de la Nueva España, eran autosuficientes gracias a la agricultura, horticultura y ganadería que practicaban; producían carnes y embutidos, leche, quesos, vino, aceitunas y aceite, panes y tortillas, dulces y postres, artesanías y manualidades, tenían escuelas, hospicios, hospitales o enfermerías, se ocupaban de labores sanitarias, de riego y acueductos, obras de ingeniería y arquitectura y mil cosas más que aglutinaban en su derredor a toda la comunidad.

Podemos decir con alto grado de certeza que la mayoría de las fiestas populares tradicionales y antiguas provienen de ahí, de ésos enclaves eclesiásticos, dedicadas al santo o santa patrona, o algún Jesús; el modelo arquetípico y narrativo que luego se repite con variantes, surge de tales comunidades en las que participan componentes españoles, criollos, indígenas y mestizos.

Es notorio el gran legado arquitectónico y artístico auspiciado por la Iglesia, las mejores y más bellas edificaciones casi todas son eclesiásticas, así como el enorme legado pictórico, escultórico y decorativo que las adornaba. Lo propio podemos decir de la música virreinal, la mayor parte compuesta por los maestros y organistas de catedrales e iglesias que trabajaban de fijo en ellas, junto a los coros.

Si recorremos Michoacán, por ejemplo, encontraremos multitud de monumentales y hermosas iglesias-convento a partir del siglo XVI en ciudades, pueblos, aldeas y hasta en medio del campo, que fueron centros de irradiación civilizatoria durante siglos y que tanto beneficio trajeron para los habitantes, la mayoría indígenas. La labor del venerable padre don Vasco de Quiroga, es paradigmática. Lo mismo ocurre en Oaxaca, en Puebla, Guanajuato, Querétaro, Morelos, Jalisco, Yucatán, Zacatecas, San Luis Potosí, en la Alta y Baja California, etcétera. Ahí permanecen como fiel testimonio. Afortunadamente se están restaurando con buen tino y cuidado.

En el campo de la etnohistoria la labor de los frailes y sacerdotes ha sido notabilísima. Si sólo mencionáramos la magna obra coordinada y dirigida por fray Bernardino de Sahagún, a saber, Historia general de las cosas de la Nueva España, ya tendríamos materia suficiente para dedicar al conocimiento y estudio de la cultura, arte, religión, política, sociedad e historia del gran pueblo mexica.

Dicha obra monumental bilingüe, en náhuatl y español e intercalada con hermosos e ilustrativos dibujos elaborados por los tlacuiles o dibujantes autóctonos que junto a los sabios ancianos e indígenas nobles que habían estudiado en el Colegio Santa Cruz de Tlatelolco, a quienes fray Bernardino convocó para elaborar juntos esta obra que compendia lo principal de la vida y sabiduría de los aztecas, acorde a los Libros temáticos de que consta y que pasamos a describir:

- Libro I: En el que trata de los dioses que adoraban los naturales de esta tierra que es la Nueva España;
- Libro II: Que trata del calendario, fiestas y ceremonias, sacrificios y solemnidades;
- Libro III: Del principio que tuvieron los dioses;
- Libro IV: De la astrología judiciaria o arte de adivinar que estos mexicanos usaban;
- Libro V: Que trata de los agüeros y pronósticos;
- Libro VI: De la retórica moral y teología de la gente mexicana, donde hay cosas muy curiosas;
- Libro VII: Que trata de la astrología natural que alcanzaron estos naturales de esta Nueva España;
- Libro VIII: De los reyes y señores, y de la manera que tenían en sus elecciones y en el gobierno de sus reinos;
- Libro IX: De los mercaderes y oficiales de oro, piedras preciosas y plumas ricas;
- Libro X: De los vicios y virtudes de esta gente indiana; y de los miembros de todo el cuerpo interiores y exteriores;
- Libro XI: De la propiedad de los animales, aves, peces, árboles, hierbas, flores, metales y piedras;
- Libro XII: Que trata de la Conquista de México.

El manuscrito de Sahagún fue entregado a su protector el padre Sequera en 1579, pero no llegó a imprimirse y desapareció hasta que volvió a descubrirse en 1793, en Florencia, sin que nadie sepa cómo y porqué llegó hasta ahí el más famoso y completo relato de la vida prehispánica. Por eso también se le llama Códice Florentino, y a que, como hemos dicho, está ricamente ilustrado por dibujos elaborados por tlacuiles.

Tal y como señala Claus Litterscheild en su obra Hablan los aztecas: “Gracias a fray Bernardino de Sahagún conocemos la otra cara de la Historia. Aquí tienen la palabra los vencidos, las víctimas de la Conquista. Entiéndase esto en el sentido más literal: La Historia general de las cosas de Nueva España consiste en una recopilación de testimonios orales de los indios que informaron a Sahagún. Estos testimonios constituyen documentos conmovedores. Ponen de manifiesto el esfuerzo de Sahagún por conocer y comprender, y la sensación de melancolía que le suscita el recuerdo del mundo azteca”.

Así como Sahagún llegaron otros muchos venerables y bienhechores padres como fray Toribio de Benavente, Motolinía, Bartolomé de Las Casas, y de los tres primeros franciscanos que llegaron a Nueva España en 1523, todos eran flamencos, uno de ellos Peter van der Moere, mejor conocido por su nombre españolizado fray Pedro de Gante, también el ilustre sabio fray Alonso de la Vera Cruz, así como el cronista y colonizador Gonzalo Fernández de Oviedo, a todos ellos se debe la recuperación y documentación etnohistórica.

Es pertinente mencionar al fraile Jerónimo de Mendieta, autor de Historia Eclesiástica Indiana, que inspirado en Joaquín de Fiore y en los espirituales (corriente franciscana influida por de Fiore), pensaba que los frailes y los indios en la Nueva España podrían crear el reino de los puros fundado sobre un ascetismo riguroso y sobre el fervor místico. Los indios eran una nación angélica con los cuales los frailes podían construir el reino del Espíritu en el Nuevo Mundo, que debía ser el fin del mundo.

Menciono de paso a dos grandes andariegos don Eusebio Francisco Kino, quien encabezó a los jesuitas que fundaron misiones, colonizaron y civilizaron la Baja California, Sinaloa y Sonora, y a fray Junípero Serra, que siguiendo el ejemplo de aquel estableciera las primeras misiones y colonización de la alta California con sus hermanos franciscanos; las ciudades Los Ángeles, San Diego, San Francisco y tantas más fundadas por ellos.

Destaca, asimismo, don Juan de Palafox y Mendoza (1600-1659), Obispo de Puebla y Arzobispo de México, protector de los indios, educador y civilizador, constructor y edificador de templos, colegios, bibliotecas, como la Palafoxiana, seminarios e instituciones.

Otra figura señera es la de don Carlos Sigüenza y Góngora (1645-1700), científico, historiador y literato, conocedor erudito del período prehispánico y coleccionista notable de pinturas de esa época, quien junto a fray Bernardino de Sahagún, fray Alonso de la Vera Cruz, sor Juana Inés de la Cruz y Francisco Javier Clavijero, integran las figuras más destacadas de la cultura de la Nueva España.

Mención aparte merece el sabio jesuita Francisco Javier Clavijero (1731-1787), autor de la célebre Historia Antigua de México y de la Historia de la Antigua o Baja California. De la primera obra podemos decir sucintamente lo siguiente:

La edición en español, editada y prologada por el padre Cuevas, publicada por esa benemérita casa que es Editorial Porrúa, consta de cuatro tomos, el primero incluye una descripción natural: tierra, clima, montes, ríos y lagos, minerales, plantas animales y hombres, que da cuenta del acucioso empeño y oficio naturalista e incluso etnográfico de Clavijero, que luego Alexander von Humboldt reconociera y admirara.

Relata, asimismo, la historia de los toltecas, chichimecas, olmecas y demás naciones que ocuparon el Anáhuac antes que los aztecas. Narra la fundación de México-Tenochtitlán, los sucesos ocurridos y sus primeros monarcas hasta la muerte del rey Ahuízotl. Incluye también el relato de los tiranos de Acolhuacán, Tezozomoc y Maxtlaton, y la restitución del rey Nezahualcóyotl al reino cuya capital era Texcoco, gracias a su alianza con los aztecas y los tepanecas, la famosa triple alianza.

El tomo II se ocupa de los sucesos del rey Moctezuma Xocoyotzin, noveno rey de México hasta el año 1519. Hace un elogio del rey Nezahualpili, hijo y sucesor de Netzahualcóyotl. Luego se ocupa de la religión de los aztecas, de sus dioses, templos, sacerdotes, sacrificios y obligaciones, ayunos y austeridades; de su cronología, calendario y fiestas, de los rituales alrededor del nacimiento, matrimonio y funerales. Un estudio etnográfico, cuando ésta disciplina aún no era reconocida como tal. Trata del gobierno político, militar y económico, de los juicios, leyes y penas, de la agricultura, caza, pesca y comercio, de sus juegos, trajes, alimentos y utensilios; de su lenguaje, poesía, música y danzas, medicina, pintura, escultura, arquitectura y otras artes.

El Tomo III cubre desde la llegada de los españoles, y de los sucesos ocurridos hasta la caída de Tenochtitlán, pasando por la muerte de Moctezuma, de Cuiltahuác y Cuauhtémoc, las batallas, alianzas y demás hechos militares hasta el fin del imperio. Incluye cuadros de la descendencia de Cortés y de Moctezuma II.
El Tomo IV contiene nueve disertaciones sobre temas específicos que Clavijero consideró apropiado tratar por separado para mayor abundamiento de su Historia, así como dos catálogos, el de escritores y el de gramáticos de lenguas indígenas.Como puede observarse por la sola descripción estructural y temática, tratase de una obra monumental, integral, de visión y enfoque multidisciplinarios.

Y a propósito de Clavijero, en el tomo IV señalado, escribe un Catálogo “De autores europeos y criollos que han escrito doctrina moral y cristiana, en lenguas de la Nueva España”, y enlista a los agustinos, dominicos, franciscanos, jesuitas y presbíteros seculares que escribieron en náhuatl, otomí, tarasco, zapoteca, mixteca, maya, totonaca, popoluca, matlatzinca, huaxteca, mixe, quiché, tarahumara y tepehuana. Así como una lista adicional de autores de gramáticas y diccionarios en dichas lenguas.

En todo caso, creo que es bueno y sano que los mexicanos recordemos y honremos a los sacerdotes y monjas que durante cinco siglos han sido parte primordial y esencial de nuestra historia, artífices, estudiosos y escritores de la misma, forjadores de la Patria, beneméritos en muchos sentidos.
Imagen: Fray Bernardino de Sahagún

lunes, 25 de octubre de 2010

E-Mail

Señor y señora Forw@rd
Por: Federico Zertuche

El correo electrónico se ha convertido en una de las herramientas más útiles de nuestro tiempo aunque, paradójicamente, también inútil y carente de sentido según se utilice.

A mi correo llega montón de mails designado en la jerga cibernética como spam, es decir, basura, publicidad y propaganda indeseadas, delirios de gente desocupada, intentos de sacar provecho indebido, o simplemente ruido digitalizado. También recibo a diario y en cantidades cada vez mayores los llamados forwards (Fwd’s), que desde hace tiempo no abro, salvo muy contadas excepciones según quien sea el remitente.

Como se sabe, textualmente forward significa reexpedir, adelantar, y en el caso que nos ocupa, enviar a ulterior destinatario un mensaje. Y eso es efectivamente lo que mucha gente hace a diario: rebotar información; de la que le llega selecciona y reenvía. Hay quien nada más hace eso, nunca o casi nunca envía textos propios, opiniones personales, mensajes individuales y autónomos, no formula ideas, tampoco expresa sus sentimientos o emociones.

En tal sentido, se utiliza el correo electrónico como espejo que refleja otras opiniones, informaciones y textos ajenos, que en muchas ocasiones son, a su vez, forwards reenviados por otras personas: reflejos de reflejos. Todo es ajeno, nada es propio, perteneciente a lo incierto que se confunde en el anonimato de lo masivo, amorfo e impersonal.

En numerosas ocasiones se retransmiten exagerados o escandalosos rumores elaborados con fines aviesos a fin de perjudicar a alguien, sobre todo de carácter político, u otros francamente fantasiosos anunciando calamidades o fenómenos astronómicos de imposoble realización, que se toman a pie juntillas sin el menor reparo crítico o elemental reflexión, sino que se dan por ciertos por el simple hecho de haberlos leído en Internet.

En su deslumbrante libro La selva del lenguaje, José Antonio Marina escribe que “(…) el hombre es un ser de empeños y claudicaciones, renuncia con facilidad a su condición de autor para convertirse en robot, plagiario, altavoz, correveidile, esparcidor de rumores, vozdesuamo, balador de cosas oídas y no comprendidas. Produce entonces un abajamiento de nuestro Mundo mancomunado. Cae en el lenguaje desidioso.”

Y añade: “La sociedad puede suplantar el habla personal por claudicación del sujeto. Claudicación que se produce de varias maneras: por pereza, sumisión, estupidez, cobardía, abandono. El habla del rebaño es siempre un habla desidiosa y pasiva. No hay que esforzarse en hablar ni hay que esforzarse en comprender.”

Una posibilidad del yo es abdicar del yo y de la voz personal. Hablar con “una voz personal” es un acto de autonomía. La estructura de la acción libre se refleja en esa peculiar acción que es hablar.

Habrá, pues, que buscar un nuevo lenguaje: el de la solidaridad desde la autonomía personal. Lo que en términos lingüísticos querría decir la búsqueda de la comunicación desde la autenticidad de la voz propia.

Crear es someter las operaciones mentales a un proyecto creador. ¿Qué define un proyecto creador? En primer lugar, que goce de autonomía. Que se libere de la rutina, del automatismo o de la copia.

Nuestra inteligencia es lingüística. Pensamos, proyectamos, nos comunicamos fundamentalmente con palabras.

Hablamos con los demás, pero también hablamos con nosotros mismos: El habla interna, la voz de la conciencia, el superyó, puede articular un monólogo o un diálogo. Puede adoptar la estructura dialógica, que me permite majear de manera más eficaz mis recursos. Me explico, me pregunto, me animo, delibero, y hasta discuto conmigo mismo como lo haría con un extraño.

El ser humano elabora estructuras narrativas que luego devienen en esquemas y modelos narrativos que nos permiten producir historias a través de las cuales nos explicamos, comprendemos, conocemos y comunicamos el mundo, nuestro mundo personal y subjetivo: sensible, imaginativo, real, afectivo, social, religioso, lógico conceptual, etcétera.

Marina sostiene que: “Lo cierto es que el lenguaje parece que se organiza en modelos y que estos modelos son narrativos. Y esto se ve con claridad al analizar los verbos, cuya complejidad es uno de los grandes alardes de la inteligencia. El verbo contiene un significado y unas instrucciones de uso. Saberlo es saber utilizarlo. Nos impone un sujeto y una serie de complementos.”

“Toda oración tiene un verbo, pero no todas necesitan tener un sustantivo. (…) Cuando el hablante produce una frase, toma enseguida un verbo que proporciona el marco sintáctico para el resto de la frase. Y en este marco se van integrando las otras palabras. Bien, pues este marco es un ‘modelo’.”

Y añade Marina que: “me interesa describir cómo están organizados estos modelos léxicos. Comenzaré con un ejemplo. El verbo dar está incluido dentro de un modelo: la acción por la que la propiedad o uso de una cosa pasa de una persona a otra. Este modelo implica una serie de informaciones: las cosas tienen dueño, sólo las personas pueden ser dueños, el dueño posee el objeto, la posesión es una relación del sujeto con el objeto, el uso suele seguir a la propiedad, el dueño/propietario puede transferir la propiedad o el uso a otra persona por diversos medios. Aquí es donde entra el despliegue léxico: dar, regalar, prestar, alquilar, vender, ceder, subastar, canjear son formas voluntarias de transmitir la propiedad. El robo, la incautación, la expropiación son modos no queridos por el dueño.”

Los modelos narrativos son dinámicos, están organizados jerárquicamente y representan la totalidad del mundo. El sujeto “consiste” en un mapa cognitivo/operativo de enorme complejidad.

La fantasía está en el origen de nuestra capacidad narrativa, es decir, inventora de narraciones. Es un sistema generativo donde se entremezclan imágenes, modelos de situaciones, palabras. En él se unifican tres grandes códigos: el imaginativo, el lingüístico y el afectivo, puesto que también guardamos información afectivamente codificada.

Pues bien, sirvan estas reflexiones de un filósofo, ensayista, pedagogo y humanista tan preclaro como José Antonio Marina para animarnos a adquirir plena autonomía y autenticidad al expresarnos con la voz propia que, sin duda, cada uno de nosotros poseemos, así como la posibilidad de recuperarla o reivindicarla a través de la escritura.

Ficha bibliográfica:
José Antonio Marina, La selva del lenguaje, Introducción a un diccionario de los sentimientos, Editorial Anagrama, Barcelona 1998.