miércoles, 16 de marzo de 2011

Pintor del espacio, artista de la luz y el vacío

Dedico este post a un pintor por el que siento particular inclinación y predilección, dejo a un experto y crítico de arte la reseña sobre Edward Hopper a fin de aproximarnos con mayor fidelidad a la obra de este gran artista estadounidense. De tal suerte, transcribo el siguiente artículo aparecido en “Arel-Arte” el pasado 9 de mayo de 2010. Se intercalan imágenes de sus pinturas.







EDWARD HOPPER: EL ARTE DE LA SUGERENCIA


EDWARD HOPPER (1882-1967) pintor estadounidense, célebre sobre todo por sus retratos de la soledad en la vida norteamericana contemporánea. Su obra se puede encuadrar dentro de las vanguardias históricas, en el realismo norteamericano.


1900: cursa estudios de arte en la New York School of Art. Tras conseguir su título, Hopper obtuvo su primer trabajo como ilustrador publicitario en la C. Phillips & Company.


En 1906 viaja a Europa por primera vez, visitando París, en donde experimentará con un lenguaje formal cercano al de los impresionistas. En 1907 visitó Londres, Berlín y Bruselas.
En 1908 se instala definitivamente en Nueva York.
En 1909 regresa a París donde se formará su estilo personal e inconfundible.


Regresa a Estados Unidos y abandona las nostalgias europeas que le habían influido hasta entonces y empieza a elaborar temas en relación con la vida cotidiana norteamericana, modelando y adaptando su estilo a esa temática. En 1910 realiza un nuevo viaje a París y a España.En 1918 se convierte en uno de los primeros integrantes del Whitney Studio Club, el centro más dinámico para los artistas independientes de la época.


En 1924 se casa con la pintora Josephine Verstille.
En 1933 primera retrospectiva de su obra en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.
En 1950 se realiza una exposición retrospectiva de su obra en diversos museos del país y recibe varias distinciones honoríficas.
1967: fallece en Nueva York. Un año después muere su esposa quién lega el conjunto de la obra de su marido al Whitney Museum of Art de Nueva York.


TEMAS Y ESTILO


Produjo algunas de las obras más populares del arte americano. A lo largo de su carrera creó imágenes fascinantes de lugares y gentes de la vida cotidiana, logrando impregnar estas escenas de dramatismo al expresar en ellas la sensación de aislamiento, el anonimato y la comodidad agridulce de la soledad. Sus imágenes de Nueva York, de corte cinematográfico, reflejan la vida urbana en América en el período de entreguerras.


Realiza una serie de acuarelas de los acantilados y playas de Nueva Inglaterra.


"El velero", 1911




Faro a dos luces 1929






Alejado de las modas y tendencias artísticas, su estilo recibe múltiples influencias, pero suele encuadrarse en el llamado “realismo americano”. Sus pinturas son lacónicas, en ellas se aprecia el vacío y el silencio. Las escenas que crea están invadidas por una leve acción, como el rumor de la brisa suave de una cortina.


"Rooms-sea", 1951




"Night Windows", 1928






Mientras en Europa se consolidaban el fauvismo, el cubismo y el arte abstracto, Hopper se siente más atraído por Manet, Pissarro, Monet, Sisley, Courbet, Daumier, Toulouse-Lautrec y por un pintor español, Goya.


Su evocadora vocación artística evoluciona hacia un fuerte realismo, que resulta ser la síntesis de la visión figurativa unida al sentimiento poético que Hopper percibe en sus objetos.


"Hotel Room", 1931




Poesía que John Updike dedica al pintor norteamericano Edward Hopper, donde ensalza las virtudes de una de sus obras: "Habitación de hotel" ( Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid), comparándola con una del genial pintor de Delft, Vermeer.


En combinación, los ojos bajos
la heroína de esta habitación contempla
una carta abierta sobre sus rodillas desnudas.
Sus ojos y su cara permanecen en la sombra.
El día se extingue en el exterior, vibrante
de una circulación invisible.
En esta habitación, con sus maletas, que,
cerca de un sillón de felpa verde de los años treinta,
descolorido por el sol, esperan, lastimeras,
ser deshechas,
ya estuvimos antes, antes incluso que la luz
oblicua,
por algún misterioso testigo,
henos aquí invitados a respirar
junto a esa mujer sola,
que los planos enmarcan sólidamente,
la carta, la joven cosiendo,
así es como Hopper nos dice
Yo soy Vermeer.


John Updike



"Chop Suey", 1929




Imágenes urbanas o rurales, inmersas en el silencio, en un espacio real y metafísico a la vez, que comunica al espectador un sentimiento de alejamiento del tema y del ambiente que le rodea.


"Autómata", 1927




Hopper consigue estos efectos por medio de una esmerada composición geométrica del lienzo, por un sofisticado juego de luces, frías, cortantes e intencionadamente "artificiales", y por una extraordinaria síntesis de los detalles.


Hopper utiliza con frecuencia una recta. Horizontales, por lo general una carretera o una vía férrea. Para construir el espacio dentro de la imagen y poner de relieve la división entre el espacio pictórico y el mundo del espectador.


Es característica la descripción de los interiores, que aprende con Degas.


La escena aparece casi siempre desierta; en sus cuadros casi nunca encontramos más de una figura humana, y cuando hay más de una lo que destaca es la alienación de los temas y la imposibilidad de comunicación resultante, que agudiza la soledad.

LAS ESCENAS NOCTURNAS


A lo largo de su carrera, Hopper estuvo fascinado por el dramatismo que puede crear la iluminación lo que se hace evidente en sus cuadros nocturnos: contraste entre brillantes interiores iluminados con las tinieblas de fuera, luces fluorescentes o lámparas eléctricas que iluminan las ventanas irrumpiendo en la oscuridad de la calle. Muchas de las pinturas de Hopper poseen un aire de misterio. Las posibilidades "voyeuristas" inherentes a la ciudad moderna, donde la gente vivía muy próxima, pero al mismo en el anonimato son especialmente visibles en la noche.


"Nighthawks", 1942




Hopper describe con frecuencia las rápidas miradas en movimiento desde los trenes elevados que permiten vislumbrar las ventanas en los edificios vecinos, donde los seres humanos se manifiestan con sus preocupaciones privadas, sin darse cuenta o sin importarle que están siendo observados.


HOPPER Y EL CINE


El mundo pictórico de Hopper, de imágenes congeladas en el tiempo, en las que se perciben relaciones ambiguas de sus personajes con el entorno, de imágenes llenas de misterio, que dan rienda suelta a la imaginación del espectador, tiene un dramatismo tal que uno entiende por qué algunos directores de cine se sintieran atraídos por él. Alfred Hitchcock se inspiró en el óleo “Casa junto al ferrocarril” para la tenebrosa casa de “Psicosis”.






Hopper describe con frecuencia las rápidas miradas en movimiento desde los trenes elevados que permiten vislumbrar las ventanas en los edificios vecinos, donde los seres humanos se manifiestan con sus preocupaciones privadas, sin darse cuenta o sin importarle que están siendo observados.


Hopper había realizado una serie de acuarelas de casas, durante sus veranos en Nueva Inglaterra. Casas envueltas en soledad, silenciosas, en paisajes vacíos. Calles solitarias que recuerdan a algunas de Magritte o a De Chirico.


La obra “Aves nocturnas fue reproducida exactamente en la película de Herbert Ross, “Dinero caído del cielo”.


Incluso algunas novelas de la época reproducen el ambiente representado por Hopper.


Narrada por el actor y coleccionista de arte Steve Martin, esta película rastrea las influencias variadas de Hopper, del impresionismo francés a las películas de gángsteres de la década de 1930.


Fue producida por la Galería Nacional de Arte.


Fuentes:Rolf G. Renner: “Hopper”. Taschen
Erika Bornay: “Las historias secretas que Hopper pintó”. Icaria
Jon Thompson: “Cómo entender la pintura moderna”. Electa
WEB: Edward Hopper en la National Gallery of Art.



Nota: para ampliarlas, haz click sobre las imágenes.

viernes, 11 de marzo de 2011

Presunto culpable

El caso Dreyfus mexicano
Por: Federico Zertuche



A estas alturas, luego de menos de dos meses de haberse estrenado en salas públicas el documental Presunto culpable de Roberto Hernández y Geoffrey Smith, ha corrido mucha tinta y se han hecho multitud de comentarios en los medios audiovisuales mexicanos y extranjeros.


Sin embargo, por tratarse de una realización impecable –a mi juicio-, despierta por lo mismo en cada espectador una “lectura” distinta, otra manera de percibirla, sentirla e interpretarla; como ocurre con las buenas novelas: cada lector las recrea y vive de singular y peculiar manera, tratase de una experiencia única: lector/autor, expectador/director.


Hacía mucho tiempo que un documental causara tanta conmoción, expectativas, ilusiones, indignación, comentarios y polémica nacional como este que reseñamos. La temática de fondo, a saber, el deplorable estado de la justicia penal, en particular, y de la impartición de justicia en general, de los jueces, ministerios públicos, policías judiciales, leyes adjetivas y sustantivas, y el Poder Judicial como un todo, afecta directa y personalmente a todos los habitantes de México, así como a las demás instituciones y a las personas morales, llámense empresas o asociaciones.

Aunque he mencionado falencias y carencias de las leyes sustantivas y adjetivas, ahora me percato que no son tanto sustantivas sino adjetivas. En términos generales tenemos buenas leyes, pero no se aplican, falla su adjetivación. Cuando queremos aterrizarlas nos enfrentemos a una montaña de obstáculos e incluso situaciones adversas y perversas que impiden y dificultan sobremanera su realización.


Es uno de los lastres y asignaturas pendientes que llevamos literalmente arrastrando por los suelos desde hace dos siglos: representa un triste balance judicial de bicentenario. Una nación que adolece de fuertes vicios en su sistema judicial, cuyo Estado de derecho deja tanto que desear, y que a fin de cuentas es incapaz de impartir justicia de manera justa, eficaz, expedita, conforme a derecho, es un país que cojea, está manco, ciego de un ojo –o tuerto-, sordo de un oído, y tullido del corazón: herido en su sensibilidad.


Presunto culpable es la exposición pública mediante un documento cinematográfico, que narra a través de imágenes y voces no de personajes sino de personas reales, las experiencias de una historia verdadera en la que el protagonista principal, Toño, de pronto se encuentra atrapado en la maraña de la sinrazón y el absurdo a los que ha llegado el sistema judicial mexicano en su conjunto, condenado por un homicidio que no solamente no cometió, sino del que se le acusa sin sustento jurídico probatorio sólido y efectivo, sino a base de imputaciones falsas de un testigo fabricado, de suposiciones gratuitas, peregrinas e interesadas de una venal, desvergonzada, cínica y corrupta policía judicial, y de una incompetente agente del ministerio público, a los que un juez inescrupuloso, insensible y venal da como buenos sus gratuitos dichos acusatorios, condenando a un inocente en dos ocasiones a más de veinte años de prisión.


Es un relato cinematográfico sumamente dramático y conmovedor, vivo y descarnado, sin ningún artilugio, adorno ni el más mínimo toque cosmético, de vestuario o escenográfico, la realidad tal cual, los hechos como son y las personas en su papel vital.


Si no hubiera sido por la intervención de dos jóvenes abogados, Layda Negrete y Roberto Hernández, que se encontraban en el inter para irse a estudiar su doctorado en la Universidad de Berkeley, así como de un abogado profesional que se encargó de la defensa de Toño, y del director de la película, Geoffrey Smith, quienes tuvieron la feliz idea de grabar con cámaras y audio todo el proceso penal y otros episodios en la cárcel y alrededor de la familia, novia y luego esposa de Toño, hubiera sido impensable que el acusado fuera absuelto luego de varias batallas judiciales a lo largo de más de dos años de prisión.


Luego vino el fenómeno mediático y la reacción que despertó en la sociedad mexicana en su conjunto cuando se empezó a exhibir el crudo y vehemente documental, hasta el intento de prohibir su exhibición por un recurso legal promovido por unos abogados del testigo acusador. Una vez más la justicia triunfó.


Presunto culpable ya es una causa pública mexicana, semejante al Yo acuso de Emile Zola en el caso Dreyfus que puso en evidencia y en jaque a la justicia francesa en el siglo XIX. Enhorabuena por Toño, Layda, Roberto y Geoffrey, así como a todos los que les apoyaron en esta epopeya fílmica, jurídica y humanística que sin duda redundará en beneficio de la justicia mexicana.


P.D. Gracias a los amables comentarios recibidos y consignados en el espacio indicado, quiero hacer extensivas mis felicitaciones al licenciado Heredia que se ocupó de la defensa de Toño sin cobrar honorarios, así como del licenciado Ernesto Canales en su calidad de productor del documental y de Presidente de Renace, institución que se dedica a defender personas inocentes de bajos recursos económicos injustamente procesadas, que promovió y patrocinó la película.

martes, 1 de marzo de 2011

Egon Schiele

El artista desgarrado
Muchacha desnuda tumbada con las piernas abiertas (1914)

 Auto-Retrato, 1912. Gouache y lápiz sobre papel


"El arte no puede ser moderno, lo que tiene que ser es eterno".

No obstante estar considerado como figura fundamental del expresionismo austriaco, Egon Schiele (1890-1918) es un caso de artista que se resiste a cualquier clasificación en virtud de su peculiar lenguaje plástico y singularísima propuesta creativa.

Partiendo de Gustav Klimt, su maestro, quien le animó a seguir por el difícil camino que había iniciado tras rebelarse contra la enseñanza académica,
y con el que tuvo siempre una relación de admiración-celos, optó decididamente por la línea como elemento configurador de sus obras, en las que hay un solo tema: la soledad del ser humano y la incapacidad de fusión con el otro.


Muchacha desnuda tumbada con las piernas abiertas (1914)
Marcado por una infancia desgraciada por culpa de la sífilis de su
padre, el sexo será siempre su motivo. Las imágenes de Schiele,
Self-Portrait with Striped Shirt 1910
descaradamente sexuales, más atrevidas de lo que era habitual, y autobiográficas la mayor parte de las veces, aparecen en un espacio hostil, que las rechaza y crea una tensión casi insoportable.



Su crítica a la hipocresía sexual de la Viena de principios de siglo, de la que su propia familia y él mismo habían sido víctimas -su padre quemó sus primeros dibujos, un juez de Viena quemó también, simbólicamente, un dibujo suyo y él estuvo preso por una acusación de pornografía- constituyó un escándalo en su momento y sólo recientemente ha sido reconocido como la figura crucial del expresionismo austríaco y el suyo como uno de los mundos más inquietantes del siglo XX.


El público vienés no estaba acostumbrado a ver tales
Seated male nude (self-portrait) 1910
profundizaciones en los problemas del deseo y a reconocer su parte de voyeur o de exhibicionista tan abiertamente como lo hacía Schiele. Las protagonistas de sus obras casi siempre son mujeres, a veces adolescentes, resueltas a base de unas pocas líneas, de herencia klimtiana, pero cargadas de fuerza, con una precisión y una seguridad de trazo que sólo Toulouse-Lautrec había mostrado.


Sobre tales líneas apenas resaltan algunos toques de color, que

acentúan el carácter sexual de los cuerpos. Son además mujeres
Espalda desnuda y agachada (1917)
muy próximas a su entorno: Edith, su mujer; Gerti, su hermana, y Walli, su modelo, que aparecen siempre capturadas en momentos íntimos, en actitudes habitualmente secretas, sorprendidas por la mirada de un voyeur. Él mismo se retrató innumerables veces en actitudes tan íntimas como la masturbación. 


La figura humana protagoniza sus obras hasta tal punto que incluso sus paisajes, como Casas junto al río (La ciudad vieja), de 1914 (Madrid, colección Thyssen) tienen algo de humano, parecen organismos vivos, con sentimientos. Arrastrando su leyenda de maldito y desgraciado, su final no fue más feliz de lo que había sido su corta vida. La gripe española de 1918 se llevó a Edith, su mujer, que estaba embarazada, y pocos días después a él mismo.




El espejo atormentado de Schiele
Viena acoge la primera exposición dedicada íntegramente a los retratos y autorretratos de uno de los grandes pintores del expresionismo.


Borja Hermoso, El País, (ENVIADO ESPECIAL) - Viena - 28/02/2011


Horas más tarde, cruzando la Ringstrasse frente a la mole de la
Ópera, sorteando tranvías y bajo una ventisca de dimensiones bíblicas, uno se seguía haciendo preguntas, preguntas baladíes en torno a lo que somos y lo que decimos que somos, lo que pensamos y lo que en realidad decimos que pensamos, lo que deseamos y no somos capaces de revelar... y entonces volvían a aparecer, repetida, obsesivamente, los espejos atormentados de Egon Schiele (Tulln, Austria, 1890-Viena, 1918), sus retratos y autorretratos de angustia y búsqueda, todo ese abanico de interrogantes que uno de los tipos menos clasificables de la historia del arte lanzó al aire en la efervescencia modernista de la Viena de principios del siglo XX. Alguien que hacía preguntas y, desde sus pinturas, trataba de responderlas. Sin rodeos.


Misión condenada al fracaso, horas después de contemplarlos, la de
quitarse de la cabeza esos cuerpos dislocados y esas miradas alucinadas, esos pobres diablos desnudos y desafiantes, terribles, esos prohombres de la cultura o las finanzas sabedores de su poder, esos niños en escorzo que posan con ojos de gente mayor, esas mujeres tan plagadas de sexualidad pero tan tristes, esa desolación, toda esa negrura.


Nunca, por increíble que parezca, se había dedicado una exposición a los retratos y autorretratos de Egon Schiele, un pintor que se pintó a sí mismo hasta la extenuación, más de 150 veces, solo superado en tan esforzado ejercicio de narcisismo por Rembrandt. La laguna, evidente e hiriente para los seguidores de Schiele, el monstruo del expresionismo austriaco con permiso de su maestro y mentor Gustav Klimt y de su contemporáneo Oskar Kokoschka, ha sido subsanada en las salas del Museo Belvedere de Viena (www.belvedere.at).


Agnes Husslein-Arco, su directora, y Jane Kallir, máxima
especialista mundial en la obra del artista, han reunido un conjunto que apabulla por su cantidad -en torno a un centenar de obras entre óleos, dibujos, acuarelas y gouaches- y que procede de un buen número de museos, galerías y colecciones privadas de Europa y Estados Unidos. Un conjunto que incluye los retratos que Schiele hizo de sus modelos-amantes (como Wally Neuzil), de su esposa Edith, de los prisioneros de guerra rusos que le tocó custodiar durante su etapa de soldado en la I Guerra Mundial, de marchantes de arte, de editores, de banqueros... y del niño Erich Lederer, una de sus obsesiones, quién sabe si tan solo artística...


Se trata, sin asomo de duda, de uno de los grandes acontecimientos
artísticos del año a nivel europeo, y su visita tiene un obligado complemento no solo en la colección permanente del Belvedere (15 schieles) sino también, y sobre todo, en el Museo Leopold de Viena, un adusto receptáculo de hormigón y cristal que alberga el mayor conjunto de obras de Schiele en el mundo: la colección de Rudolph y Elisabeth Leopold. Y se trata de uno de los acontecimientos artísticos del año (la muestra permanecerá abierta hasta el 13 de junio) a pesar de que Schiele nunca perteneció, digamos, a la reducida estirpe de las superestrellas del gran circuito como otros contemporáneos suyos y compañeros de viaje en el movimiento expresionista como Kandinsky o Klee. Y a pesar también, es de justicia reconocerlo, de la muy extendida ignorancia que sobre la existencia misma de un pintor llamado Schiele vive instalada en España.


Estamos ante un artista que murió con 28 años víctima de la gripe 
Autorretrato
española, que pasó 24 días en la cárcel por pintar niñas y niños desnudos, que evolucionó pictóricamente a velocidades de vértigo, que desconcertó e indignó a la muy bienpensante y muy conservadora sociedad vienesa de la época y que dejó tras de sí, pese a su insultante juventud, una obra enorme y la impronta indescifrable de los genios sin etiqueta. Un pintor de culto y de trazo poderoso que, casi un siglo después de su muerte, cuenta con legiones de apasionados seguidores que rastrean y olisquean las páginas de sus biografías y de sus catálogos como si buscaran a uno de esos escasos autores que, con su existencia y sus creaciones, rompieron el molde e hicieron saltar en mil pedazos cualquier posibilidad de encasillamiento.


Porque Egon Schiele se zambulló conscientemente, sí, en las aguas
turbulentas del expresionismo, donde tras la bendición de Klimt abrazó la obra de otros artistas de la Secesión vienesa como su amigo Max Oppenheimer y Oskar Kokoschka, pero solo hay que ver esta galería en el Belvedere o buscar sus otros rastros desperdigados por Viena para darse cuenta de una evidencia: como Van Gogh, como Munch, como Goya o como otros electrones libres de la historia del arte... a ver en qué carpetas, en qué categorías o en qué capillas artísticas conseguimos meter a Schiele.


"Él pensaba que para poder adentrarse a fondo en los entresijos del alma humana, tenía que conocer primero a la perfección la suya, y por eso se pintó a sí mismo tantas veces... Schiele sentía una gran ansiedad ante la vida, ante la sexualidad, ante los misterios del hombre, su vocación irrefrenable era la exploración de la psyche, y al mismo tiempo creía con mucha fe en la capacidad del arte de trascenderlo todo", explica pausadamente y en voz baja Jane Kallir ante un buen plato de apfelstrudel en la cafetería del Museo del Belvedere, donde reconoce que ha contado con casi todas las obras que persiguió para la exposición... "Casi todas, hay dos o tres que no he podido conseguir de sus propietarios".
Arrogante, orgulloso, melancólico, oscuro, triste, iracundo, solitario... así se muestra Schiele en sus autorretratos, donde parece presentarse a sí mismo como el emisario de otro mundo, como alguien que se ha asomado a algún lugar horrible y ha visto cosas, cosas que los demás hombres no han visto. Pero no las puede contar, solo su mirada y su cuerpo pueden servir de mensaje... es la angustia hecha arte, que tanto descalabró las conciencias de los puristas, quienes en 1910 debieron de ver en Egon Schiele un trasunto del diablo, aunque él explicara a quien le quisiera escuchar que era como un sacerdote encargado de transmitir un mensaje. También dijo: "El arte no puede ser moderno, lo que tiene que ser es eterno". Y con ese aviso a navegantes y aspirantes de la modernez -que no modernidad- por parte de alguien que murió hace 93 años queda todo dicho.

Nota: para ampliar, haga click sobre la imagen.







sábado, 26 de febrero de 2011

Las guitarras de Picasso 1912-1914

Guitarras cubistas



En algún momento entre octubre y diciembre de 1912, Pablo Picasso (1881-1973) hizo una guitarra. Improvisando con cartón, papel, cuerda y alambre, y luego cortando, plegando, enroscando, y pegando, consiguió crear un instrumento silencioso que no se parecía a ninguna escultura nunca antes vista. En 1914 el artista reiteró su construcción parecida a la de papel frágil en forma de chapa más fija y duradera. Estas dos guitarras, dos regalos del artista al Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), constituyen el soporte de un período de experimentación estructural en la obra del artista. Picasso: Guitars 1912-1914, quien al explorar en esos años logró un gran avance en el cubismo y en general en el arte del siglo 20. La muestra reúne unos 70 collages estrechamente vinculados, construcciones, dibujos, pinturas de técnica mixta, y fotografías, montadas de más de 30 colecciones públicas y privadas en todo el mundo; esta exposición ofrece una visión fresca en el proceso transversal de Picasso en los años inmediatamente anteriores a la Primera Guerra Mundial.


The Museum of Modern Art,( MoMA), exhibe la muestra “Picasso: Guitars 1912–1914”, del 13 de febrero al 6 de junio del 2011, con ese pretexto transcribimos una reseña del gran escritor Antonio Muñoz Molina y dedicamos el post a uno los mayores artistas plásticos del siglo XX y de todos los tiempos: Pablo Picasso.


Hacedor de guitarras

Antonio Muñoz Molina, EL PAÍS, 26/02/2011


En París, en el otoño de 1912, Pablo Picasso hizo una guitarra. No la dibujó, no la talló en madera o la modeló en cera o en barro, no hizo ni un cuadro ni una escultura ni un boceto. Hizo una guitarra, completa, aunque también inútil, una guitarra con sus cuerdas, su mástil, su caja de resonancia con un agujero en el centro, sus clavijas, un objeto tridimensional que a continuación colgó de un clavo en una pared, y le pegó debajo un trozo de cartón doblado como si fuera un soporte, o el filo de una mesa de café. La guitarra la hizo con lo primero que encontró a mano en el gran desorden del taller, que según testimonios contemporáneos tenía mucho de chamarilería o de almacén de trapero, de desván en el que apilados contra las paredes o clavados en ellas con tachuelas estaban algunos de los cuadros que iban a trastornar el arte del siglo XX, aunque por entonces muy pocas personas los habían visto. Hizo la guitarra recortando con unas tijeras de sastre anchas láminas de papel de envolver y trozos de cartón. Las seis cuerdas y los trastes eran hilo basto de atar paquetes. El hueco en el centro de la caja era un tubo de cartón que visto de cerca podría haber pertenecido a un rollo de papel higiénico. La cejuela -acabo de consultar el nombre en una enciclopedia: la pieza horizontal debajo de las clavijas- era un trozo pequeño de cartón doblado por la mitad.


Recortaba, pegaba, apartando de cualquier manera dibujos y hojas
de periódico para hacer espacio sobre la mesa. Los grandes ojos románicos los tendría guiñados para evitar el humo del cigarrillo que le colgaba de la boca. El pelo le caería sobre la frente: el flequillo de gnomo y de hombre moderno que aún tiene en las fotos de aquel año y del año siguiente. La expresión de Picasso en esas fotos es a la vez de enajenación y de burla: todo el día, todos los días, yendo a los cafés o encerrándose en el estudio, la mirada, la imaginación y las manos, ocupadas siempre en algo, en observar o en hacer, en observar y en hacer al mismo tiempo, los dedos distraídos doblando un trozo de cartón sobre el mármol de la mesa del café en el que hay una botella, una jarra, el periódico del día, una pipa, o buscando en el bolsillo de la chaqueta un cuaderno en el que anotar cosas o dibujar bocetos, mientras al fondo del café la orquestina toca piezas sentimentales y repetidas, valses, polcas, canciones de moda.


No hay una sola forma que no atraiga la atención clínica de esa
mirada, que no despierte en las manos el instinto de hacer, en las yemas de los dedos la apetencia de una pluma o de un lápiz de carboncillo para ponerse a dibujar allí mismo, sobre el mármol del velador. Cada objeto es una epifanía, una forma admirablemente cerrada sobre sí misma, perfecta, sólida, no gastada por el uso, no borrada por su cotidianidad. La botella, la pipa, la caja pomposa del contrabajo, las volutas como de capiteles clásicos en las que acaban los mástiles, ese hueco de negrura en el centro sobre el que resaltan las paralelas de las cuerdas. El espectáculo de lo diario ya había subyugado a Degas, a Toulouse-Lautrec, al monástico Cézanne. Cézanne había enseñado a mirar los objetos puestos sobre una mesa no como ficciones de la luz sino como volúmenes macizos y arquetipos platónicos: la esfera de una manzana, el cilindro de la botella, el ángulo de una mesa, la curva de un mantel dotado de una consistencia caliza. Toulouse-Lautrec se había deleitado con la música de las orquestinas y de los bailes de suburbio. Degas había dibujado bocetos portentosos de contrabajistas vistos de espaldas, de violinistas que establecen con su postura perspectivas imposibles. Picasso, en ese otoño de 1912, fue mucho más allá; no sólo dibujó o pintó lo que veía con esa destreza suprema de un joven talento adiestrado desde niño en las mejores disciplinas artesanales del oficio, exaltado por su descubrimiento de la modernidad en Barcelona y París: en vez de representar las cosas en el espacio plano de la pintura las hizo tangibles, tan presentes como si estuvieran todavía sobre la mesa del café. En vez de pintar al músico fatigado de tocar siempre lo mismo recortaría y pegaría encima del lienzo o de una pieza de cartón un trozo de la partitura misma. En vez de copiar como en un bodegón la botella de licor y a su lado el periódico recortaría la silueta de una botella en una hoja tupida de tipografía, con titulares y noticias terribles o triviales. En la mesa caótica del estudio la obra se va haciendo no con los materiales nobles de la tradición -los pinceles, los botes de color- sino con los residuos mismos de la vida de todos los días, lo más barato, lo que igual cae al suelo y es pisado o barrido o se queda meses acumulando polvo, periódicos, papel de embalar, cajas de cartón, chinchetas, puñados de arena, trozos de madera, hilo bramante, muestras de papel pintado con florecillas y adornos de comedor de medio pelo. Una botella de feroz anís del Mono y una guitarra -en esa época instrumento de músicos ciegos y gente marginal- invocan en París el desgarro de las tabernas españolas. Durante meses, en el otoño y el invierno de 1912, en la primavera de 1913, en el verano de ese año, Picasso inventa, dibuja, recorta formas de guitarras como un pianista maníaco que nunca se fatiga de explorar variaciones posibles de una melodía muy sencilla. El taller, el cuaderno, son lugares de metamorfosis: el hueco redondo de la guitarra es una luna llena o el péndulo de un reloj o la cara redonda de un monigote con mostachos engomados. Su perfil es el de una cara y el de una oreja. Las cuerdas se pueden convertir en cordones de zapato. Las acanaladuras de la madera están hechas recortando papel barato de imitación madera o bien simulando ese mismo papel con un cuidado de falsificación absurda. La botella acaba siendo una clavija o el hueco de una cerradura. La frágil guitarra de papel y cartón y cuerda de envolver se transforma en otra idéntica pero mucho más perdurable hecha de láminas de metal y de cuerdas de alambre. El papel de periódico de los collages muy pronto se vuelve amarillo: el metal y el alambre se oxidan al cabo del tiempo. La obra de arte no es un objeto intangible y sagrado: la modifica la intemperie de la vida real, la muerde la luz, está expuesta a los azares de mudanzas y pérdidas.


Tendemos a ver el cubismo con la reverencia y la solemnidad de lo que se ha vuelto sagrado: estos días, en el MOMA, uno de los muchos méritos de esta exposición de guitarras de papel y guitarras de hojalata y collages pegados con engrudo hace ya casi un siglo es devolvernos la carcajada de celebración y desafío, el descarado humorismo que está en el origen del arte moderno, la gran broma en serio de Picasso.



Picasso: Guitars 1912-1914. MOMA. Nueva York. Hasta el 6 de junio. www.moma.org. antoniomuñozmolina.es


Nota: Para ampliar las imágenes, haga click sobre su superficie.

lunes, 21 de febrero de 2011

Evocación de Glenn Gould

Las variaciones Goldberg

Glenn Gould (1932-1982) es uno de los músicos canadienses más célebres e importantes de todos los tiempos. Considerado mundialmente como el mejor intérprete de las obras para clave o clavecín transcritas para piano de J. S. Bach, en particular las famosas Variaciones Goldberg, poseedor de un talento excepcional y técnica depuradísima para el piano, además de su peculiar personalidad y carisma que se reflejan en sus interpretaciones, constituyó un auténtico fenómeno artístico desde la adolescencia hasta su temprana muerte a la edad de cincuenta años.


En 1957, poco después de la muerte de Stalin, visitó la Unión Soviética, algo inusitado para un músico Occidental, causó una verdadera sorpresa y revuelo en una comunidad musical presa del dogmatismo y la cerrazón debidos a los rígidos cánones dictados por el realismo socialista. Gould conmocionó a los soviéticos sumamente cerrados no sólo ideológica y políticamente sino al arte y cultura Occidentales que la propaganda oficial consideraba decadentes. La rara visita de un músico como Gould se podría explicar, por un lado, por ser canadiense y por el otro, por ser ahí un desconocido. El impacto causado en la comunidad musical de San Petesburgo (entonces Leningrado) y Moscú en cuyos conservatorios y principales salas ofreció varios conciertos fue mayúsculo, no solo por la genialidad del pianista sino por las innovaciones técnicas y artísticas que traía consigo a un mundo artístico cerrado y anticuado por los dogmas impuestos por esa tara llamada realismo socialista. Gould pudo regresar a la ex URSS donde hizo amistades y desde entonces emprendió una especie de cruzada en pro de la libertad artística en los países oprimidos por el comunismo. Los documentales que se grabaron al respecto son muy elocuentes.


El 10 de abril de 1964 tocó en público por última vez en Los Ángeles y anunció que se retiraba de los escenarios cuando era una auténtica figura internacional. La razón es que empezó a sentir hastío por la interpretación en directo y creyó que servía mejor a la música en un estudio de grabación que en la sala de conciertos. Desde entonces grabó una inmensa discografía que reproducimos al final.


La mejor forma de conocer a Gould es disfrutando su música, escuchándolo, oír, por ejemplo, Las Suites Francesas, (The French Suites), de Bach, o del mismo autor, las partitas, toccatas o concertos. El lector interesado encontrará abajo una amplia discografía. F.Z.

A continuación, transcribo un artículo de Teresa Chávez Suárez, crítica y editora de arte, en ocasión del Año Internacional de Glenn Gould, celebrado en Canadá en el 2007-2008:

GLENN HERBERT GOULD
“Nací en Toronto y durante toda mi vida ha sido mi hogar"

Su breve vida
Nacido en la ciudad de Toronto, Provincia de Ontario, en Canadá, el 25 de septiembre de 1932, en un día como hoy, habría cumplido 75 años.Nacido en la Ciudad Reina, la ciudad azul, ciudad en que a pesar de ser enormemente grande sólo contaba con diez millones de habitantes, que estaban distribuidos en una masa de terreno; la cual era mucho más grande que toda Europa… En 1932, la población de Toronto era apenas de seiscientos treinta mil habitantes y, estaba lejos de ser la ciudad cosmopolita de hoy. En aquellos años, Toronto contaba con más del 80% de británicos.

La familia se apellidaba Gold y alrededor de 1939, cambiaron el apellido a Gould. Desde temprana edad, Glenn Gould dio muestras de su prodigioso talento y dotes de músico, tocando el piano desde los tres años. Sus padres eran ambos músicos ‘amateurs’; su madre tocaba piano y su padre violín. Fue su madre, su primera maestra de piano. Es interesante observar que el primer concierto que diera en 1945, fue de órgano, el cual como se sabe se toca con pies y manos; y además, tiene en su historia al gran compositor y ‘Maestro’ admirador de Glenn Gould, el músico alemán del siglo XVIII, Johann Sebastian Bach (1685-1750) e inspirador así mismo de Glenn Gould. Escúchese las grabaciones de Glenn Gould *** Variaciones Goldberg. Es este conocimiento a temprana edad, en la agilidad y coordinación de pies y manos (pedales y teclas), cuya dexteridad llamó tanto la atención del público por doquier Glenn Gould tocara. Muchos eran sus admiradores-seguidores, quienes trataban de imitarle.

Un detalle interesante observado en el árbol genealógico, nos indica que sus tatarabuelos maternos eran a su vez, abuelos del compositor noruego, Edvard Grieg; es decir su abuelo materno, era primo de uno de los grandes músicos europeos!... Sus padres velaron porque su hijo no se involucrara, desde tan temprana edad en el medio profesional de la música. Se sabe que aquella protección a su talento, lo llevó a dar su primer recital en público, sólo a la edad de 13 años. Un cheque recibido en aquella ocasión, de Radio Rogers Broadcasting, por el valor de diez dólares, es testimonio de su inicio en la senda musical. Un año después tocaba, el Concierto para piano n° 4 de Beethoven, otro gran compositor Maestro admirador de Glenn Gould; ya que dijo: “haber crecido con la obra de Ludwig van Beethoven…”, haciendo alusión a las grabaciones del genial intérprete: ¡A. Schnabel en el piano!

Su infancia quedó marcada por la Segunda Guerra Mundial, de la cual, se escuchaba a diario noticias en la radio, ya sea sobre victorias o pérdidas; sobrevivientes o difuntos. Sólo en los auditorios de “Massey Hall” y de “Eaton Centre”, se disfrutaba de las melodías musicales que aportaban la visión de un mundo mejor.

Glenn Gould creció en el barrio de “Beaches” y, estudió en la escuela pública. En secundaria asistió al Colegio del Estado, “Williamson Road Public School. Fue el primer músico canadiense en visitar la Unión Soviética.

La Fundación Glenn Gould se inspiró en el día de su nacimiento, para la proclamación de El Año Internacional Glenn Gould; y asimismo en esta fecha se recordó su viaje a la Unión Soviética.

Su música
A los dieciocho años, Gould tenía ya sin lugar a dudas, la influencia más significativa que durante su adolescencia fue aquella del famoso pianista Arthur Schnabel, de quien siempre se expresó con la más amplia admiración.

La fama de este gran músico canadiense, se hizo con las Variaciones Goldberg de Bach. Escúchenlas usted y, luego les hablaré de ellas – en un artículo especial…, porque así están consideradas por músicos de todo el mundo.

En el año 1964, para sorpresa de todos, Glenn Gould dejó de tocar piano y aparecer en público. Sin embargo su lucidez le llevó a dedicarse en otro campo de similar interés con grabaciones para “CBS Records”; lo cual le permitió influenciar a toda una nueva generación de músicos y oyentes. Con repertorios nuevos y variada selección de compositores que los interpretaban, fue creciente el interés despertado hasta nuestros días, en el ámbito musical.

No es sorprendente, el número de traducciones en infinidad de lenguas de la obra creada por Glenn Gould, dado el abanico profesional y musical que cuenta en su haber. Compositor, intérprete y oyente son los eslabones de una misma cadena, relativamente intercambiables.

El público sentía una particular atracción por sus interpretaciones y, su grata personalidad carismática, le hacía descubrir nuevos públicos. La pasión que llevaba consigo la sembraba a su paso en terrenos fértiles, que lo admiraban y veneran hasta hoy.

La pasión por la tecnología en los medios de comunicación, le fascinaba; he de allí su vínculo con la “Canadian Broadcasting Corporation” (CBC) y sus programas de radio y grabaciones especiales. Todas las artes y más aún el cine – era un cinéfilo reconocido – le fascinaban; tanto como los programas radiales; grabaciones locales de documentales o de su propia obra.

Su muerte
El 4 de octubre de 1982, días después de sus 50 años, falleció en Toronto, de un infarto. Su muerte acaecida a una temprana edad, fue sentida en todo el mundo por los amantes de la música.

Cabe señalar que previamente a su trágica desaparición, Glenn Gould, dio inicio a una nueva profesión de director de orquesta, y formó la Orquesta Sinfónica de Toronto; siendo él mismo su conductor.

La lápida de su tumba y el mausoleo de su familia, en donde descansan su madre y padre, llevan grabados de la partitura de las Variaciones Goldberg; que visitara en el otoño del año 2005 acompañada por un amigo admirador de la música de Glenn Gould, se encuentran en el Cementerio “Mount Pleasant” (entre las avenidas Mount Pleasant y Bayview).

Memorabilia
Una de las más bellas biografías de Glenn Gould, es “Wondrous Strange: The Life and Art of Glenn Gould. Oxford University Press, de Kevin Bazzana.

Por muchos años desde Ottawa, me acompaña el libro de Geoffrey Payzant, Glenn Gould. Un homme du futur, ©Librairie Arthème Fayard, 1983; quien tilda con afecto a nuestro músico de, “… inigualable maestro-pianista eccéntrico”. Esta obra fue aceptada por Glenn Gould, cuyo comentario por el músico, cito a continuación.
* « … Payzant ha escogido una via diferente, en donde se armonisan las dotes musicales de Gould, sus convicciones morales y las extravaganzas de su comportamiento; es así que ha llegado a crear una textura tan estructuralmente segura y cromaticamente tan compleja que, las fugas barrocas que tienen las primeras, despierta a Glenn Gould ante las maravillas del arte de la música»
Glenn Gould


* (Extracto de un artículo de Glenn Gould aparecido en “Piano Quarterly”, poco después de la aparición del libro de Geoffrey Payzant en Canadá).

La Biblioteca y Archivos Nacionales / Library and Archives Canada en Ottawa, es el conservatorio oficial de la extensa obra póstuma de Glenn Gould; la cual comprende: una exposición virtual; un archivo de audiocassettes; documentos y archivos, base de datos de archivos de material audiovisual; una selecta bibliografía de libros y artículos y programas radiales; textos completos escritos o publicados por o sobre Glenn Gould; obras de arte y poesía inspiradas en él; una lista de eventos en su homenaje.
Visite su sitio web: www.collectionscanada.gc.ca/glenngould/


© Mi profundo agradecimiento a Brian Levine, Director General de la Fundación Glenn Gould por los archivos de fotos y discos compactos.
© Sólo una foto pertenece a la Biblioteca y Archivo Nacional.

Estimado lector de TorontoHispano.com:
Por favor, recuerde: Continuaremos nuestra lectura, acerca de los eventos realizados tanto en Toronto, Ottawa, Montréal, Vancouver, etc. –en todo Canadá y, en el mundo…; porque éste es el Año Internacional Glenn Gould, del más grande músico, Ciudadano del mundo e ícono cultural de Canadá.

¡MARAVILLOSA CELEBRACIÓN, TODO EL AÑO!


Teresa Chávez Suárez


Discografía de Glenn Gould:
• Bach: Two and Three Part Inventions and Sinfonias, BWV 772-801 [Great Performanc...,2005 (album)
• ...And Serenity, 2003 (album)
• Glenn Gould at the Movies, 2002 (album)
• The Gould Variations: The Best of Glenn Gould's Bach, 2000 (album)
• Mozart -- Super Hits, 2000 (album)
• Bach: Goldberg Variations, BWV 988 (1955 mono recording), 1999 (album)
• Music from Kurt Vonnegut's Slaughterhouse-Five, 1999 (album)
• Bach: Keyboard Concertos 1, 4 & 5 [Expanded Edition], 1997 (album)
• Bach: Preludes, Fugues and Fughettas - Expanded Edition, 1997 (album)
• Italian Album Fragments & Wagner Siegfried Idyll - Bonus Disc 2, 1997 (album)
• Beethoven: Piano Sonatas, Vol. II, 1994 (album)
• Beethoven/Liszt: Symphony No.6 "Pastoral" (Piano Transcription), 1993 (album)
• Glenn Gould Live in Salzburg & Moscow, 1993 (album)
• Gould Meets Menuhin, 1993 (album)
• Glenn Gould Conducts & Plays Wagner, 1991 (album)
• Bach: Italian Concerto; Partitas Nos. 1 & 2 [Great Performances], 1988 (album)
• 32 Short Films About Glenn Gould - Music from the Film, 1987 (album)
• Richard Strauss: Sonata, Op. 5; 5 Piano Pieces, Op. 3, 1984 (album)
• Glenn Gould discusses his performances of the Goldberg Variations with Tim Page ..., 1984 (album)
• Beethoven Sonatas No. 12, Op. 26 & No. 13, Op. 27, No. 1, 1983 (album)
• Brahms Op. 10, 1983 (album)
• Bach: Goldberg Variations, BWV 988 (1981 Recording) [Expanded Edition], 1982 (album)
• Glenn Gould plays Haydn, 1981 (album)
• Bach: Toccatas, BWV 910-916, 1980 (album)
• Bach: Toccatas, BWV 910 - 913, Volume 1 (Glenn Gould Anniversary Edition), 1980 (album)
• Bach: Toccatas Vol. 2, 1980 (album)
• Bach: The Toccatas, Vol. 1, 1979 (album)
• Hindemith: Das Marienleben for Soprano & Piano, 1978 (album)
• Bach: English Suites, BWV 806-811, 1977 (album)
• Mozart Piano Sonatas, Vol. 5, 1975 (album)
• Bach: The Six Sonatas for Violin and Harpsichord; The Three Sonatas for Viola da..., 1974 (album)
• Bach: The French Suites, Vol. 2 & Overture in the French Style, 1974 (album)
• Bach: The Three Sonatas for Viola da Gamba & Harpsichord, 1974 (album)
• Sonatas for Piano Nos. 1 - 3 (1936), 1973 (album)
• Bach: French Suites, BWV 812-817 & Overture in the French Style, BWV 831, 1973 (album)
• Glenn Gould at the Cinema (International Version), 1973 (album)
• Bach: The French Suites Nos. 1-4, 1973 (album)
• Glenn Gould Plays Hindemith's Piano Sonatas 1-3, 1973 (album)
• Glenn Gould Plays His Own Transcriptions of Wagner Orchestral Showpieces, 1973 (album)
• Beethoven: Piano Sonatas, Op. 31 Complete, 1973 (album)
• Mozart Piano Sonatas, Vol. 3, 1972 (album)
• Byrd, Gibbons: Consort Musicke; Sweelinck: Fantasia, 1971 (album)
• A Consort of Musicke Bye William Byrde and Orlando Gibbons, 1971 (album)
• Beethoven: Sonata No. 24; Hammerklavier Sonata, 1970 (album)
• Glenn Gould Plays Beethoven Sonatas Nos. 8, 14 & 23, 1970 (album)
• Schumann: Piano Quartet; Brahms: Piano Quintet, 1969 (album)
• Bach: Keyboard Concertos Vol. 2, 1969 (album)
• Robert Schumann: Piano Quintet, Op. 44 & Piano Quartet, Op. 47, 1969 (album)
• Scriabin: Sonata No. 3 in F-Sharp Minor, Op. 23 & Prokofiev: Sonata No. 7 in B-F..., 1969 (album)
• Mozart Piano Sonatas, Vol. 2, 1969 (album)
• Bach: The Well-Tempered Clavier, Book II, BWV 870-893, 1968 (album)
• Beethoven: Symphony No. 5 in C Minor, Op. 67 (Transcribed for Piano by Franz List..., 1968 (album)
• Bach: The Well-Tempered Clavier, Book II, BWV 870-877, 1968 (album)
• Glenn Gould Plays Contemporary Music, 1967 (album)
• Bach: Three Keyboard Concertos, BWV 1054, 1056 & 1058, 1967 (album)
• Beethoven: Sonatas for Piano No. 8-10, Op. 13 "Pathétique", Op. 14, No. 1 & 2, 1967 (album)
• Canadian Music in the XXth Century, 1967 (album)
• The Music of Arnold Schoenberg, 1966 (album)
• Bach: Two and Three Part Inventions and Sinfonias, BWV 772-801 (Glenn Gould Anni..., 1966 (album)
• Bach: Two and Three Part Inventions and Sinfonias, BWV 772-801 [Expanded Edition..., 1966 (album)
• Beethoven: Piano Concerto No. 5 in E-Flat Major, Op. 73, "Emperor", 1966 (album)
• Beethoven: Piano Sonatas, Vol. 1, 1965 (album)
• Beethoven: Sonatas No. 5-7, Op. 10, No. 1-3, 1965 (album)
• Bach: Two and Three Part Inventions, BWV 772-801 (Inventions & Sinfonias), 1964 (album)
• Bach: The Well-Tempered Clavier Book I, BWV 846-869, 1963 (album)
• Bach: The Art of the Fugue, Fugues 1 - 9, 1962 (album)
• Strauss: Enoch Arden (Tennyson), Op. 38, 1962 (album)
• Mozart: Piano Concerto No. 24 in C Minor, K. 491 & Schoenberg: Piano Concerto, O..., 1962 (album)
• Bach: The Art of the Fugue, BWV 1080 Volume I Fugues 1-9
1962 (album)
• Brahms: 10 Intermezzi, 1961 (album)
• Beethoven: Piano Concerto No. 4 in G Major, Op. 58, 1961 (album)
• Images - Glenn Gould, 1960 (album)
• Glenn Gould: Plays Bach, 1960 (album)
• Gould: String Quartet No. 1, 1960 (album)
• Beethoven: Piano Concerto No. 3 in C Minor, Op. 37, 1960 (album)
• Mozart: Piano Concerto No.24; Piano Sonata, K.330; Fantasia & Fugue; Haydn: Sonata..., 1958 (album)
• Haydn: Sonata No. 3 in E-Flat Major; Mozart: Sonata No. 10 in C Major, K.330; Fa..., 1958 (album)
• Glenn Gould Live in Leningrad 1957, 1957 (album)
• Bach: Partitas Nos. 5 & 6; Fugues in F-Sharp Minor and E Major, 1957 (album)
• Bach: Concerto No. 1 in D Minor BWV 1052 & Beethoven: Concerto No.2 in B-flat Ma..., 1957 (album)
• Beethoven Piano Sonatas Nos. 30-32, 1956 (album).