miércoles, 13 de abril de 2011

Bob Dylan

Like a Rolling Stone


Para: Martha Zertuche y Jaime Arrangoiz

Una muy buena canción, que podríamos calificar como tal por considerar que ha trascendido cierto nivel hasta ascender al rango de obra de arte, es decir una propuesta creativa original y bella que deviene poética, innovadora y en ocasiones fundacional al abrir nuevos derroteros artísticos, en este caso musicales, difícilmente pasa de moda: se sostiene y vive a lo largo del tiempo por su valor intrínseco. Tal es el caso, a mi juicio, de Like a Rolling Stone de Bob Dylan, escrita y grabada por vez primera en 1965 y que sigue tan vívida, audaz, vigorosa y vigente hoy día como hace treinta y seis años. Ofrecemos al lector de este blog algunos comentarios y notas alusivas, un interesante artículo, transcripciones de la letra original y tres traducciones, a fin de evocar la célebre canción. En esa época -entre 1963 y 1965- Dylan vivió con la famosa cantante y activista Joan Baez, con quien sostuvo un romance, ambos se ganaron el mote popular de rey y reina de la canción de protesta. (F.Z)




El rey y la reina de la canción de protesta
"Like a Rolling Stone" es una canción de rock de 1965 del cantautor estadounidense Bob Dylan. Sus confrontantes letras se originan de un extenso poema que Dylan escribió en junio, cuando regresó exhausto de una agotadora gira por Inglaterra. Luego que la letra fue considerablemente modificada, se grabó un par de semanas después como parte de las sesiones para el próximo álbum Highway 61 Revisited. Durante dos complicados días previos a la producción, Dylan tenía problemas para encontrar la esencia de la canción, de la cual salían demos sin éxito que sonaban como vals. Un gran avance se hizo cuando fue probada en formato de música rock, y cuando en una sesión el entonces novato músico Al Kooper improvisó el riff de órgano por el cual es conocida la pista. Sin embargo, Columbia Records, no estaba contenta con la longitud de la canción de más de seis minutos y su pesado sonido eléctrico, y decidió no publicarla. No fue hasta un mes más tarde que la canción se lanzó como sencillo, después de que una copia se filtrara en una popular discoteca y fuera escuchada por influyentes DJs. Aunque las estaciones de radio se mostraron reacias a tocarla como una pista larga, "Like a Rolling Stone" alcanzó el número dos en las listas de EE. UU. y pronto  se convirtió en un éxito mundial.

El tema ha sido descrito como revolucionario en su combinación de diferentes elementos musicales, su espíritu juvenil, el sonido de la voz cínica de Dylan, y la franqueza de la pregunta en el coro: "How does it feel?" (¿Cómo se siente?). Like a Rolling Stone transformó la carrera de Dylan y hoy es considerada como una de las composiciones más influyentes de la música popular y desde su lanzamiento ha sido un hito tanto en la industria musical como en la cultura popular. Ha sido interpretada por numerosos artistas, como Jimi Hendrix, The Rolling Stones, Green Day y Bob Marley & Amp, The Wailers.




Escalera al cielo / Como piedra rodante. Por: Sergio González Rodríguez


(10 abril 2011).- Cualquier canción de calidad, al igual que una buena fotografía, traduce una novela instantánea. Y deja la misma huella que una lectura contundente: se vuelve saber vital del que se apropia cada persona. A partir de ella, se abre una puerta a un ámbito inédito que congracia un momento y un contexto, una percepción y un concepto que se incorporan como experiencias irrenunciables.


Así como estamos hechos de vivencias, éstas se configuran con nuestras lecturas y canciones, registros musicales y sensoriales. Para reflejar mejor este dispositivo basta que alguien observe una y otra vez la película de Abraham Zapruder sobre el asesinato de John F. Kennedy y escuche "Like a Rolling Stone" al mismo tiempo: http://www.youtube.com/watch. Rito de comprensión que expía y escinde.


Un golpe de baqueta en el centro del espíritu de los tiempos, una melodía rara entonada por una voz nasal, de adolescente perpetuo, una revelación poética, un artefacto musical tan insólito que nada lo ha igualado a casi medio siglo de su origen. La materia de una época condensada en seis minutos.


Dylan y Joan Baez
El ensayista y crítico Greil Marcus se propuso examinar a fondo la que se considera la canción más importante en la historia de la música popular: "Like a Rolling Stone", de Bob Dylan. Creada en el verano de 1965, desde entonces ha sido reproducida millones de veces y mantiene su magia y misterio fundacionales.


El libro Like a Rolling Stone (Global Rhythm, 2009), de Marcus, implica un acercamiento biográfico al artista y a la propia canción, un estudio sobre el medio musical de los años 60, una tarea que deconstruye un fenómeno supremo de la cultura pop, un análisis de la atmósfera intelectual de aquellos tiempos, una perspectiva crítica de una industria depredadora como pocas, un testimonio personal y un acto de generosidad del autor ante un tema tan fugaz como entrañable: el aprendizaje generacional en el desencanto.


Años después de que han pasado de moda los "estudios culturales", Marcus reinstala el interés de calar en la madeja transversal de un caso como "Like a Rolling Stone", en especial, su plataforma intangible que detona los mundos imaginarios entre el creador y su audiencia. Esa alteridad sutil que transforma la vida de las personas a partir de algunas notas y unos versos musicados.


En su reciente libro 31 Songs (Penguin, 2011), Nick Hornby escribe sobre canciones en su vida. Una de ellas es "Thunder Road", de Bruce Springsteen. Afirma que él no es estadounidense, ni joven, odia los coches y capta por qué a muchos este cantante y compositor les parece rimbombante e histriónico. No obstante, "Thunder Road" le conmueve por su manejo de las tensiones emotivas, el relato fílmico, la autenticidad artificiosa que culmina en el desenlace epopéyico: "It's a town full of losers/ And I'm pulling out of here to win" (éste es un pueblo lleno de perdedores y estoy despegando de aquí para ganar"). Hornby explica que, para él, que proviene de un pueblo lleno de perdedores con título de doctor, abogado, o académicos con prestigio social, aquella tonada le evoca la pérdida de la adolescencia, las oportunidades perdidas y las ilusiones convertidas en humo. La elegía que retrata a cada quien.


La canción de Dylan señaló un cambio radical en la industria del entretenimiento: el ensamble entre alta y baja cultura que rompería de una vez por todas el marco de la alegría como rasgo único de la cultura pop. Fue posible insertar el escepticismo, el sentido oblicuo o abierto, la ironía, la multiplicidad de las lecturas, la dificultad, la extrañeza en un mismo producto musical que mantenía una amenidad poderosa en el vaivén sencillo de su juego entre estrofas y estribillo memorables: "How does it feel?/ How does it feel/ To be without a home/ Like a complete unknown/ Like a Rolling Stone".


¿Qué se siente, qué se siente, estar sin casa, como un completo desconocido/ Como una piedra que rueda (el traductor del libro Mario Santana ha tenido a bien recordar que, en español, un trozo de piedra se llama "canto", de allí que él traduzca el último verso así: "como un canto que rueda"). Claro está, aquel estribillo célebre se entiende a la luz del verso inicial: "Once upon a time you dressed so fine"... (En otro tiempo vestías muy elegante). Si la canción se cifra en este vínculo entre la primera línea y el estribillo, Marcus se encarga de cancelar lo que para muchos se reduce a una historia de reproche vengativo por parte de un hombre ante una mujer que ha caído en desgracia: él no le habla a ella, sino que te habla a ti. Este giro magistral de Dylan marcará un deslinde respecto del pasado.


La atención al consumo cultural suele reiterar los lugares comunes más idiotas del marketing, o se les sitúa en la escala ínfima de los manuales de autoayuda: una terapia maniquea que ratifica prejuicios. Esto refiere a las limitaciones intelectuales de quienes voltean a ver dichos fenómenos como un pretexto para prolongar su ignorancia de la cultura. Greil Marcus tiene otra mentalidad, atenta al trasfondo de la simple oferta y demanda: "en el torrente de palabras e instrumentos, la gente entendió que la canción era una reescritura del mundo. Un viejo mundo afrontaba un reto para el que no estaba preparado; a medida que la canción iba trazando su arco a través de la radio, un mundo que estaba tomando forma parecía ponerse en movimiento".


Nadie necesita ser contemporáneo de Bob Dylan, ni amar las canciones de protesta, mucho menos sentir nostalgia por los años 60 para apreciar "Like a Rolling Stone". Ni siquiera le tiene que gustar el rock. Como afirma Marcus, la convicción, certeza y desafío de la tonada mantienen su fuerza al paso de los años. Bang: el disparo luminoso en la oscuridad y el caos.


elangel@reforma.com


Like A Rolling Stone


Once upon a time you dressed so fine
You threw the bums a dime in your prime, didn't you ?
People'd call, say, "Beware doll, you're bound to fall"
You thought they were all kiddin' you
You used to laugh about
Everybody that was hangin' out
Now you don't talk so loud
Now you don't seem so proud
About having to be scrounging for your next meal.


How does it feel?
How does it feel?
To be without a home
Like a complete unknown
Like a rolling stone


You've gone to the finest school all right, Miss Lonely
But you know you only used to get juiced in it
And nobody has ever taught you how to live on the street
And now you find out you're gonna have to get used to it
You said you'd never compromise
With the mystery tramp, but now you realize
He's not selling any alibis
As you stare into the vacuum of his eyes
And say do you want to make a deal?


How does it feel
How does it feel
To be on your own
With no direction home
Like a complete unknown
Like a rolling stone


You never turned around to see the frowns on the jugglers and the clowns
When they all come down and did tricks for you
You never understood that it ain't no good
You shouldn't let other people get your kicks for you
You used to ride on the chrome horse with your diplomat
Who carried on his shoulder a Siamese cat
Ain't it hard when you discover that
He really wasn't where it's at
After he took from you everything he could steal.


How does it feel
How does it feel
To be on your own
With no direction home
Like a complete unknown
Like a rolling stone


Princess on the steeple and all the pretty people
They're drinkin', thinkin' that they got it made
Exchanging all precious gifts
But you'd better take your diamond ring, you'd better pawn it babe
You used to be so amused
At Napoleon in rags and the language that he used
Go to him now, he calls you, you can't refuse
When you got nothing, you got nothing to lose
You're invisible now, you got no secrets to conceal.


How does it feel
How does it feel
To be on your own
With no direction home
Like a complete unknown
Like a rolling stone








Like a Rolling Stone (Como una piedra rodante)


Hubo un tiempo en que vestías tan bien,
lanzabas una moneda a los vagabundos
desde tu pedestal, ¿no?
La gente te avisaba,
“Cuidado nena, te vas a caer”
Pensabas que todos bromeaban.
Te acostumbraste a reírte de
todos los que estaban hundidos,
ahora ya no hablas tan alto,
ahora ya no pareces tan orgullosa
de tener que gorronear
tu próxima comida.


¿Qué se siente,
qué se siente,
al estar sin un hogar
como una completa desconocida
como un canto rodante?


Has ido al mejor colegio, muy bien,
señorita Solitaria
pero sabes que sólo lo usaste
para aprovecharte
nunca nadie te enseñó
cómo vivir en la calle
y ahora te das cuenta
que vas a tener que acostumbraste.
Decías que nunca te comprometerías
con el misterioso vagabundo,
pero ahora te das cuenta
de que no vende ninguna coartada
mientras miras fijamente en el vacío de sus ojos
y le dices, ¿quieres hacer un trato?


¿Qué se siente,
qué se siente,
al estar contigo misma
al estar sin un hogar
como una completa desconocida
como un canto rodante?


Nunca te volviste para ver
los ceños fruncidos de los malabaristas y los payasos
que hacían sus trucos para ti,
nunca comprendiste que eso no estaba bien,
Permitiste que otras personas
se divirtieran por ti.
Solías cabalgar sobre el caballo cromado
con tu diplomático,
que llevaba en su hombro un gato siamés.
¿No fue duro cuando descubriste
que desapareció después
de robarte todo lo que pudo?


¿Qué se siente,
qué se siente,
al estar contigo misma,
al estar sin un hogar
como una completa desconocida
como un canto rodante?


La princesa en la torre
y toda la gente guapa
bebiendo, pensando que han triunfado,
todos cambiando preciosos regalos
pero será mejor que te quites tu anillo,
será mejor que lo empeñes, nena.
Tú que solías divertirte tanto
con el haraposo Napoleón
y con el lenguaje que usaba,
vete con él ahora que te llama,
no puedes negarte,
cuando no tienes nada,
no tienes nada que perder,
ahora eres invisible,
no tienes secretos que guardar.


¿Qué se siente,
qué se siente,
al estar contigo misma
al estar sin un hogar
como una completa desconocida
como un canto rodante?




Como una piedra rodante


Hubo una época en la cual te vestías muy bien
arrojabas una moneda a los vagos, en tu plenitud.
¿No es verdad?
La gente te advertía: "Ten cuidado, muñeca, puedes caer"
pero tu pensabas que todos ellos estaban bromeando.
Acostumbrabas reírte
de todos aquellos que andaban por ahí
ahora ya no hablas tan alto
ahora no pareces tan orgullosa
de tener que mendigar tu siguiente comida.


¿Cómo se siente?
¿Cómo se siente?
Estar sin hogar
como una completa desconocida
como una piedra que rueda.


Fuiste a la mejor escuela, muy bien, señorita solitaria
pero sabes que ahí sólo fuiste mimada
nadie jamás te enseño a vivir en la calle y
ahora te encuentras con que vas a tener
que acostumbrarte.
Dijiste que jamás te comprometerías
con el vagabundo misterioso, pero ahora te das cuenta
que el no vende coartadas
mientras penetras en el vacío de sus ojos
y le preguntas: ¿Quieres hacer un trato?


¿Cómo se siente?
¿Cómo se siente?
Ser tu misma
sin un rumbo determinado
como una completa desconocida
como una piedra rodante


Tu nunca volteaste a ver las muecas
de los malabaristas y los payasos
cuando todos ellos venían y hacían trucos para ti.


Nunca entendiste que no es bueno
no debiste dejar que otros sufrieran por tu culpa
acostumbrabas cabalgar en el caballo cromado con tu diplomático
quien cargaba sobre sus hombros a un gato siamés.
¿No es duro cuando descubres
que él no estaba donde debía estar
después de que te robo todo lo que pudo?


¿Cómo se siente?
¿Cómo se siente?
Depender solo de ti
sin un rumbo determinado
como una completa desconocida
como una piedra rodante.


Princesa en el pedestal y toda la gente bonita
beben y piensan que ya la hicieron
intercambian toda clase de preciosos regalos y cosas
pero mejor hubieras cuidado tu anillo de diamantes,
mejor lo hubieras empeñado, nena
solías burlarte tanto
de Napoleón en harapos y el lenguaje que utilizaba
vete con el ahora, te llama, no puedes rehusarte
cuando nada tienes, nada tienes que perder
ahora eres invisible, no tienes secretos que ocultar


¿Cómo se siente?
¿Cómo se siente?
Depender solo de ti
sin un rumbo determinado
como una completa desconocida
como una piedra rodante.




Como Una Piedra Rodante

Había una época en la que vestías tan elegante,
arrojabas monedas de diez centavos a los vagabundos,
En la primavera de tu vida, ¿No es así?
La gente te decía, ''ten cuidado muñeca, te vas a caer'',
pensabas que estaban jugando contigo.


Solías reírte de todos los que te rodeaban,
ahora ya no hablas tan alto,
ahora ya no pareces tan orgullosa
de tener que mendigar para tu próxima comida.


¿Cómo se siente?
¿Cómo se siente?
Estar sin un hogar
como una completa desconocida,
como una piedra rodante.


Has ido a los mejores colegios, de acuerdo, señorita solitaria,
pero sabes que solo lo usaste para aprovecharte,
y nadie te enseño nunca como vivir en la calle,
y ahora descubres que tendrás que acostumbrarte a hacerlo.


Decías que nunca te comprometerías
con el misterioso vagabundo, pero ahora te das cuenta
que no vende ninguna coartada,
mientras miras fijamente el vacío de sus ojos
y le dices, ¿quieres hacer un trato?


¿Cómo se siente?
¿Cómo se siente?
Andar por tu propia cuenta
sin dirección a casa
como una completa desconocida
como una piedra rodante.


Nunca te diste la vuelta para ver los ceños fruncidos de los malabaristas y los payasos que hacían sus trucos para ti.
Nunca comprendiste que eso no estaba bien,
no debiste permitir que otros se dieran patadas para divertirte.
Solías montar en el caballo cromado con tu diplomático,
que llevaba sobre su hombro un gato siamés,
¿No fue duro cuando descubriste que desapareció después de robarte todo lo que pudo?


¿Cómo se siente?
¿Cómo se siente?
Andar por tu propia cuenta
sin dirección a casa
como una completa desconocida
como una piedra rodante.


La princesa en la torre y toda la gente bonita bebiendo, pensando que han triunfado.
Intercambiando toda clase de preciosos regalos y cosas.
Pero más vale que Tomes ese anillo de diamantes y lo empeñes nena.
Tu que solías divertirte tanto con el haraposo Napoleón y con el lenguaje que usaba.


Ve con él ahora, te llama, no puedes negarte,
cuando no tienes nada, no tienes nada que perder,
eres invisible ahora,
no tienes secretos que ocultar.


¿Cómo se siente?
¿Cómo se siente?
Andar por tu propia cuenta
sin dirección a casa
como una completa desconocida
como una piedra rodante.




Letras 1962-2001
Bob Dylan
Editorial Alfaguara


Letras 1962-2001 es la más amplia recopilación publicada hasta la fecha de las letras escritas por un creador que ha revolucionado la canción popular destilando las tradiciones más diversas, desde el blues al country, desde la balada británica al góspel negro, desde la música de vodevil al rock and roll. Se trata, a todos los efectos, de unas “obras completas” que incluyen el material descartado en las sucesivas grabaciones y, por primera vez, todas las composiciones posteriores a 1985 con la sola excepción de Modern Times. Además, es una edición bilingüe donde el verso traducido accede a ser un puente hacia el original pero aspira a poseer unas mínimas propiedades rítmicas que, esperamos, permiten leer cada letra como una composición autónoma. Las extensas notas de Alessandro Carrera, experto en Dylan y autor de la versión italiana, proporcionan al lector una afilada herramienta crítica para adentrarse en la maraña de citas, referencias, alusiones y apropiaciones que Dylan maneja con tanta libertad como abundancia y que toma de fuentes tan dispares como la Biblia, el folklore infantil, la poesía de Shakespeare, el teatro de Brecht, el cine negro o el periódico del día.


Esta edición ofrece al fin la posibilidad de explorar en inglés y en castellano el casi inabarcable universo creado por la imaginación poética de Dylan: su temeridad verbal, sus extravagantes metáforas, sus aforismos imposibles, su lenguaje privado, su humor, su épica, su ingenio, su ingenuidad, su sarcasmo, su lirismo y, sobrevolando por encima de todo, su omnívora mirada.


"Si Elvis Presley nos liberó el cuerpo, Bob Dylan nos ha liberado la mente." Bruce Springsteen


"Bob Dylan es una fuente de inspiración para todo tipo de escritores." Salman Rushdie


"Cuando escuché A Hard Rain´s A-Gonna Fall me puse a llorar: parecía que el testigo había pasado de los poetas beat a las nuevas generaciones." Allen Ginsberg


"Dylan es como una voz antigua venida a decirte que debes saber de dónde vienes." Bono


"En una cultura popular sometida a cambios tan rápidos como vertiginosos, Bob Dylan conserva sus estatura y algo de su misterio original. Es la figura dionisíaca por excelencia." Joyce Carol Oates


How does it feel?


domingo, 10 de abril de 2011

Escultura en MARCO

Ron Mueck: Hiper realismo


Por: Federico Zertuche

Del 18 de marzo al 31 de julio de este año se presenta en el Museo de Arte Contemporáneo (MARCO) de Monterrey, una exposición del escultor australiano Ron Mueck (1958), quien en poco tiempo se ha posicionado como uno de los artistas más célebres y controvertidos en su género.


Como resultado de una muy depurada y elaborada técnica que utiliza siliconas y fibra de vidrio, entre otros materiales, Mueck, dotado de gran talento artesanal y visión artística, logra construir en diversas escalas esculturas de cuerpos o partes del cuerpo humano -desde recién nacidos, niños, adolescentes, adultos hasta ancianos-, en diversas posturas y representaciones con una meticulosidad tan perfecta y minuciosa que respeta el más mínimo detalle anatómico, lo que confiere a sus obras un poder tal que permite exhibir ante el espectador no sólo sus rasgos o partes íntimas corporales, sino que a través de ellos penetramos el alma, nos adentramos a la psique y sondeamos el espíritu del personaje recreado de una manera casi indiscreta, hasta hacernos sentir ruborizados.

Mueck se inició en el cine como utilero, creador de objetos escenográficos para efectos especiales, de ahí saltó a la escultura gracias a su suegra la gran pintora portuguesa Paula Rego (de quien por cierto recién se expuso en MARCO una estupenda retrospectiva), la que le invitó a elaborar unos muñecos de Pinocho para una muestra suya en Londres. Ella le presentó a Charles Saatchi quien de inmediato quedó sorprendido con el trabajo de Mueck y comenzó a coleccionar y solicitar sus trabajos.


Dead Dad
Al poco tiempo realiza la escultura titulada “Dead Dad” (Papá muerto), una escalofriante e hiperrealista escultura a base de silicona, que representa el cadáver de su propio padre, reducido a dos tercios de su tamaño natural. En ella usó su propio pelo para trasplantarlo a la obra.


Como se ha señalado, las esculturas de Mueck reproducen fielmente los detalles del cuerpo humano, pero juega con la escala para crear imágenes que sacuden al espectador.


En la exposición de MARCO se exhiben once obras, prácticamente una por sala, muy bien distribuidas, dispuestas e iluminadas, lo que permite al visitante acercarse física y estéticamente desde varios ángulos y perspectivas.


Abre la muestra parte de una cabeza y cara, con la figura del propio escultor. Acostada sobre su lado derecho, con un corte longitudinal que la reduce a tres cuartos, va de la coronilla al mentón. La escala es enorme y nos permite esa visión de detalle, cuya proximidad produce cierto escalofrío y rubor.


Igualmente sorprendente es la monumental mujer recostada en una cama, tapada con sábanas y edredón blanco apoyada en almohada de igual color y textura. La mirada introspectiva y el gesto ensimismado del personaje tendido en la intimidad de su cama y privacidad de su recámara, produce en el espectador la rara sensación de estar fisgando.


Un adolescente negro erguido y delgado, reproducido en una escala muy menor que las indicadas, al levantantar un poco su camiseta (T shirt) observa una herida que sangra; más abajo se ve el elástico que sujeta sus calzoncillos cubiertos por unos blue jeans que concluyen en los empeines de sus desnudos y juveniles pies morenos; constituye una pequeña obra maestra.


Una bebé recién nacida construida a gran escala, con el cordón umbilical todavía colgando y cubierta aún de sangre y otros líquidos amnióticos, con sus uñas un poco crecidas, irradia una fuerza vital primitiva y primigenia e impacta por su temprana figura de rasgos todavía fetales.


La anciana acurrucada en su cama y tapada más arriba del cuello, rumiando el sueño de la vejez y del deterioro corporal, nos anuncia con piedad y condescendencia el ocaso de nuestra propia vida.


El resto de obras son igualmente notables y dignas de admiración, como la mujer que carga un haz de ramas secas para la hoguera; o el hombre solitario, absorto y desnudo de la barcaza, cuyo rumbo y derrotero constituyen un misterio ya que en vez de remar lleva los brazos cruzados. En todo caso, se trata de una exposición cuyas obras nos dejan una fuerte impresión, nos conmueven de manera profunda, impactan nuestra sensibilidad y despiertan una peculiar experiencia estética.


Muy recomendable ir a verla. ¡No se la pierdan!



viernes, 8 de abril de 2011

Georgia O'Keeffe

Jack-in-the-Pulpit IV. óleo s/tela 1930
Jack-in-the-Pulpit

Para: Mayra Ortiz Salinas


En 1930, Georgia O' Keeffe pintó una serie de seis lienzos que representan una flor, un lirio: Jack-in-the-Pulpit (El gato-en-el-púlpito). La serie comienza con la floración rayada y encapuchada lograda con el cuidado de un botánico, continúa con pinturas sucesivamente más abstractas y firmemente enfocadas, y termina con la esencia del lirio gato-en-púlpito, un pistilo negro hueco dibujado erguido y solo, sobre un fondo negro, púrpura, y gris.



Jack-in-the-Pulpit (Pistilo)

El lirio Jack-in-the-Pulpit IV representa un punto medio en este proceso concurrente de aumentar el detalle y la abstracción. Si O' Keeffe encontró constantemente su inspiración más fuerte en la naturaleza, creyó que la trascendencia de la naturaleza se podría descubrir en y con el refinamiento de la forma. Así en los gato-en-púlpito, la abstracción se convierte en una metáfora de, y un equivalente para, el conocimiento - la vista más cercana de la flor rinde una imagen abstracta; el conocimiento más profundo del tema revela su forma abstracta. O'Keeffe legó la pintura de la flor, el lirio Gato-en-Púlpito II-VI a la National Gallery of Art en 1987. También fueron incluidas en ese legado tres pinturas que se extendían en rango de fechas desde 1927 hasta 1963.


De la serie Jack-in-the Pulpit
Georgia O'Keeffe
Americana, 1887 - 1986


Tanto en su vida como en el arte, Georgia O' Keeffe fue una pionera del modernismo americano. Nacida en Wisconsin, comenzó sus estudios del arte en la escuela del prestigioso Art Institute de Chicago en 1905 a la edad de dieciocho. Dos años después se trasladó a Nueva York para seguir sus estudios en Art Students League. En esa época tuvo la oportunidad de conocer a los modernistas europeos en la Galería 291 del fotógrafo Alfred Stieglitz. Después de trabajar por algunos años como artista comercial en Chicago, en 1910 ella fue a Charlottesville, Virginia, adonde su familia se había domiciliado, y tomó cursos de dibujo en la universidad de Virginia. Durante los ocho años próximos O' Keeffe combinó estudios de arte y de educación del arte con arte de enseñanza, viajando, y desarrollando su propio estilo. En 1916 algunos de sus dibujos fueron mostrados a Alfred Stieglitz, quien reconoció su singular talento y exhibió un conjunto de sus abstracciones de repuesto del carbón de leña en 291 el año siguiente. Moviéndose de nuevo a Nueva York en 1918, O' Keeffe se sintió bien al ledo del grupo de artistas progresivos--Charles Demuth, Paloma de Arturo, Juan Marín, y Marsden Hartley—quienes se habían relacionado alrededor de Stieglitz y de su galería. En 1924 O' Keeffe se casó con Stieglitz, y dividió su tiempo a través de los años 20 entre New York City y el hogar de la familia de Stieglitz en el lago George en Upstate, Nueva York. Durante su larga carrera, la temática de O´Keeffe se amplió de paisajes urbanos a las abstracciones y a la figura, estudios, paisajes, y sus célebres flores. En 1929 pasó un verano en New México por primera vez, un hábito que mantuvo hasta que se mudara allí permanentemente en 1949, luego de la muerte de su marido. El sudoeste americano probó ser una fuente particularmente fértil para muchos de los trabajos de O' Keeffe. Los espacios abiertos de par en par y extensos, proveyeron de experiencia directa a las formas y los efectos de la naturaleza que ella registró audazmente en sus trabajos. Sus imágenes en negrilla, simples y vivas parecen suspender el tiempo capturando un momento efímero y rindiéndolo en forma sólida, monumental.


Blue green music
Pintora abstracta estadounidense notable por la pureza y claridad compositivas de sus naturalezas muertas. OKeeffe nació el 15 de noviembre de 1887 en Sun Prairie, Wisconsin, y estudió en la escuela del Instituto de Arte de Chicago y en la Liga de Estudiantes de Arte de Nueva York. Se dedicó a la enseñanza artística en Texas desde 1913 a 1918. En 1916 el fotógrafo y galerista estadounidense Alfred Stieglitz (con quien se casó en 1924) se mostró interesado en sus dibujos abstractos, exponiéndolos en la 291, su galería de Nueva York. Su obra se expuso cada año en las galerías de Stieglitz hasta la muerte de éste en 1946, y en otras instituciones importantes. OKeeffe, que se trasladó a Nuevo México en 1949, es famosa por sus pinturas sobre escenas y flores del desierto, en las que las simples flores u objetos como calaveras de vaca se presentan en primeros planos. Aunque OKeeffe trata los temas de forma figurativa, la severidad de líneas, el colorido claro y transparente y los audaces esquemas compositivos producen diseños abstractos. Gran número de sus obras poseen un efecto abstracto, dentro de la temática floral como en Iris negro (1926, Metropolitan Museum of Art, Nueva York), en donde los detalles de la flor se han agrandado hasta el punto de que ésta resulta irreconocible y sorprendente. En la década de 1960, inspirándose en temas de vuelos aéreos, OKeeffe introdujo en sus pinturas motivos del cielo y de las nubes tal como se ven desde el aire. Una de sus obras de mayores proporciones, con sus 7,3 m de largo, es el mural Cielo sobre nubes (1965, Colección de la artista). Murió el 6 de marzo de 1986, a los noventa y nueve años.


Georgia O'Keeffe
La reina del desierto


Por: Florencia Rolón


Cuando murió a los 98 años en Nuevo México, había recorrido todo un siglo de búsqueda estética y espiritual que la llevó a dejar la elite vanguardista de Nueva York para adentrarse en paisajes más áridos y estériles, en los que halló belleza e intensidad. En paralelo con la euforia embriagadora de su época, Georgia O'Keeffe fue autora de las primeras imágenes abstractas del arte norteamericano y su figura, recordada con recelo y poca justicia, se celebra en el museo que lleva su nombre en Santa Fe, donde cada año llegan miles de amantes de su arte para realizar una peregrinación por los paisajes que la inspiraron. Hasta septiembre, una exhibición itinerante explora su obra abstracta.


Una nube de arenisca se levanta desde el suelo desértico en capas de color rosa, amarillo y anaranjado, hasta que se topa con el cielo azul que, expansivo, detiene su ascenso en los alrededores de un rancho al norte de Nuevo México. Salvo por unos cuantos pájaros que cantan y la brisa que sopla a través de los árboles, todo está muy tranquilo. Georgia O'Keeffe, la pintora modernista considerada la primera puramente estadounidense, encontró la manera de transportar a un lienzo la luz, las formas y los colores de los acantilados y las colinas de arcilla que circundan los poblados de Ghost Ranch y Abiquiu, para que todo el mundo los pudiera conocer. Este es el país de Georgia O'Keeffe: remoto, solitario e impresionante.


Miles de personas viajan a Santa Fe todos los años para visitar el Georgia O'Keeffe Museum, donde desde fines de mayo hasta el 12 de septiembre próximo está en exposición Georgia O'Keeffe: Abstraction, una exhibición que incluye más de 125 pinturas, dibujos, acuarelas y esculturas, así como una selección de los cientos de retratos fotográficos tomados por el célebre Alfred Stieglitz, su galerista primero y esposo después.

Aunque Georgia O'Keeffe (1887-1986) ha sido celebrada como una figura central en el arte del siglo XX, las obras abstractas que creó a lo largo de su carrera permanecieron ignoradas por los críticos y el público en favor de sus temáticas más representativas de la belleza del paisaje norteamericano. El salto a la abstracción se dio en 1915 con un grupo de dibujos al carbón que se encontraban entre las creaciones más radicales producidas en los Estados Unidos de entonces. Y si bien sus producciones abstractas mermaron a partir de 1930, regresó a ellas a mediados de la década del 40 con un nuevo vocabulario, que le proporcionó una generación más joven de artistas abstractos que había tomado impulso en esa época. Dedicada a este aspecto casi inexplorado de su trabajo, la muestra funciona como un reconocimiento tardío a su lugar como una de las primeras artistas abstractas del país.


O'Keeffe, foto de Alfred Stieglitz 1918
La vida intensa
Georgia O'Keeffe nació en Sun Prairie, Wisconsin, en 1887. Segunda de siete hermanos, anhelaba ser artista desde muy joven, hasta que en 1905 asistió al Instituto de Arte de Chicago y un año más tarde se trasladó a estudiar en la Art Students League de Nueva York. Aunque su trabajo de estudiante fue bien recibido, le resultó insatisfactorio, y durante un corto período de tiempo abandonó las bellas artes. Trabajó una breve temporada como artista comercial en Chicago, antes de mudarse a Texas para enseñar. Durante el verano de 1915, O'Keeffe tomó clases en el Colegio de Profesores de la Universidad de Columbia en Carolina del Sur, y allí se dio lugar su vuelta al mundo de la pintura.


Su instructor en aquella ciudad fue Arthur Dow Jones, un especialista en arte oriental cuyo interés en el arte no europeo -en pleno boom del arte europeo- la ayudó a alejarse de las formas que había encontrado tan asfixiantes en sus estudios anteriores. O'Keeffe dijo de él: "Fue Arthur Dow quien me ayudó en los comienzos a encontrar algo de mí misma". Poco después, realizó un puñado de dibujos a la carbonilla que envió a una amiga en Nueva York. Su amiga, Anna Pollitzer, los mostró al fotógrafo y galerista Alfred Stieglitz que, entusiasmado con la energía vibrante de la obra, organizó una muestra. Así fue como, sin su conocimiento, Georgia O'Keeffe realizó su primera exposición individual en 1916 en la galería del reconocido fotógrafo.


En dos años, Steiglitz había convencido a O'Keeffe de mudarse a Nueva York y dedicarse exclusivamente a la pintura. Las presentaciones regulares de su trabajo habían cimentado a su alrededor un murmullo y un pequeño grupo de seguidores. Seis años más tarde estaban casados, y comenzaron una de las colaboraciones más fructíferas de la época modernista. Durante los siguientes veinte años, iban a vivir y trabajar juntos: mientras Steiglitz erigía un cuerpo increíble de retratos de O'Keeffe, ella revelaba sus nuevos dibujos y pinturas casi todos los años en la galería de su pareja. De esa época son algunas de las obras más destacadas de O'Keeffe: grandes lienzos de exuberantes flores y abrumadoras naturalezas muertas, con una energía dinámica y una tensión erótica muy particulares; y paisajes urbanos que fueron testimonio de la sutil belleza que subyace a marcos más industriales.


En 1929, O'Keeffe fue de vacaciones con su amiga Beck Strand a Taos, Nuevo México, un viaje que cambiaría para siempre el curso de su vida. Enamorada de los cielos abiertos y el paisaje bañado por el sol, desde entonces volvió allí cada verano para recorrer y pintar. Cuando en 1946 murió Steiglitz, se instaló de forma permanente. La rica textura de las nubes y el cielo nutrió las representaciones de flores cada vez más sensuales y, debajo de las nubes, los huesos blanqueados de los animales muertos hace mucho tiempo.


A lo largo de las décadas de 1950 y 1960, la popularidad de O'Keeffe siguió creciendo. Viajó alrededor del mundo y tuvo una serie de grandes retrospectivas en Estados Unidos. La más importante llegó en 1970 en el Whitney Museum of American Art de Nueva York, colocándola categóricamente como una de las pintoras norteamericanas más significativas e influyentes. Al año siguiente, su vista se deterioró de manera espectacular y se retiró de la vida artística. No fue sino hasta 1973, después de reunirse con Juan Hamilton, un joven artista de la cerámica, que regresó a trabajar. Con su estímulo y ayuda, volvió a la pintura y a la escultura. En 1976 su autobiografía ilustrada, Georgia O'Keeffe, fue un best seller, y en 1985 recibió la Medalla de las Artes de Ronald Reagan. En marzo del año siguiente, a la edad de 98 años, falleció en el Hospital St. Vincent de Santa Fe, Nuevo México. Desde entonces, su trabajo conforma una parte primordial de los principales museos nacionales e internacionales, y sus pinturas, para muchos, representan el comienzo de un nuevo arte, libre de la ironía y el cinismo de la segunda mitad del siglo XX.


Oriental Poppies 1927
Viaje al corazón del desierto
Para aquellos que quieren ver los paisajes reales que inspiraron el trabajo de O'Keeffe, desde el museo sale una peregrinación hacia el corazón del desierto. Ghost Ranch se encuentra en el corazón del país O'Keeffe, sobre el Valle del Río Chama, pasando Española y más allá de varias pequeñas comunidades a lo largo de una soñolienta carretera de doble mano. Ya anciana, O'Keeffe lo llamó "el mejor lugar del mundo". "Hay un montón de gente que está realmente intrigada por ella. Quieren entender lo que realmente la motivó a venir aquí para ver todo esto", afirmó Karen Butts, guía de turismo de Ghost Ranch.


O'Keeffe pasaba horas -a veces días- analizando tierra a pie y en automóvil, en busca de sus motivos: colinas rojas y moradas, acantilados blancos y amarillos, y los cedros que salpican muchos de sus paisajes. Incluso la escalera con la que solía subirse al techo para tener un mejor punto de observación todavía está apoyada en su casa de adobe. Las visitas al paisaje de Ghost Ranch se ofrecen cuatro días a la semana y los visitantes también pueden quedarse a pasar la noche. Cada vez que la guía lleva a un grupo de visitantes, no deja de señalar determinadas vistas, como el Cerro Pedernal, una colina con silueta azul calada en el horizonte del sur que O'Keeffe pintó y dibujó docenas de veces. A lo lejos, las columnas de piedra arenisca sobresalen del acantilado.


De la serie Jack-in-the-Pulpit
El norte de Nuevo México llamó por primera vez la atención de la artista hace casi un siglo. Lejos de las galerías de arte que frecuentaba la elite social de Nueva York y sus críticos de arte, el área la inspiró a tal punto que jamás pudo desligarse. Aunque sólo poseía una pequeña parcela de tierra en Ghost Ranch, O'Keeffe consideraba los coloridos acantilados el patio de su casa y el valle del Pedernal, su frente. "Lo más fascinante para la gente es darse cuenta de que pintaba lo que veía, sobre todo en Nuevo México. Las imágenes, los colores son reales y ha conseguido capturar la zona a la perfección", dijo Barbara Buhler Lynes, estudiosa de la obra de la artista y curadora del Georgia O'Keeffe Museum en Santa Fe. Realizadas desde hace un par de años siguiendo un catálogo creado especialmente por Lynes, en las sucesivas peregrinaciones llegaron a señalar más de 60 puntos en el desierto de Nuevo México que inspiraron las pinturas de la artista.


Muchas de las obras de Abstraction se completaron antes de que O'Keeffe empezara a trabajar en Nuevo México. Sin embargo, la muestra incluye los resúmenes de la década de 1940 de las estériles colinas en negro y gris al oeste de Ghost Ranch y obras realizadas en la década de 1950 de la muralla y puerta del patio en la casa Abiquiu, tema que fascinó a O'Keeffe. "Ella rompió muchas barreras. Fue una de esas mujeres que en su tiempo no pensaba en sí misma como una feminista", señaló Butts.


"Cuando pienso en la muerte, sólo lamento que no voy a ser capaz de ver más este hermoso país, a menos que los indios tengan razón y mi espíritu se pasee por aquí cuando ya no esté", confesó O'Keeffe en una entrevista de 1967. Cuando murió en 1986 sus cenizas fueron esparcidas sobre el Cerro Pedernal.


Casa y estudio en New Mexico
En la casa de O'Keeffe en Abiquiu, situada en una colina que domina el valle, los visitantes pueden adentrarse en su amplio estudio, disfrutar de las increíbles vistas que tenía desde la ventana del dormitorio y ver las colecciones de rocas que la propia artista recolectó en los alrededores de la propiedad. La casa está tal cual ella la dejó, con su colección de té en la despensa y las primeras ediciones de DH Lawrence y sus libros sobre jardinería, salud y cocina apilados en la biblioteca.


http://www.okeeffemuseum.org/












lunes, 4 de abril de 2011

El rey leproso

Ilustración medieval que representa a Balduino IV de niño
Balduino IV El Leproso
Por: Federico Zertuche


El caso del rey leproso es único y emblemático en toda la historia de la realeza europea. No encontramos en los anales de reyes, reinas o príncipes ningún otro personaje semejante a Balduino IV (1151-1185), ni antes ni después del paso por este mundo del joven rey de Jerusalén.


La saga de Baldunio IV nos remonta a la Primera Cruzada (1096-1099), y al establecimiento del llamado reino franco de Siria en Tierra Santa hasta su ulterior caída en 1188, tras la victoria de los poderosos ejércitos musulmanes dirigidos por Salah Al-din (Saladino) el legendario atabeg (rey) de Damasco y Alepo.


Como sabemos, quien tuvo la primera idea de una Cruzada, tal y como se comprendió entonces y luego se realizara, fue sin duda el papa Urbano II (1088-1099), quien contó con el importante apoyo del conde de Tolosa, Raimundo de Saint-Gilles, principal propagandista y ejecutor de la guerra santa en aquella Europa de la Plena Edad Media.


Al poco tiempo del llamado de Urbano durante el Concilio de Clermont, el vulgo quiso atribuir a ambos un papel secundario concediendo principal protagonismo como “verdadero” iniciador de la Cruzada al personaje más popular, legendario y célebre entre la cristiandad de entonces: Pedro el Ermitaño, a quien Jesucristo habría aparecido en sueños y entregado una carta dirigida al Pontífice. Cuenta la leyenda que Pedro habría ido a Roma a ver al papa para darle parte de su visión y mostrarle la milagrosa misiva, en la que, por intermedio de san Pedro, Cristo mandaba a Urbano II predicar la guerra santa a fin de liberar Jerusalén.


Aunque no hay nada que pruebe tales versiones, particularmente que haya estado en Roma en ningún año antes del Concilio, ni hubiese visto jamás al papa, lo cierto es que la fama y popularidad de Pedro el Ermitaño eclipsó desde un principio la de los demás participantes y protagonistas de la Cruzada, sobre todo si tenemos en cuenta que éste hombre se dirigía al vulgo sin tener relación estrecha ni con la Iglesia ni con los barones cruzados.


“El pequeño Pedro”, era menudo y delgado e iba siempre pobremente vestido montando un diminuto burro. Cuando se llamó a la Cruzada Pedro ya era un predicador muy conocido y popular en todo el norte y noroeste de Francia, había pasado años recorriendo Normandía, Champaña, Picardía, y la Isla de Francia, seguido de muchedumbres de fieles que, llevados por su ejemplo, habían elegido la vida errante de los apóstoles.


En todo caso, se calcula que la masa que logró atraer Pedro el Ermitaño para participar en la Cruzada se elevó entre cuarenta y cincuenta mil personas, exorbitante para la época. La gran mayoría era del pueblo llano, campesinos empobrecidos, iletrados e ignorantes en las artes de la guerra, movidos por la pasión religiosa y fanática. Por ello, no es de extrañar que apenas desembarcaron en Asia Menor, al pretender temerariamente sitiar y arrebatar a los turcos la ciudad de Nicea, aquella turba del pequeño Pedro fuera sorprendida y masacrada por las tropas del sultán Quilich-Arsalan reduciéndola a apenas dos o tres mil supervivientes, en su mayoría rezagados que no estuvieron presentes en el lugar de la batalla.


Por su parte el ejército o ejércitos de los barones eran de consideración, sumando varios miles de caballeros bien entrenados, armados y dispuestos para la guerra. “Raimundo de Saint-Gilles, Godofredo de Bouillon y Roberto de Normandía, mandaban cada uno mil caballeros, el conde de Blois y el conde de Flandes a varios centenares, y Bohemundo de Tarento mandaba un ejército de siete a ocho mil hombres y no menos de quinientos caballeros. El caballero, a su vez, representaba una unidad combatiente que comprendía, además de él, cinco o seis soldados escogidos. Aparte de los caballeros, éstos ejércitos contaban con arqueros, con toda clase de técnicos desde ingenieros hasta simples encargados de las máquinas de guerra, un extenso número de personal auxiliar y de servicio y de todos los profesionales del oficio de las armas; y los soldados rasos, gente de a pie armada con lanzas pequeñas, garrotes y cuchillos, quienes también tenían criados a su cargo que no combatían pero que se empleaban en otras mil tareas de campamento y de asedio.” (1)

En todo caso, en el siglo XII, como consecuencia del éxito de la primera Cruzada, los cristianos establecieron el llamado reino franco de Siria que comprendía varias provincias del Medio Oriente incluyendo Jerusalén.


La majestad santa de la ciudad exigía que fuese capital de un reino, había necesidad, pues, de nombrar a un rey de Jerusalén. La elección de los barones y clérigos recayó en Godofredo de Bouillon, duque de Baja Lorena, candidato natural. Godofredo declinó el título de rey a cambio del de “defensor del Santo Sepulcro”. A la postre, éste imponente y rubio barón franco, descendiente de Carlomagno, pasaría a formar parte del elenco más selecto del panteón de los héroes de la épica europea.


Cabe aclarar que si bien Jerusalén fue en muchos sentidos un reino franco, por lengua y por tradición, por haber sido francos sus príncipes, aristocracia y buena parte de su población, en cambio, conforme a derecho era una especie de Estado internacional, así como los Santos Lugares que estaban confiados a ellos eran propiedad de todo cristiano y en particular de los cristianos occidentales. Ingleses, italianos, alemanes, escandinavos, iban a Jerusalén en peregrinación o cruzados, sin tener por ello que ponerse al servicio de los francos. Ahí todos los hombres estaban al servicio de Dios. Es sumamente interesante constatar dicha perspectiva supranacional y supraestatal, germen de la entonces muy lejana Unión Europea.


Jerusalén (Grabado)
“La Jerusalén cristiana, la Jerusalén de los cruzados y del Reino franco, se convirtió en la ciudad-templo, a donde acudían de todos los rincones de la cristiandad, ya fuera latina o griega, ortodoxa o herética, afluían los peregrinos que rivalizaban en fervor y se aglomeraban en masa en el Santo Sepulcro y el Gólgota y en todos los santuarios de la ciudad y de los alrededores con una libertad jamás conocida en tiempos de la dominación musulmana.” (2)


Sigamos pues, tras la muerte del célebre Godofredo le sucede su hermano Baldunio de Bolonia, quien el día de Navidad del año 1100 es coronado rey de Jerusalén bajo el nombre de Balduino I. Una de sus principales acciones bélicas fue la ajustada derrota que inflingió a un poderoso ejército egipcio enviado por el visir Al-Afdal con la intención de reconquistar Jerusalén. Baldunio, que había perdido la mitad de sus tropas y a quien se creía vencido, arremetió contra sus enemigos con tal furia y eficacia que logró sembrar el pánico en el campo adversario y hacerlos huir en el más completo desorden.


En el momento en que se le daba ya por muerto en Jerusalén como en Jaffa, Balduino se presentó ensangrentado y cargado de despojos y de un botín ante las murallas de Jaffa, junto al obispo de Ramlah que portaba en alto la Vera Cruz. Esta reliquia (un trozo de madera considerado como tal y que se guardaba en el Santo Sepulcro), que había tomado parte en la batalla y dado fuerzas a los combatientes, iba a estar presente en todas las batallas y a adquirir gran renombre no sólo entre los cristianos sino también entre los musulmanes.


Balduino I fallece sin dejar descendencia ni designar sucesor, por lo que los barones tuvieron que elegir un rey, quienes en contra de la legitimidad más estricta se inclinaron por Balduino de Bourg, que accedió al trono como Balduino II y gobernó no sin dificultades.


Caballero ungido
Entretanto, a la muerte de Balduino II, le sucede en el trono de Jerusalén Fulco V de Anjou quien reinó entre 1131 y 1143, a éste le sucede Balduino III que gobierna hasta 1157, año en que accede al trono su hermano Amalarico ya aquel que no tuvo hijos.


Amalarico gobernó hasta morir víctima de una disentería a la edad de 39 años. Para acceder al trono Amalarico, había sido obligado a repudiar a su primera esposa, Inés de Courtenay, a quien los barones consideraban indigna para ser reina de Jerusalén, y con quien tuviera dos hijos: Balduino y Sibila. Después contrajo segundas nupcias con María Comneno, sobrina nieta del emperador de Bizancio con quien tuvo solo una hija. De tal manera que al fallecer, el trono le correspondía por derecho hereditario al joven príncipe Balduino quien asumiría el trono como Balduino IV.


El heredero al trono, se hallaba desde su más tierna infancia aquejado por un mal misterioso que ningún remedio había podido curar. Cuando el niño hubo cumplido diez años, los médicos y cuantos le rodeaban tuvieron que rendirse a la evidencia: el pequeño Balduino era leproso.


La lepra era entonces una enfermedad bastante común, sobre todo en Oriente, y aunque no era tema tabú, por cuestiones de higiene y salud pública existían leyes que ordenaban una rigurosa exclusión de los leprosos de la vida social amén de la pérdida sus derechos civiles. No obstante, al pequeño Balduino nunca se le consideró impuro ni indigno de reinar, sobre todo por el hecho de ser el único hijo barón del rey, y heredero legítimo.


Retrato medieval de Balduino
Según relata el cronista Guillermo de Tiro, quien fuera su preceptor, Balduino era “...durante su infancia, muy guapo, de espíritu rápido y abierto, cabalgaba muy bien, mejor que ninguno de sus predecesores...”. “No olvidaba nunca un insulto, y menos aún una buena acción.” Tenía “una excelente memoria, era muy instruido, recordaba bien las historias y las contaba con gusto...”.


El joven príncipe debió comprender enseguida que su enfermedad era incurable, por lo que quiso olvidarse de ello y hacer olvidar a los demás que estaba enfermo. A la muerte de su padre, la enfermedad había progresado tanto que comenzaba a hacerse visible. Las gentes del reino sentían gran dolor al verlo.


Durante los primeros años, debido a la minoría de edad del rey, gobernaron Jerusalén dos regentes, primero, el senescal Milón de Plancy, caballero francés, amigo íntimo de Amalarico, hasta que fuera asesinado a puñaladas en plena calle por una banda de conjurados. Le sucedió en el cargo el entonces conde de Trípoli, Raimundo III, primo hermano del rey difunto y primer barón del reino latino ya que Bohemundo III, príncipe de Antioquía, había pasado a formar parte de los adeptos del Imperio Bizantino abandonando al reino.


A partir de 1175 el regente Raimundo y los barones de Jerusalén pudieron contar en sus batallas y correrías bélicas con un auxilio inesperado y más valioso de lo que podían creer. El joven rey de apenas catorce años, se estaba revelando como un intrépido guerrero, capaz de arrastrar las tropas a combate, y más tarde, de mandarlas y dirigirlas en una batalla. Era para sus hombres un símbolo y un estímulo, todos combatían mejor sabiéndose bajo las órdenes de un rey legítimo. A esa edad y con su enfermedad a cuestas, Balduino tenía que cabalgar decenas de kilómetros a menudo completamente armado, con cota de malla y casco, bajo un calor sofocante, y había que lanzarse contra el enemigo con escudo y lanza en mano.


Había recibido una esmerada educación como corresponde a un príncipe, por caballeros y maestros de armas, y también por eclesiásticos, entre ellos el historiador Guillermo de Tiro; éstos le inculcaron la virtud de la paciencia y fortaleza para la dura prueba que sería su vida. También despertaron en él el sentido del deber, el orgullo de ser rey de Jerusalén y defensor del Santo Sepulcro. En todo caso, Balduino IV parecía poco dado a compadecerse de sí mismo.


Balduino contrajo la enfermedad desde chico que en la pubertad comenzó a progresar con mayor rapidez, al final de su vida sus miembros se le caían literalmente a trozos y se le soltaban del cuerpo. A los quince años es nombrado rey tras la muerte de su padre, y fallece en 1185 luego de doce años de reinado sin haber cumplido los veinticinco de edad.


Sin embargo, fue sumamente respetado, admirado y ciegamente obedecido por sus súbditos dadas sus grandes dotes y cualidades para el gobierno y la guerra, así como por su tremenda determinación ante la adversidad de su enfermedad, pues sabiéndose con tal defecto físico quiso demostrar al mundo y a si mismo que era capaz de igualar y superar a los demás.


Como diría la medievalista experta en Cruzadas, Zoé Oldenbourg: “Con el ardor del adolescente que sabiéndose poseedor de tal defecto físico y enfermedad, quiso demostrar a todo el mundo y a sí mismo que era capaz de igualar y aún superar a los otros, el rey niño superaba su mal, porque si bien era un rey que tenía la desgracia de ser leproso, era también un leproso que tenía la suerte de ser rey”.


Le gustaba ejercer el poder, no tenía otra cosa que hacer en la vida, y estando predispuesto por herencia para ello, lo hacía con todo empeño y vigor. No toleraba desobediencia alguna, sin que ello supusiera tiranía; ésta la contenía, no obstante su juventud, debido a una viva inteligencia que le había hecho madurar antes de tiempo, así como a un fuerte sentido del deber que le hacía actuar siempre por el bien del reino antes que cualquier otro motivo.


Había nacido para la acción, por lo que hasta el último momento, cuando sus miembros se le caían literalmente a trozos quedándose sin manos ni pies así como otras partes de la cara y del cuerpo, quiso ser rey, mandar y ser obedecido, pues tal era su única manera de aferrarse a la vida merced a un fortísimo espíritu de lucha.


A la muerte de Amalarico, reaparece en la corte luego de largos años de ausencia, Inés de Courtenay, la esposa repudiada a quien los barones habían impedido ser reina, la habían separado de sus hijos cuando éstos eran aún muy pequeños, obligándola a un exilio ruinoso y humillante. Durante este tiempo contrajo nupcias en tres ocasiones y llegó a tener fama de bastante desconsiderada, pues, aunque tenía unos cuarenta años no renunciaba a sus aventuras amorosas, de las que más tarde llegaría a hacer gala descaradamente.


En todo caso, muerto el rey Amalarico nada podía impedir su retorno en calidad de madre del rey Baldunio y de su hermana la princesa heredera Sibila. Balduino, carente de afectos y de amistades, recibió de buena gana a su madre que pronto tendría gran ascendencia sobre su pequeño, desvalido y enfermo hijo, y por tanto en la corte. A partir de entonces, casi todas las intrigas palaciegas y sucesorias serían auspiciadas e instigadas por Inés.


En noviembre de 1177 mientras los ejércitos francos se distraían en una expedición contra Egipto y sitiaban la ciudad de Harim, en el norte de Siria, Saladino quiso aprovechar las circunstancias para atacar el reino por el Sur a un costado de Ascalón, cerca de Gaza. Creía que podría apoderarse con facilidad de un país sin defensores, por lo que dejó que sus ejércitos se desbandaran a fin de devastar los campos.


Balduino IV, que había reunido a todos los caballeros que le quedaban y había llevado consigo la Vera Cruz, corrió primero a refugiarse a Ascalón, y desde ahí se lanzó sobre el enemigo. El país franco creía que se encontraba al borde la invasión, sin posibilidad de resistir a las tropas de Saladino formadas por 27 mil hombres.


El rey de Jerusalén, cuyas tropas no sobrepasaban los 4 mil, llevaba a 375 caballeros de los cuales 80 eran Templarios que iban a las órdenes de su maestre Eudes de Saint-Amand; al príncipe Reinaldo de Chatillon, y a Jocelin III de Courtenay, tío del rey y hermano de la reina madre, a otros nobles caballeros, así como al obispo de Belén portando la Vera Cruz, amén de numerosos soldados de infantería reclutados a toda prisa.


El ejército franco, muy inferior en número, cogió a Saladino por detrás y por sorpresa. Según un cronista musulmán de la época “los bagajes militares que llegaban en aquel momento obstruían el paso. De repente aparecieron los escuadrones francos. Surgieron ágiles como lobos y ladrando como perros. Atacaban en masa, ardientes como la llama. Las tropas musulmanas se hallaban diseminadas saqueando los pueblos de los alrededores. La suerte de los combates se volvió pues contra ellas”. Los musulmanes no llegaron a poder agruparse y fueron rechazados y sus cuerpos reducidos a pedazos unos tras otros, Saladino se salvó de milagro, gracias a la abnegación de los mamelucos de su guardia personal que murieron casi todos a su alrededor.


Para el gran jefe musulmán este hecho constituyó una terrible derrota y los propios cronistas así lo registran. El ejército de Saladino huyó en desbandada hacia Egipto a través del desierto, muriendo en el trayecto muchos de sed, perdiendo caballos y mulos, y acosados por su retaguardia por los francos.


Baldunio –y la Vera Cruz- regresaron a Jerusalén como héroes. La victoria de Montgisard del 25 de noviembre de 1177, registrada así por la historia, fue considerada milagrosa por los contemporáneos, había salvado a la Siria franca del mayor de los peligros hasta aquel día. Desde antes se rendía un culto muy especial por la Vera Cruz, reliquia sin precio encontrada en Jerusalén, que no era toda la Cruz, sino como es sabido un trozo de ella incrustada en una gran cruz y venerada en la iglesia del Santo Sepulcro. Los días de fiesta era llevada en procesión a través de las calles de Jerusalén, y durante las grandes batallas acompañaba al ejército del rey.


El rey concluyó una tregua con Saladino, y los señores francos se pusieron a consolidar sus fortalezas y a construir otras nuevas con el fin de conservar Jerusalén para la cristiandad.


El rey leproso continuó organizando y conduciendo otras expediciones guerreas durante varios años más. Cuando estaba por cumplir los veinte años de edad, comenzó a verse seriamente aniquilado por su mal. Desfigurado, incapaz de servirse de las manos o de los pies, ya ni pensaba en montar su caballo ni correr al combate a la cabeza de sus ejércitos, no obstante que en algunas ocasiones lo hiciera sirviéndose de una litera; era el principio de su decadencia y la de su reino.


Cristianos embarcandose para Las Cruzadas
La corte de Jerusalén a imagen del rey leproso, se descomponía y se dislocaba a consecuencia de las intrigas desatadas por la ambición del poder y de la sucesión en ciernes, en la misma medida en que la salud del rey se desmoronaba. Inés de Courtenay y su hermano imponían su voluntad gracias a la benevolencia de un rey muy enfermo.


Al final de su vida, ya ciego e incapaz de moverse, fue llevado a la fortaleza del Krak de Moab, desde donde Reinaldo de Chatillon amenazaba las rutas del desierto y que fuera sitiada en toda regla por Saladino, la que pudo resistir por un tiempo, y ante la inminente llegada de las tropas reales mandadas por el conde de Trípoli y acompañado por el rey en persona, Saladino levantó el sitio y se retiró. Una vez más –y sería la última- Balduino IV hacía huir al gran Saladino.


Un año después, luego de elegir para la regencia del reino a Raimundo III, conde de Trípoli, y prestar juramento a Balduino V su sobrino de apenas siete años, a quien hizo coronar solemnemente en la iglesia del Santo Sepulcro, Balduino IV murió en marzo del anno Domini 1185, tras doce años de reinado, sin haber cumplido aún veinticinco de edad.


Zoé Oldenbourg, de quien nos hemos valido para elaborar este relato, resume esta semblanza del rey leproso: “Este ser apasionado y autoritario, sensible y lúcido, este joven terriblemente humillado en su carne y que, en el último grado de la decadencia física, podía sentir aún ‘una gran angustia’ y preguntarse ‘como podía socorrer’ a los sitiados del Krak; este mutilado, que, sin cara, manos ni piernas, se atrevía a reunir a sus barones y dictarles sus voluntades, es uno de los más grandes ejemplos de energía moral que la Historia nos ha dejado”(4). Así sea.


Notas bibliográficas


(1) Oldenbourg, Zoé, Las cruzadas, Ediciones Destino, Barcelona 1974, página 81.
(2) Oldenbourg, Zoé, Íbidem, página 208.
(3) Oldenbourg, Zoé, Opus cit., página 329.
(4) Oldenbourg, Zoé, Opus cit., página 329.


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