lunes, 21 de junio de 2010

Martín Cortés

  
Códice de Tlaxcala 1552, donde aparecen Moctezuma,  Hernán
Cortés y doña Marina fungiendo como intérprete.
El primer mexicano
Por: Federico Zertuche


Para: don Francisco de Iturbe

Como entidad sociológica, la nación mexicana se empezó a gestar y consolidar a la par del proceso de mestizaje entre indígenas y españoles: a la postre, México devino país fundamentalmente mestizo, no sólo étnica sino culturalmente, de tal manera tengo para mí que, simbólica y paradigmáticamente, el primer mexicano ha sido don Martín Cortés, hijo del conquistador don Hernán y de doña Marina –la Malinche o Malintzin-.

Creo que luego de casi cinco siglos es oportuno, pertinente y hasta justo recordar, tanto en México como en España, a Martín Cortés –el primero, pues como sabemos hubo un segundo hijo Martín, éste legítimo, nacido en Cuernavaca en 1532 de la segunda esposa de Cortés, doña Juana de Zúñiga, sucesor y futuro marqués del Valle de Oaxaca. El historiador José Luis Martínez llama al primero “el Viejo”, y al segundo, Martín a secas a fin de distinguirlos. También sabemos que el padre del conquistador se llamaba Martín (Cortés de Monroy), en cuyo honor y recuerdo Hernán nombra así a sus hijos.

Martín el Viejo nace en Coyoacán a principios de 1523, muy poco después del arribo a dicho pueblo de doña Catalina Xuárez, primera esposa de Hernán Cortés, quien al parecer era presa de celos por el amor que Cortés profesaba a Martín; le reprochaba al Capitán General la bastardía y el mestizaje del hijo varón que ella no pudo darle. Como comenta Martínez (1), hay quien sostiene que en uno de esos trances de celos y reproches, en un momento de exasperación, Cortés la estranguló.

Al año siguiente, (1524), Cortés se llevó a doña Marina a la expedición de Las Hibueras como lengua, y apenas iniciado el viaje, cerca de Orizaba, Cortés decide casarla con Juan Jaramillo, con quien doña Marina tuvo una hija, llamada María. El conquistador les da por dote los pueblos de Oluta y Jáltipan; poseían además una casa en la ciudad de México, en la calle de las Medinas, según relata Martínez (2). Malintzin muere, aún joven, en 1527.

Cortés tomó a su cargo la educación de Martín, y en 1529 parte con él a España. El 16 de abril de ese mismo año el papa Clemente VII envió a Cortés dos bulas, luego de recibir de éste “un rico presente de piedras ricas y joyas de oro, y dos indios maestros de jugar el palo con los pies” (3). Por la primera de esas bulas el papa legitima a tres de los hijos bastardos de Hernán: a Martín, a Luis de Altamirano, el hijo que tuvo con la española Antonia o Elvira de Altamirano, y a Catalina Pizarro, hija de Leonor Pizarro. La segunda bula concede a Cortés el patronato del Hospital de Jesús –que edifica él en la ciudad de México y al que otorgó especial cuidado y esmero- aún en pie y funcionando hoy en día, y lo autorizaba a recibir diezmos y primicias de las tierras que le pertenecieran (a lo que la corona se opondría, prohibiéndole a Cortés el uso de dicha exención).

Poco después el propio Carlos V concede legitimidad a Martín, y en 1531 el
Códice de Tlaxcala 1552.
emperador hace “merced del hábito de Santiago” a padre e hijo. Ser miembro entonces de ésta orden religiosa y militar así como de la de Calatrava, constituía muy alto honor. Ese mismo año don Martín es nombrado paje del príncipe de Asturias futuro Felipe II, con quien al parecer siempre mantuvo una buena relación. Más tarde Felipe II lo haría su gentihombre. Don Martín recibió esmerada educación humanística y militar en la corte.

En 1541 se alista junto con su padre en la expedición de Argel organizada por el rey Carlos I y emperador Carlos V. Primero en saltar en el desembarco, comienza a pelear teniendo el agua por las rodillas. Como resultado de su acción aislada, el resto de la tripulación de la barcaza de desembarco lo siguió antes de que estuviera preparada la artillería, y así se pudo montar con rapidez una cabeza de playa. En reconocimiento a su intrépida acción, el emperador lo nombró ahí mismo comendador ad vacum (en espera de que hubiese una encomienda libre).

Sobre la malograda expedición de Argel, es oportuno transcribir algunos pasajes de las memorias del propio emperador Carlos V:

“La flota de España acudió a su hora, y cuando, tras algunas escaramuzas, las tropas habían conseguido ya situarse en un lugar adecuado para asaltar la ciudad de Argel y se encontraban en orden de batalla, con todo lo necesario para iniciar el fuego de sus baterías, se levantó súbitamente tal tempestad en el mar que un gran número de navíos zozobraron y el ejército, que se encontraba ya en tierra, sufrió también grandes daños.

No obstante todos se ayudaron mutuamente y se restableció lo mejor posible el orden, para resistir tanto al furor del mar como a las incursiones y los ataques, por tierra, de los enemigos. Pero la tormenta alcanzó tal magnitud que el emperador juzgó lo más prudente desistir de la expedición y hacerse de nuevo a la mar. Aunque esta decisión no pudo llevarse a efecto inmediatamente, ya que te tempestad no había aún cesado. El emperador se vio, pues, obligado a cubrir por tierra veinte millas, franqueando dos grandes ríos antes de llegar a Cabo Matifou, donde pudo reembarcar.” (4)

En 1547 Martín Cortés figura como alférez en la batalla de Mühlberg, librada el 20 de abril contra los príncipes protestantes (luteranos), aliados en la Liga de Esmalcalda, en la que sale victorioso Carlos V. A decir de Farnand Braudel, esa gran batalla:

“…fijó de golpe el destino de Alemania y de Europa, y, por consecuencia, el del Mediterráneo. Fue para el emperador un gran triunfo, mayor incluso que el de Pavía. Alemania pasaba a ser suya, mientras que, hasta ahora, Carlos V casi nunca había contado con el apoyo regular del mundo alemán.

¿Qué dio, exactamente, al emperador aquella victoria del 24 de abril de 1547, entre las nieblas del Elba? Ante todo, un indiscutible éxito de prestigio, tan inesperada fue y tan rápida, que sorprendió al mismo vencedor. Y no porque la guerra estuviese, ni mucho menos, admirablemente preparada y dirigida. (…) los protestantes, divididos entre ellos y desconcertados en el primer momento por la traición de Mauricio de Sajonia, dejaron en manos del enemigo a sus jefes y a millares de hombres. Su retirada condujo al desastre. Carlos V viose libre de pronto de “lo que desde hacía quince años era su mayor tormento”: la Liga Esmalcalda protestante, rebelde a Roma y hostil a la voluntad del emperador.” (5)

Martín Cortés participará después en la batalla de San Quintín, donde parece que se cubrió de gloria puesto que Felipe II lo asciende a Trece de la Orden de Santiago (uno de los más altos cargos). Sobre esa batalla relata Braudel lo siguiente:


Supuesto retrato de Martín Cortes


“Sabido es cómo Coligny se deslizó subrepticiamente en la plaza, al día siguiente de su cerco por los españoles. El ejército que, al mando del condestable, se presenta delante de la ciudad para levantar el bloqueo es dispersado por el grueso del enemigo, el 10 de agosto, a lo largo del Somma. Sobreviene una gran matanza y los españoles hacen una enorme masa de prisioneros, entre los que figura le propio condestable. Felipe II, en la retaguardia de sus tropas, recibe de hora en hora las noticias de la victoria.” (6)

En 1565 es ya capitán, y acude en auxilio de una Malta asediada por los turcos. Gracias a esta acción, dirigida personalmente por el propio Felipe II, quien nombra a García de Toledo como general de la mar, se pudo frustrar exitosamente un plan largamente añorado y planeado por Solimán “el Magnífico” para apoderarse de la estratégica isla, y de ahí dominar el sur de Italia y amenazar directamente al papa.

En efecto, el 20 de marzo 1565 la mayor escuadra que surcara el Mediterráneo en aquellos tiempos –doscientas naves, casi todas galeras, y cincuenta mil soldados para el desembarco- se disponía a conquistar Malta. El capitán de la mar García de Toledo había coordinado perfectamente todos los recursos y ayudas de defensa, y la sorpresa turca falló por completo. Cuando la escuadra española, que había incorporado naves aliadas, se acercó a la isla, el jefe de los turcos ordenó inmediatamente la retirada a la isla de Chipre. Se socorrió a los caballeros de Malta y el Mediterráneo occidental quedó libres de las grandes incursiones enemigas.

Al dejar Malta, Martín era ya capitán de mar y de guerra. Había pasado a las órdenes de don Luis de Requeséns, almirante de la flota del Mediterráneo. Parece que Martín Cortés intima ahí con don Juan de Austria, quizá la condición de bastardo de ambos debió unirlos. Don Juan, como es sabido, era hijo natural de Carlos V, comandó la flota española en Lepanto junto Requeséns, donde don Miguel de Cervantes Saavedra resultó herido perdiendo el movimiento de su mano izquierda.

En 1566, a las órdenes del duque de Alba, va con el ejército por el Camino de los Españoles, en Lombardía, donde tuvo que rechazar un ataque de hugonotes precipitado por Enrique II de Francia.

En 1568 regresa la Nueva España, donde, junto a su medio hermano y tocayo, se ve envuelto involuntariamente en una real o supuesta conspiración para “alzarse con la tierra”, y tras cuya denuncia fueron ambos apresados por orden de la Audiencia, que gobernaba tras la muerte del virrey don Luis de Velasco. Se cuenta que don Martín fue torturado, también por instrucción de la Real Audiencia, y que al no obtenerse confesión fue desterrado a perpetuidad de la Nueva España, junto con su medio hermano. Cabe mencionar que aunque la Audiencia no tenía facultades para torturar, sometió a Martín al potro y a tragar “un cuartillo de agua” conforme iba estirándose el instrumento. Cuando le quitaron el camisón a Martín notaron varias cicatrices de heridas, y al preguntársele por la causa de las mismas don Martín se limitó a contestar que habían sido inflingidas “al servicio de su majestad”.





Retrato del conquistador, don Hernán Cortés


De regreso a España se reincorporó a su vida militar. Ambos hermanos fueron recibidos en audiencia por Felipe II, quien mostró claras diferencias en el trato a favor de don Martín el Viejo. Para estas fechas éste ya ostenta el grado de cabo de tercio (segundo en el mando de un tercio, regimiento de infantería que agrupaba a tres mil soldados divididos según tres armas diferentes: pica, arcabuz y espada). Luego fue a Flandes, comisionado por don Juan de Austria, con el objeto de reclutar y mandar a quinientos hombres, entre soldados veteranos y oficiales bien bragados, para enfrentar una sublevación de moriscos en Granada.

Ahí, en diciembre de 1569, a escasos diez días de haber llegado para luchar al lado de don Juan de Austria, parte en una incursión no lejos de la ciudad, y en un desfiladero que se iba haciendo cada vez más estrecho, cae mal herido por disparos de artillería pequeña, cuando protegía la retirada de sus hombres ante una emboscada morisca. Sus veteranos, tras obedecer la retirada escalonada que había ordenado Cortés, y al ver que su líder estaba tendido, hacen una carga descubierta para recogerlo. Martín Cortés fallece dos días más tarde en Granada. Tras su muerte, Felipe II otorgó a su viuda doña Bernardina de Porres, perteneciente a la nobleza media de Rioja, una pensión de cuatrocientos ducados.

Tal es en apretada síntesis un recuento de la vida de nuestro don Martín Cortés, que ventilo no sólo con el ánimo de difundir y reivindicar su genio y figura, sino fundamentalmente para estimular un merecido, acucioso y profundo estudio sobre este singular personaje a quien considero el “primer mexicano”, y que por cierto ha recibido muy poca atención tanto en México como en España. Vale.
 

Imagen: Lienzo de Tlaxcala (circa 1552). En la escena aparecen conversando Moctezuma y Cortés, mientras La Malinche participa como intérprete (lengua).

Notas bibliográficas

(1) Martínez, José Luis, Hernán Cortés, UNAM-FCE, México 1990, p. 406.
(2) Ibidem, p. 167.
(3) Ibid., p. 515.
(4) Carlos V, Memorias, en Carlos V de Salvador de Madariaga, Ediciones Grijalbo, Barcelona, 1981., pp. 193 y 194.
(5) Braudel, Fernand, El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, FCE, México 1976, volumen II, pp. 348 y 350.
(6) Ibidem, p. 391.

2 comentarios:

Federico Zertuche dijo...

Interesante conocer sobre los primeros mexicanos y, sobre todo, este tan emblemático por ser hijo de quien fue. Felicidades,
Antonio Medina

J. Vergara dijo...

Es interesante conocer la historia de los personajes que de alguna forma fueron hitos de nuestra América mestiza.