martes, 18 de octubre de 2011

Giacometti: innovador de la escultura del siglo XX


El arte enseña a mirar: a mirar el arte y a mirar con ojos más atentos al mundo. En los cuadros, en las esculturas, igual que en los libros, uno busca lo que está en ellos y también lo que está más allá, una iluminación acerca de sí mismo, una forma verdadera y pura de conocimiento.
Antonio Muñoz Molina.


 

Cuando Alberto Giacometti (Suiza, 1901-1966) es expulsado del grupo surrealista de André Breton, inicia una nueva búsqueda en sus procesos creativos que le lleva a una etapa de gran incertidumbre personal así como a la articulación de un nuevo lenguaje plástico que se materializa en sus figuras delgadísimas y alargadas (filiformes) que le fueron tan características. El hombre que camina es la obra cumbre de esa época.


El hombre que camina
Aunque desde antes ya era un artista consumado –su obra surrealista e incluso cubista así lo confirma-, a partir de entonces Giacometti adquiere su propio y peculiar lenguaje, un dominio magistral del mismo: más profundo, expresivo y significativo que refleja una obsesión por inventar nuevos modos de representación, utilizando para ello la máxima reducción de medios a partir de motivos tradicionales como el retrato, la naturaleza muerta, la figura humana y el paisaje. Igualmente, explora su convencimiento de la existencia de una realidad más allá de las apariencias –como evidencia su incursión en el surrealismo—, que además es percibida por el artista en constante proceso de transformación.


Giacometti nació en Borgonovo, Val Bregaglia, en Suiza, cerca de la frontera italiana, donde creció en un ambiente de artistas. Su padre, Giovanni Giacometti, había sido pintor impresionista, mientras que su padrino, Cuno Amiet, fue fauvista.




Hombre y mujer, 1927
Tras terminar la enseñanza secundaria, se trasladó a Ginebra para cursar estudios de pintura, dibujo y escultura en la Escuela de Bellas Artes y a París, en 1922, para estudiar en la Académie de la Grande Chaumière en Montparnasse bajo la tutela de un asociado de Rodin, el escultor Antoine Bourdelle. Fue allí donde Giacometti experimentó con el cubismo. Sin embargo, le atrajo más el movimiento surrealista y hacia 1927, después de que su hermano Diego se convirtiera en su ayudante, Alberto había empezado a mostrar sus primeras esculturas surrealistas en el Salón de las Tullerías. Poco tiempo después, ya era considerado uno de los escultores surrealistas más importantes de la época.


Hombre y mujer
Vivir en un barrio lleno de efervescencia creativa como Montparnasse, lo impulsó a asociarse con artistas como Joan Miró, Max Ernst y Pablo Picasso, además de escritores como Samuel Beckett, Jean-Paul Sartre, Paul Éluard y André Breton, para el que escribió y dibujó en su publicación Le surréalisme au Service de la Révolution. Entre 1935 y 1940, Giacometti concentró su escultura en la cabeza humana, centrándose principalmente en la mirada. Esto fue seguido por una nueva y exclusiva fase artística en la que sus estatuas comenzaron a estirarse, alargando sus extremidades. En esta época realizó una visita a España, a pesar de encontrarse en plena Guerra Civil.


La mujer cuchara
Durante la Segunda Guerra Mundial vivió en Ginebra, donde conoció a Annette Arm. En 1946 ambos regresaron a París, donde contrajeron matrimonio en 1949. El matrimonio pareció tener un buen efecto en él ya que le siguió el periodo probablemente más productivo de su carrera. Fue su mujer la que le brindó la oportunidad de estar constantemente en contacto con otro cuerpo humano. Otros modelos habían encontrado que el posar para él no era un trabajo fácil, pero Annette le ayudó enormemente, soportando pacientemente sesiones que durarían horas hasta que Giacometti lograse lo que buscaba.


Poco más tarde se organizó una exposición de su trabajo en la galería Maeght de París y en la galería Pierre Matisse de Nueva York, para cuyo catálogo su amigo Jean-Paul Sartre escribió la introducción. A principios de los años 50, el uso del bronce se había hecho económicamente accesible y Giacometti empezó a realizar sus trabajos en bronce. Perfeccionista, Giacometti estaba obsesionado con crear sus esculturas exactamente como las veía a través de su exclusivo punto de vista de la realidad.


The Chariot
En 1954 recibió el encargo de diseñar un medallón con la imagen de Henri Matisse, por lo que creó numerosos dibujos durante los últimos meses de vida del pintor. En 1962 recibió el gran premio de escultura en la Bienal de Venecia, lo que le llevó a convertirse en una celebridad internacional.


El 3 de febrero del año 2010, su escultura El hombre que camina ('L'Homme qui marche') fue subastada en Londres por 65 millones de libras (74,2 millones de euros, 104,3 millones de dólares), superando así el récord mundial de una obra de arte vendida en una subasta ese momento, según la casa que se ocupó de la puja: Sotheby's.


Pintor, escultor, dibujante, grabador, creador de objetos decorativos y escritor, Giacometti nunca cesó de explorar nuevos caminos artísticos. Su obra da cuenta de un mundo inquietante y maravilloso que refleja la coherencia de su posicionamiento estético.






Un capítulo importante en sus inicios artísticos es la aproximación escultórica que, tras su llegada a París en 1922, realiza al cubismo tardío en la segunda mitad de los años veinte y principios de los treinta, así como a los planteamientos propios del surrealismo, coincidiendo con los primeros contactos que realiza a partir de 1929 con Jean Cocteau y André Masson, y su incorporación en 1931 al grupo de André Breton.

Mujer con la garganta cortada
La década de los años treinta es el periodo en el que Giacometti se dedica a las artes aplicadas con la creación y producción de mobiliario y objetos decorativos. Esta actividad impulsa la continuación de su carrera experimental y la investigación escultórica de una nueva idea de lugar. El artista se plantea hasta qué punto el arte convencional da la visión más fiable de la realidad y se centra en explorar los géneros tradicionales para reescribirlos, contribuyendo de un modo único a la historia del arte del siglo XX.



Es a partir de la segunda mitad de los años treinta, tras ser expulsado del grupo surrealista, cuando su interés se focaliza en la relación figura-pedestal, en la expresión del carácter arquitectónico y espacial orientada a subrayar la obra como el núcleo que facilita la experiencia de un lugar. En este sentido, uno de los aspectos más innovadores es la introducción que hace del movimiento en la obra plástica.




A partir de 1946 crea las esculturas de figuras filiformes y alargadas en bronce que habitan un espacio. Se complementan con un conjunto de óleos en los que los protagonistas se representan desprovistos de subjetividad para adquirir intensidad y luminosidad objetivas. Para Giacometti, la escultura tiene interés en la medida en que le facilita la visión que tiene del mundo exterior. Su proceso creativo concluye con la impresionante figura de El Hombre que camina I que realizó en los años sesenta y que es la culminación a una trayectoria artística y vital de absoluta dedicación a su obra.




Testimonios:


“…No creo que todos los que practican la abstracción lo hagan porque les resulte imposible representar la realidad…, se dan cuenta de que eso ya se hizo y que la visión del mundo está agotada…y dicen: si hago un árbol trivial igual que han hecho otros. ¡Pero lo que me sorprende es que se imaginen que sólo les podrá salir algo banal! Para mí la realidad queda tan virgen como la primera vez que se intentó representarla. Todas las representaciones que se han hecho hasta ahora del mundo han sido meramente parciales”.
A. Giacometti


“A mí lo que ahora me gustaría es hablar de las cosas que aún me quedan”.
Samuel Beckett


“Cuando observo el vaso sobre la mesa, delante de mí, su color, su forma, su claridad, capto en cada mirada un pequeño detalle, difícil de analizar…Cada vez, cuando miro, el vaso parece haberse completado de nuevo en una totalidad. Su realidad se vuelve dudosa, porque su proyección en mi cerebro es dudosa, o al menos fragmentaria. Se ve como si desapareciera…y apareciera de nuevo…desaparecido…y aparecido de nuevo…es decir, que se encuentra verdaderamente entre el ser y el no-ser. Y eso es lo que quiero copiar”.
A. Giacometti


El palacio a las 4:00 A.M.
“Balthus se convirtió muy pronto, y así permaneció, en el artista al que más unido estaba Alberto, tanto por amistad, como por un compromiso mutuo de fines estéticos opuestos al gusto del momento. Y sin embargo ambos eran muy diferentes como artistas, y muy, muy distintos como personas. Alberto se había vuelto hacia el arte del pasado con el fin de encontrar un camino hacia el futuro, mientras que Balthus estaba inmerso en el pasado para sí mismo”.
James Lord


“Podría pasar el resto de mi vida simplemente dibujando dos sillas y una mesa. En el fondo debería abandonar el pintar, el modelar, las cabezas y todo, y limitarme a estar sentado en una habitación delante de la misma mesa, con el mismo mantel y en la misma silla, y no hacer nada más que eso. Y sé de antemano que cuanto más lo intentara, más difícil se volvería”.
A. Giacometti


“El dibujo y la goma de borrar se completan en Alberto Giacometti de modo distinto al de casi todos los demás dibujantes. Dibuja con el lápiz, y pinta con la goma. No se puede decir que trabaje con la goma para corregir el dibujo. (…) Con la goma trabaja el rostro y el cuerpo de las personas: los brazos y las manos, los cuerpos de sus desnudos, los pechos, caderas y muslos. (…) No sólo mide las distancias en un rostro con la mirada, sino que también las trasplanta al dibujo: no solo con líneas horizontales y verticales, también con líneas que van en todas direcciones, a menudo más allá de la meta”.
Gotthard Jedlicka


“Hubo una época en la que, cuando andaba por la calle, tenía que asegurarse de la solidez de los muros de las casas con las manos para resistir al abismo que se había abierto a su lado. A veces también tenía la impresión de que nada tenía peso: en las calles, en las plazas, la gente flotaba en el aire”.
Simone Beauvoir



Giacometti cruzando una calle parisina
Foto de Henri Cartier-Bresson
 “Todas las cosas…cerca lejos, todas las que han pasado y las futuras, que se mueven y mis amigas –cambian (pasamos cerca de ellas, están lejos), otras se acercan, suben, descienden, los patos en el agua, aquí y allá, en el espacio, suben y bajan- duermo aquí, las flores de la tapicería, el agua del grifo mal cerrado, los dibujos de la cortina, mi pantalón sobre la silla, hablan en una habitación lejana; dos o tres personas, ¿de qué estación?. El pitido de las locomotoras, no hay estación aquí, tiran peladuras de naranja desde lo alto de la terraza, en la calle muy estrecha y profunda, la noche, los mulos rebuznando desesperadamente, amanecía, les pegaban -mañana salgo- ella acerca su cabeza a mi oreja -su pierna, la grande- hablan, se mueven, aquí y allá, pero todo ha pasado”.
A. Giacometti ( Objets mobiles et muets)


“La escultura griega está ciega. La escultura egipcia, que no obstante colocó muy alto, no ha sabido escapar a la imitación del ojo. Por el contrario, los artistas africanos y de Oceanía no se han preocupado de reproducir el ojo. Lo que han esculpido es la mirada, y su estatuaria se ha convertido en el soporte de esta exigencia. El realismo de su arte está por entero en este acto creador, pues sólo la mirada da a la escultura su significación en el espacio”.
A. Giacometti


“Cuanto más miro al modelo el muro entre su realidad y la mía se hace más grande”.
A. Giacometti










Una escultura de Giacometti bate el récord mundial en obras de arte subastadas


Un comprador paga 74,1 millones de euros por 'L'homme qui marche I'
EL PAÍS / AGENCIAS - Madrid - 03/02/2010


La escultura del artista Giacometti L'homme qui marche I (El hombre que camina I) ha batido el récord mundial del precio pagado por una obra de arte subastada. Un comprador ha desembolsado 65.001.250 libras (alrededor de 74 millones de euros) por la pieza, según aparece en la página web de la casa de subastas.


Era la primera vez en 20 años que se subastaba una de las obras de la serie a la que pertenece la escultura, una de las más icónicas del artista suizo. Con 198 centímetros de altura, representa el punto culminante de su experimentación con la figura humana y pertenece a su etapa de madurez. Debía ser parte de un proyecto público que se le encargó para la plaza Chase Manhattan de Nueva York, pero al darse cuenta de que tardaría muchos años en llevar a cabo el proyecto, Giacometti terminó abandonándolo.


La obra pertenecía al banco alemán Commerzbank AG, que obtuvo la pieza cuando adquirió Dresdner Bank en 2009, que la tenía desde 1980. El dinero obtenido con la venta se destinará a las fundaciones del Commerzbank y a algunos museos.


Antecedentes
El pasado 9 de noviembre, en Sotheby's de Nueva York, otra obra de Giacometti, titulada L'homme qui chavire, se adjudicó por 19,3 millones de dólares (cerca de 14 millones de euros), muy por encima del precio estimado, que era de entre 8 y 12 millones de dólares.


El antecedente de este récord es un cuadro de Pablo Piccasso, Garçon á la pipe, vendido por 58 millones de libras (66 millones de euros) en la sede de Sotheby's de Nueva York en mayo de 2004. Otro de los récords lo marcó Cabeza de una musa, un boceto de Rafael que fue adjudicado el pasado mes de diciembre por 26 millones de libras (unos 28,8 millones de euros). Fue la mayor cantidad pagada en una puja por el dibujo de un clásico. En aquella misma subasta, celebrada en la sede de Christie's en Londres, se vendió también Retrato de un hombre, de Rembrandt, por 20,2 millones de libras (22,37 millones de euros), cifra que batió el récord del artista holandés, que se situaba en 19,8 millones de libras.


En la subasta de este miércoles se vendió además un cuadro de Henri Matisse, Femme couchée, que se adjudicó por 4,4 millones de libras (cinco millones de euros), dentro del precio estimado.










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